Los Gobiernos están adoptando medidas para que los suministros que emplean sus infraestructuras procedan de energías limpias. Como explica Jim Lydotes, gestor del BNY Mellon Global Infrastructure Income Fund, esto podría tener consecuencias positivas tanto para la economía como para la sociedad.
Las empresas de suministros públicos o utilities, que proveen servicios esenciales como la electricidad, el agua y el gas a hogares y empresas, han dependido tradicionalmente de los combustibles fósiles. Mientras que las energías limpias han sido ampliamente adoptadas en el transporte, como demuestra la proliferación de los coches eléctricos, la transición está siendo más lenta en el sector de los suministros públicos. Sin embargo, y a diferencia de otros sectores que sufrieron recortes durante la pandemia, las utilities es uno de los sectores en los que el gasto se ha acelerado.
«Aunque muchas cosas se han parado, el gasto en infraestructuras más sostenibles no se ha frenado en absoluto», explica Lydotes. «De hecho, el año pasado, la generación de energía a partir de fuentes renovables superó por primera vez en la historia la de los combustibles fósiles en Reino Unido», añade.
El 42% de la electricidad que se generó en 2020 en Reino Unido procedía de fuentes renovables como el viento, el sol, el agua o la madera, frente al 41% en el caso del gas y el carbón. Pese a la escasa diferencia, Lydotes lo considera un paso importante en la buena dirección. En EE. UU., por el contrario, las fuentes de energía renovable solo generaron el 20% de la electricidad en el mismo periodo, aunque, al igual que ocurre en Reino Unido y en toda Europa, es probable que la transición energética se acelere en EE. UU. gracias al renovado impulso gubernamental.
El plan de infraestructuras que presentó el presidente Biden en marzo de este año establece que las empresas de suministros públicos empleen una determinada cantidad de energía solar y eólica, entre otras fuentes de energía renovable. Este mandato, denominado Energy and Clean Electricity Standard, podría incluso contribuir a potenciar la creación de empleo, ya que, a medida que las empresas de suministros modernicen sus redes para incluir más capacidad renovable, las fuentes de energía limpias requerirán un mayor desarrollo y mantenimiento. Para ello, Biden planea asignar 10.000 millones$ a un servicio civil medioambiental (Civilian Climate Corps) que emplearía a jóvenes en proyectos de conservación y recuperación de suelos y aguas públicos, así como de reforestación, entre otras iniciativas.
Si Europa nos sirve como ejemplo de lo que podría venir en el futuro, Lydotes cree que el mejor escenario sería que EE. UU. siguiese los pasos de Italia y España.
Hitos mediterráneos
Como explica el gestor, «mientras los Gobiernos de todo el mundo están intentando acelerar la transición energética, el Sur de Europa les lleva ventaja. Italia y España ya estaban muy comprometidas con el desarrollo de las energías renovables antes del COVID-19 y, de hecho, estos compromisos se han reforzado durante la pandemia».
Por ejemplo, una importante empresa de suministros públicos con sede en Milán destinará 19.500 millones$ a reducir su huella de carbono de aquí a 2030. En ese tiempo, la empresa planea triplicar su capacidad renovable hasta los 5,7 gigavatios y abandonar sus plantas de carbón en 2022, tres años antes del objetivo nacional adoptado por Italia.4 El país transalpino se ha propuesto que, en 2030, el 30% del consumo total de energía y el 55% del consumo eléctrico procedan de fuentes renovables.5
En España, donde el 43,6% de la electricidad generada en 2020 procedía de fuentes renovables, una de las principales empresas de suministros públicos ha anunciado que invertirá 91.000 millones$ de aquí a 2025 para triplicar su capacidad renovable. Además, el pasado mes de octubre el Gobierno español presentó un proyecto de ley que plantea que, en 2030, el 70% de la energía generada en el país proceda de fuentes renovables, un objetivo aún más ambicioso que el de Italia.
«Anticipamos que, en los próximos cinco años, las energías renovables crecerán el equivalente a diez años de desarrollo», asegura Lydotes. «Y la mejor forma de aprovechar esta tendencia será a través de las empresas de suministros del mercado regulado italiano y español, que probablemente registrarán tasas de crecimiento desconocidas en los últimos veinte años».
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