Malos tiempos para la libertad

29/08/2021

Maite Vázquez del Río.

Veníamos de tiempos de total libertad. No teníamos que hablar con cortapisas, autocensurándonos, midiendo cada palabra por si algún grupo pone su grito en el cielo por alguna frase, imagen… que pueda herir sus sensibilidades… porque sí, parece ser que las sensibilidades ultimamente están a flor de piel y lo que antes era libertad de expresión ahora es susceptibilidad y ofensa.

La pandemia, por si fuera poco, nos ha coartado aún más nuestras libertades, porque la máxima expresión de la libertad, además de la libertad de palabra, es la libertad de movimiento y en este punto aun no las tenemos todas con nosotros, ante tanta variante del covid, y todas las limitaciones consiguientes, con mascarilla por medio y evitando los contactos más allá del codo.

Pero todo esto se queda en pecata minuta si miramos a Afganistán. El gran fracaso de las democracias más desarrolladas que en 20 años no han conseguido doblegar el radicalismo religioso de los talibanes. Las mujeres son las peor paradas de esta situación porque no tendrán ni un solo derecho, ni uno. Hasta los perros afganos tendrán más libertad que las mujeres. Ni educación, ni trabajar, ni salir solas a la calle, y todo tapadas con burka y siendo miradas con lupa, bajo la amenzada de castigos inhumanos porque en el fondo, esa religión milenaria no reconoce a la mujer como un ser humano.

Las afganas están siendo desterradas al infierno por el simple hecho de ser mujeres. Encerradas en casa, arrinconadas en el ostracismo, su futuro se dirige a la esclavitud sexual o la muerte. A la oscuridad total.

El siglo XXI no ha llegado a los talibanes que se siguen rigiendo por reglas llevadas al radicalismo de centurias y centurias atrás. Por prohibir, prohiben hasta la música, mientras utilizan la violencia más extrema y el opio para imponerse en un país donde la pobreza impera y las pocas alegrías que les supuso descubrir los retazos democráticos se disipan de nuevo, y esta vez, parece que para siempre, porque ningún país occidental volverá a ayudarles después del fracaso del primer y último intento, pese a que duró 20 años. Y este periodo de tiempo casi haya sido lo peor porque una generación conoce la libertad que da la democracia que ahora les cercenan de golpe.

Los extremismos de todas las calañas se están empezando a escuchar demasiado en todo el mundo. Algunos incluso se van implantando y en nombre de no sé qué moral asesinan homosexuales, repudian el arte que se sale de su moral y llevan ante los tribunales cualquier manifestación o expresión artística que no se ajuste a sus reglas. Todo les ofende, menos lo que ellos defienden aunque se salten a la torera cualquier derecho humano, cualquier defensa del débil, del expulsado de una vida normal por ser maltratado, exiliado o llevado a la pobreza extrema porque alguna de las sucesivas crisis les llevo al paro y al hambre. ¿Qué se puede esperar de quienes piensan que por ayudar a los afganos que han logrado escapar de la barbarie nos lloverán los actos terroristas? ¿Qué diferencia hay entre aquellos talibanes de Afganistán y estos talibanes de la palabra?

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