El 89,3% de las aseguradoras aplican criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) a la hora de configurar sus carteras de inversión, y el 70% cree que hay suficientes activos que cumplen con esos requisitos, según el informe ‘Inversiones de las entidades aseguradoras: Retos post Covid-19’ elaborado por Icea y Amundi.
La crisis derivada de la pandemia ha hecho que dos de cada diez entidades hayan decidido acelerar la incorporación de activos con criterios ASG en la cartera. Ninguna aseguradora se ha planteado paralizar o reducir la inversión en este tipo de activos.
No obstante, el 60% de las aseguradoras opinan que es necesaria una taxonomía más clara para garantizar que los activos elegidos responden a los criterios ASG y a las necesidades de la entidad y evitar el ‘greenwashing’, el falso compromiso sostenible.
Otro de los efectos de la pandemia en las aseguradoras es la «modificación estructural» que se ha visto obligado a hacer el 29,3% al incrementar los niveles de liquidez y aumentar la exposición a renta fija corporativa y renta variable.
Dos de cada tres entidades han adoptado medidas de prevención y/o intensificado los mecanismos de control sobre las inversiones para estar mejor preparados para afrontar nuevas crisis.
Amundi pronostica más crecimiento en el segundo semestre
Amundi espera que el crecimiento económico se acelere en la segunda mitad de 2021, gracias al elevado ahorro extra de los hogares y la demanda contenida por la pandemia, que impulsará el consumo.
«La recuperación económica se encuentra estrechamente vinculada a la reapertura de las economías, y en concreto, a la campaña de vacunación, que resulta decisiva y marcará el ritmo de salida de la recesión», argumenta el director de Inversiones de Amundi Iberia, Víctor de la Morena.
Entre los principales riesgos, las tensiones geopolíticas, el exceso de confianza, las expectativas de inflación, los impagos de empresas, y errores de política fiscal o monetaria.
Para el miembro del área de Investigación de ICEA, Miguel Ángel Rodríguez, el factor estructural más determinante en los bajos tipos de interés actuales es el envejecimiento de la población. «Este fenómeno demográfico se traduce en una reducción del crecimiento del PIB potencial, derivado de la pérdida de fuerza laboral y de productividad asociada a la edad. En consecuencia y, previsiblemente, el periodo de bajos tipos de interés pasará cuando la demografía se recupere», vaticina.
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