Cesce presenta su Panorama Internacional 2021, elaborado por el equipo de analistas de la Unidad de Riesgo País, que pone el foco en las consecuencias del excesivo endeudamiento mundial, el rol de la UE, la creciente influencia de Turquía en el Mediterráneo oriental y norte de África, el papel de EE.UU. y el indiscutible liderazgo de China.
El presidente de CESCE, Fernando Salazar, resalta “la importante capacidad de análisis que tiene la Unidad de Riesgo País”, invitando a empresas e inversores a “consultar el mapa de riesgos actuales y los informes Cesce sobre política de coberturas, disponibles en la web oficial”.
Ricardo Santamaría, director de Riesgo País y Gestión de Deuda de CESCE, destaca que “en un único documento tenemos sintetizada muchísima información relevante sobre un mundo que ya se ha convertido en un entorno multipolar con muchos actores”.
María José Chaguaceda, analista de Riesgo País de Cesce, resalta que la cuarta ola de la pandemia se ha visto “agravada por la necesaria respuesta fiscal para frenarla”, porque “después de la enfermedad llega la deuda” y “ése es, precisamente, uno de los principales riesgos actuales desde el punto de vista macroeconómico”. “Es una deuda sin precedentes, global, muy centrada en mercados emergentes y en desarrollo, y con un mayor porcentaje de deuda corporativa”, subraya.
Chaguaceda avisa que “China se está convirtiendo en el principal acreedor multilateral en el mundo, que la pandemia deja un mundo más endeudado, que habrá una progresiva reestructuración de la deuda de los países más vulnerables y que se registrará un incremento de las tensiones sociales”, por lo que resultará crucial la coordinación de las políticas internacionales para abordar los problemas de endeudamiento.
Los países de la UE «llevan una década prácticamente en crisis”, razona la analista de Cesce, Lucía Bonet. Aunque los fondos Next Generation EU suponen “un salto en la construcción de la UE”, Europa «debe recuperar su autonomía estratégica, no solo en el plano comercial sino también en defensa e inversión, y trabajar para superar las fracturas entre el norte y el sur de la Unión, las deficiencias en la arquitectura comunitaria y la dependencia tecnológica externa”.
Turquía y su “neo-otomanismo” le ha convertido en un país activo en África, Oriente Medio y el Mediterráneo oriental, con una actitud intimidatoria que está tensionando las relaciones con Estados Unidos y con la Unión Europea. Según el analista Pablo Arjona, “la economía y la geopolítica son dos caras de la misma moneda y, probablemente, Turquía seguirá marcando la agenda política porque las disputas no se han resuelto, Erdogan sigue imponiendo su estrategia y el país seguirá retando a las potencias regionales y occidentales”.
Juan Luis Portillo señala que en los conflictos de Oriente Medio, con el respaldo incondicional de EEUU a Israel, su “vista gorda” hacia los comportamientos no democráticos de los dirigentes de las monarquías del Golfo y la confrontación con el régimen iraní, se está observando ya un mayor peso de la diplomacia y una política encaminada a reducir la tensión en esta “zona caliente”. Como ha señalado el analista Juan Luis Portillo, EE.UU. deberá apostar por esa vía diplomática para rebajar tensiones.
Sobre China, el analista Rafael Loring cree que “asistimos a una Guerra Fría 2.0, marcada por la enorme interrelación que existe entre las economías china y americana, condenadas a entenderse”. El enfrentamiento tecnológico, militar y comercial entre China y EE.UU., el papel de Hong Kong y Taiwan, el viraje de China hacia una actitud nacionalista y, en ocasiones, agresiva, están transformado las relaciones internacionales y fomentando una política de alineamiento de bloques, similar a la etapa de la Guerra Fría.
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