Para aquellos que piensen que invertir es una tarea sencilla, lo primero que nos gustaría decirles es… que se equivocan. Es cierto que en la actualidad las nuevas tecnologías y la sofisticación pueden ser muchas veces una ayuda para los inversores, pero no siempre es así.
Una de las grandes dificultades con las que un inversor se encuentra es precisamente el hecho de tener que lidiar en ocasiones con un exceso de información. Nos hemos ido en cierto modo al extremo opuesto al que veíamos hace algunos años, donde el problema era precisamente el contrario: la información financiera parecía coto privado de unos pocos, era complicado acceder simplemente a cotizaciones en tiempo real, por no hablar de la posibilidad de conseguir valoraciones de compañías, informes, noticias, ….
Pero con Internet esto cambia radicalmente: ¿Cuántas publicaciones económicas podríamos llegar a contar? ¿Y páginas webs informativas? ¿Cuántos nuevos productos han aparecido en los últimos años para ponerse al servicio del inversor? Hoy no tenemos problemas para acceder a cotizaciones en tiempo real no solo en España sino en el resto del mundo, podemos ver cómo cotizan los futuros antes de que abra la bolsa y esto nos permite predecir lo que pasará en la sesión; tenemos herramientas de análisis técnico, sistemas automatizados para crear estrategias, productos apalancados, otros que nos permiten apostar por la caída de los índices o de una acción en concreto,…. En resumen, mucha información, muchas herramientas, que es importante dosificar. No sólo es importante ofrecer a los inversores muchos datos o darles acceso a las más potentes herramientas: hay que enseñarles a utilizarlos y esto es un auténtico reto.
Otro reto tiene que ver con el anterior. La información a través de los medios actuales viaja a una gran rapidez, y eso a veces es bueno, y a veces no tanto. No es bueno cuando la información no es correcta o cuando se transmite con la intención de crear confusión. Y el ejemplo más reciente lo pudimos ver a finales de septiembre con la aparición del falso asesor de bolsa Rastani, cuyas polémicas declaraciones en la BBC tardaron pocas horas en dar la vuelta al mundo. En esta ocasión, prácticamente no tuvo repercusión en los mercados, pero no debemos olvidar a tenor de lo ocurrido que a veces parece relativamente sencillo ponernos al frente de una cámara y decirle al mundo que en menos de 12 meses cientos de inversores perderán sus ahorros. Si para un inversor profesional puede ser complicado saber a veces que la información que está viendo o leyendo no es buena, imaginemos lo que esto supone para ojos u oídos inexpertos. Aprender a manejar masas ingentes de información, y saber discriminar cuál es buena y cuál no constituyen dos importantes retos para el inversor actual.
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