Victoria del conservador Raisi en las elecciones presidenciales de Irán

19/06/2021

diarioabierto.es. El clérigo ultraconservador Ebrahim Raisi ha sido el claro ganador de las elecciones presidenciales iraníes celebradas este viernes con más de 17,9 millones de votos, más del 61 por ciento de los votos emitidos, según los resultados definitivos publicados por el ministro del Interior iraní, Abdolreza Rahmani-Fazli.

El presidente saliente de Irán, Hasán Rohani, y el presidente electo, Ebrahim Raisi

En concreto, Raisi se ha hecho con más de 17,9 millones de los 28,9 millones de votos emitidos, muy por delante de su rival más cercano, Mohsen Rezaei, que ha conseguido 3,4 millones de votos, informa la televisión pública iraní Press TV.

Más atrás queda Abdolnaser Hemati, con 2,4 millones, y Amirhosein Qazizadé Hashemi, que habría recibido casi un millón de papeletas, sgeún las cifras oficiales. La participación ha sido del 48,8 por ciento.

El presidente saliente, Hasán Rohani, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad-Baqer Qalibaf, han visitado ya la sede de campaña de Raisi para felicitar al candidato por su victoria. Tras ello han comparecido en rueda de prensa.

Rohani ha agradecido a los participantes en el proceso electoral y ha manifestado su disposición a colaborar para facilitar la transición. Qalibaf, por su parte, ha expresado la disposición del Parlamento a colaborar con el presidente electo.

En respuesta, Raisi, ha indicado que intentará resolver los problemas del país, en particular los que más afectan a la vida diaria de la población. Para ello, consultará con la administración saliente, el Parlamento y las élites.

También el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha felicitado al pueblo iraní por esta «gran victoria». «Vuestra entusiasta y épica participación es otra brillante página de vuestros honores», ha destacado.

«La ganadora de las elecciones de ayer es la nación iraní. Se ha alzado ante la propaganda de los medios mercenarios del enemigo que apela al débil de mente», ha añadido. «Ni las dificultades económicas, ni la angustia de la amenaza de la COVID-19, ni los intentos de la oposición de desanimar a la gente lanzados hace meses ni las interrupciones de las primeras horas de las elecciones han superado la determinación de la nación iraní», ha subrayado.

Raisi, quien ha pasado la mayor parte de su carrera en el aparato judicial, llegó a convertirse en custodio de la fundación religiosa Astan Quds Razavi, la más grande en el mundo islámico, lo que le hace acumular un gran poder y figurar incluso como principal favorito a suceder al gran ayatolá Jamenei al frente del país.

El clérigo, quien fue derrotado por Rohani en 2017, fue nombrado en 2019 como jefe del aparato judicial y poco después fue designado como vicepresidente de la Asamblea de Expertos, lo que le permitió aumentar su influencia.

El Gobierno iraní vuelve a la senda del ultraconservadurismo

La victoria de Ebrahim Raisi en las presidenciales de Irán rompe con ocho años de cierto reformismo abanderado por su predecesor, Hasán Rohani, y representa el retorno a la Jefatura del Gobierno de la ‘línea dura’ representada por el estamento clerical del país.

Raisi, de 60 años de edad, culmina por ahora una carrera absolutamente entroncada con la Revolución Islámica de 1979 entre los rumores de que podría suceder algún día al propio Jamenei como máximo responsable de los destinos del país.

El clérigo aparece ante la luz pública como un hombre dotado de un inmenso patrimonio y estrechamente relacionado tanto con el poder religioso como con su brazo militar, la Guardia Revolucionaria, que ahora se presenta ante el escrutinio de la comunidad internacional en un momento clave de las conversaciones nucleares, y con una losa sobre su pasado: las acusaciones sobre su participación en el exterminio de miles de opositores a finales de los años 80.

De hecho, el propio Rohani, quien le derrotó en las elecciones de 2017, le dedicó a este respecto una velada crítica durante la campaña: «El pueblo no se fía de quien lleva ahorcando a gente desde hace 38 años».

Raisi lleva la religión en la sangre desde su nacimiento en una familia de clérigos en la ciudad de Mashhad. Educado en Qom, se le conoce como un hojatoleslam, o «autoridad en el Islam», aunque algunos medios de comunicación se refieren a él directamente con el título de ayatolá. Su carrera judicial comenzó como fiscal general de Karaj; cargo que desempeñó con solo 20 años de edad, antes de trasladarse a la capital Teherán, en 1985, donde fue nombrado fiscal adjunto y más tarde fiscal jefe.

Es en esta época donde se le relaciona con el incidente más sórdido de su carrera: su presencia en el llamado «comité de la muerte», un grupo de funcionarios acusado de asesinatos extrajudiciales, torturas y desapariciones forzadas contra, según las estimaciones de Amnistía Internacional, unos 5.000 disidentes en las cárceles de Evin y Gohardasht, cerca de Teherán, en julio de 1988, cuando ejercía como fiscal adjunto de la capital.

Las ejecuciones fueron efectuadas a raíz de un edicto secreto emitido por el entonces gran líder de la revolución islámica, el ayatolá Jomeini, tras una incursión armada en Irán por parte de la Organización Popular Mojahedin de Irán (PMOI), un grupo de oposición con sede en Irak e ilegalizado por las autoridades iraníes, según el informe publicado por Amnistía en 2018.

Raisi jamás ha abordado esta etapa de su vida ni tampoco otros actos profundamente cuestionados por las ONG durante su ascenso en el escalafón judicial de Irán, que acabó encabezando en 2019. Ese mismo año, Estados Unidos le aplicó una sanción por delitos contra los Derechos Humanos, concretamente por «su supervisión administrativa sobre las ejecuciones de las personas que eran menores en el momento de cometer el delito y la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes de los presos en Irán, incluidas las amputaciones», contra los condenados por los disturbios durante las manifestaciones de 2009.

Para entonces, ya había cimentado su influencia económica y religiosa como custodio de la fundación religiosa Astan Quds Razavi, la más grande en el mundo islámico, antes de ejercer también como vicepresidente de la Asamblea de Expertos.

Durante su estancia en la Judicatura, Raisi ha liderado una iniciativa anticorrupción de la que ha hecho bandera durante la campaña, junto a su deseo de «perseguir la justicia en el país». Raisi ha prometido crear un «gobierno popular» y un «Irán fuerte», al tiempo que ha destacado sus orígenes humildes. «He probado la pobreza, no sólo he oído hablar de ella», según uno de sus carteles de su campaña.

Incógnita nuclear

Queda por ver el comportamiento de Raisi sobre las conversaciones nucleares que se están desarrollando en Viena para lograr la plena reactivación el histórico acuerdo nuclear firmado por Irán y la comunidad internacional en 2015, y que ahora pasa por un momento crítico tras la retirada de Estados Unidos tres años después, y la reimposición de las sanciones contra Teherán.

En un nuevo escenario dominado por la aparición de la nueva Casa Blanca que lidera Joe Biden — quien esta semana ha protagonizado una reunión en tonos conciliadores con el presidente ruso y gran aliado iraní, Vladimir Putin — Raisi ha asegurado durante la campaña que respaldará las negociaciones, aunque para él no serán un tema prioritario.

Según declaraciones recogidas por la agencia oficial de noticias IRNA, el portavoz de campaña de Raisi, Alireza Afshar, aseguró la semana pasada que el entonces candidato cree en la necesidad de continuar con estas conversaciones, si bien las entiende como «una cuestión marginal que no debe ir asociada a los problemas que atraviesa el país o a otros asuntos del estado».

No obstante, Raisi «actuará en el marco de las políticas del sistema y lo previsto en las políticas exteriores, con un énfasis en la diplomacia».

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