
(I-D) El presidente de CEOE, Antonio Garamendi; el líder de UGT, Pepe Álvarez; la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz; el presidente de Cepyme, Gerardo Cuevas; y el líder de CCOO, Unai Sordo,
Nadie duda que los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) se prolongarán hasta el fin del verano. La cuestión es qué empresas se verán más beneficiadas por la exención de cuotas; si las que reincorporen más trabajadores al tajo, como desea el Gobierno; o aquellas que mantengan a sus plantillas con el empleo, total o parcialmente, hibernado.
La prórroga de los ERTE se le ha complicado al Gobierno; o mejor, a una parte del Gobierno, la que representa el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, empeñado en aprobar un esquema de exoneración de cuotas que disgusta profundamente, tanto a los empresarios, como a los sindicatos.
Así, el tira y afloja de ofertas y contraofertas se cerró hoy martes con una nueva negativa de la patronal, apenas 12 horas después de que los patrones rechazaran ayer lunes por la tarde la propuesta de Escrivá, y expresado hoy martes con un rotundo no por parte de la cúpula de CEOE reunida para la ocasión.
Y a pesar de ello, la continuidad de los ERTE, levantados en marzo como escudo para proteger el empleo de la destrucción de la pandemia, no corre peligro, tal y como consignan los negociadores; entre ellos, Unai Sordo, el líder de Comisiones Obreras (CCOO), quien tras recibir hoy el encargo de la cúpula de su organización para seguir negociando, dio este martes por segura la prórroga de los expedientes a partir del próximo lunes, con acuerdo o sin él.
UGT se desmarca de un pacto sin CEOE
Pero la jornada nos deja también una reacción poco frecuente, como la negativa de UGT, el otro sindicato que se sienta a la mesa de negociación, a firmar un acuerdo que excluya a CEOE, tal y como expresó hoy martes la vicesecretaria general, Cristina Antoñanzas, quien, tras tildar de “inaceptable” la postura del Ejecutivo, ratificó la necesidad de que los patrones rubriquen la prórroga.
Nadie duda de que habrá prórroga. Pero nadie sabe qué diseño adoptarán los ERTE a partir del próximo martes, cuando vence el plazo de la anterior prórroga, y se da fin al esquema actual, que concede exoneración de cuotas de hasta el 85% en sectores ultraprotegidos, y hasta el 100% en sectores de actividades proscritas; o un nuevo esquema, quizás con menores ventajas a las empresas más perjudicadas por la crisis.
El modelo de exoneraciones actual caduca el próximo lunes, aquel que fija tres tipos de ERTE, en función de la situación de la empresa afectadas, y diferentes ahorros en el pago de cuotas.
Así, el modelo actual, en los sectores ultraprotegidos, la norma exonera del pago de cuotas, no solo a estas actividades establecidas en un listado, sino también a las que formen parte de su cadena de valor, con rebajas del 85% para empresas pequeñas (menos de 50 empleados) y del 75% para las grandes.
Por otro lado, los ERTE por impedimento de actividad conceden exoneraciones del 100% a las empresas pequeñas que hayan tenido que interrumpir su labor por culpa de las limitaciones gubernamentales derivadas de la lucha contra la pandemia, y del 90% al resto de empresas (más de 50 trabajadores).
Finalmente, los ERTE de limitación de actividad, por idénticos motivos, aunque menos drásticos, por ejemplo, limitaciones de horarios, aforos, etcétera, otorgan exoneraciones decrecientes, que fueron, en el caso de las empresas pequeñas, del 100% en febrero, del 90% en marzo, del 85% en abril, y del 80% en mayo; y, en el caso de las empresas más grandes, del 90%, del 80%, del 75%, y del 70%, en los citados y respectivos meses.
El polémico modelo Escrivá
Sin embargo, el ministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, quiere implantar ahora un esquema similar al que ya se usó al finalizar el Gran Confinamiento, el año pasado, cuando gozaron de mayor exoneración las empresas que sacaron trabajadores del ERTE, y menoress aquellas que continuaban con parte de la plantilla en el dique seco.
Escrivá aboga por este sistema porque está convencido de que fue lo que permitió reincorporar rápidamente a la actividad a los trabajadores, a finalizar el encierro, desde el pico de 3,6 millones en el momento culminante de la crisis, hasta los 580.000 actuales.
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