“Es grande el gusto que encierra voz de libertad”. (Miguel de Cervantes. Los baños de Argel) …Y por ello, añado por mi cuenta, hay que tener extremo cuidado con aquellos a los que se les llena la boca invocándola. De hecho, desde Platón y Aristóteles y Tucídides, se nos previene contra quienes utilizan la libertad como un simple argumento torticero de quienes no creen en ella. Otra cosa son aquellos que, abiertamente, manifiestan su desprecio por la libertad bien de manera absoluta, bien tratando de rebajar su valor, mezclándola con otras cosas de rango moral inferior o nulo.
Los liberales profesos, aquellos que no admiten que les pongan prefijos (neo, ultra), a los que, por lo mismo, les molestan los apellidos (austriaco, smithsoniano, hayekiano ) tienen la libertad en la cumbre de la pirámide de la esencia humana, de los valores humanos, sin sentir desprecio por cualquier otra opción, sino, asistidos de paciencia y ganas de debatir sobre ideales y sobre preferencias. Los debates con quienes no creen en la libertad como valor más elevado, son relativamente cómodos. Se discute y si no hay acuerdo, cada uno para su casa, sin melancolía.
Lo peor es cuando el debate se cruza con aquellos que diciéndose liberales, no dan ejemplo de serlo en su praxis política, económica o simple (complejamente) vital. Ahí encallan todos los argumentos y emerge la melancolía. Y les confieso que en esa encrucijada me encuentro yo con frecuencia. Sin ir más lejos, con el gobierno de la Comunidad de Madrid, que ha enarbolado la libertad como lo que no es, un arma arrojadiza, durante la campaña electoral reciente.
La disrupción que supone la ligazón de la libertad al apellido de una candidata es profundamente iliberal, en tanto que secuestra al adversario aquella porción de libertad en la que pueda creer o defender. La liberveza, hija putativa de libertad adulterada y caña de cerveza es un invento de muy mal gusto de los publicistas de la señora Ayuso, que han querido elevar el brebaje a la categoría moral de la libertad. Resulta indecente, aunque se quiera disculpar con que en las campañas electorales se dicen muchas torpezas y muchas tonterías.
Pero es más profundo que un rifirrafe electoral. Se trata de que la praxis política y económica de la señora Ayuso puede ser cualquier cosa, menos liberal, por mucho que sus consejeros pregonen lo contrario. Vamos a un asunto concreto de este minuto para explicarlo. Con motivo de la inauguración de la Fitur, la Comunidad de Madrid anuncia la creación de un bono turístico, mediante el cual los visitantes españoles a Madrid disfrutarán de un bono de 600 euros, que les pagaremos los contribuyentes madrileños. Ejemplar. Los empresarios del sector descontarán a sus clientes el 50 por ciento de sus servicios y recibirán un cheque del gobierno de la Comunidad por el mismo importe que haya descontado, con cargo a los presupuestos.
Confío en que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y, antes o después, la propia Comisaría Europea de la Competencia paren este dislate.
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