El expresidente de Colombia reconoce que «en un proceso de paz nada es perfecto»

13/09/2021

Miguel Ángel Valero. "Hay que ser realistas y prácticos, porque nadie abandona voluntariamente el poder si no es con un puente de oro", explica Juan Manuel Santos en la presentación del libro "Una conversación pendiente".

Ingrid Betancourt y Juan Manuel Santos, en la presentación de la obra «Una conversación pendiente», en eHotel Palace de Madrid.

«En un proceso de paz nada es perfecto, pero en Colombia está funcionando, también la justicia», señala José Manuel Santos, que cuando era presidente firmó la paz con las FARC, en la presentación de «Una conversación pendiente», un diálogo con Ingrid Betancourt, que estuvo más de seis años secuestrada por la guerrilla y rescatada en la operación Jaque (con Santos como ministro de Defensa), en forma de libro (543 páginas) moderado por el periodista Juan Carlos Torres y editado por Planeta.

«Es clave la generosidad en la reconciliación, y las víctimas están dando una gran lección, y que no haya impunidad para los crímenes, pero también que los países vecinos apoyen el proceso», añade. «Hugo Chávez lo entendió, y eso que antes de llegar a la presidencia de Colombia no había ni relaciones diplomáticas con Venezuela», explica.

«También es necesario un puente de oro para que la otra parte acepte el proceso, porque nadie abandona voluntariamente el poder sin garantías de no acabar en la cárcel. Hay que ser realistas y prácticos ahí», reconoce Santos, en referencia al futuro de Nicolás Maduro en Venezuela o de Daniel Ortega en Nicaragua. «Cuba tiene mucho que decir en esos procesos», resalta. El expresidente colombiano cree que España, «por sus vínculos con toda América Latina», puede ser clave en esa transición hacia la democracia.

Santos rechaza que el proceso de paz provocara una polarización en Colombia: «es ficticia, movida por intereses políticos». «Fue clave reconocer el resultado del plebiscito, pese a que se perdió por muy pocos votos», explica

Santos y Betancourt comparten una visión común sobre la «hostilidad» del Gobierno de Iván Duque con un acuerdo de paz frente al que, según Santos, se habrían agitado el «miedo» y las «mentiras» solo con fines políticos. «Es primordial que cumplamos el acuerdo con las FARC», porque está en juego «la palabra empeñada» y no conviene desanimarse por los obstáculos de «un camino largo», señala el que recibió el premio Nobel de la Paz por este proceso.

Ingrid Betancourt ve igualmente una «ideologización» que trasciende al hecho en sí de los compromisos suscritos y que en última instancia replica la «plancha de plomo» del nepotismo y la corrupción lastran Colombia: «Agarrarse al poder para el beneficio de los amigos».

Santos espera que el Gobierno que salga de las elecciones de 2022 «se comprometa con más entusiasmo» a poner en práctica los compromisos firmados, «porque en ese acuerdo están las soluciones a los problemas que tiene el país», por ejemplo la desigualdad agraria, las reformas políticas y electorales o la lucha contra el narcotráfico.

En ese sentido, tanto Santos como Betancourt ven en las protestas contra el Gobierno de Iván Duque un trasfondo de malestar que, entre otras razones, atribuyen a problemas que podrían haber comenzado a resolverse con una puesta en marcha más ágil de determinados puntos del acuerdo de paz firmado hace cinco años, y «aceptar las diferencias y reconocer al que es diferente», recuperando «palabras que para cualquier convivencia en sociedad son fundamentales como la moderación y la tolerancia».

Ingrid Betancourt se escabulle sobre si optará a la presidencia de Colombia: «Hay muchos candidatos muy buenos en el centro». «No me lo planteo, no creo que esté en la agenda, tampoco descarto nada pero no es eso como lo pienso».

El acuerdo de paz con las FARC no ha logrado calmar del todo la violencia en Colombia, donde siguen activos grupos disidentes contrarios a los compromisos de hace cinco años y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) .»Ojalá se pueda establecer un proceso para incorporarlos a la democracia como se hizo con las FARC», y diferencia al ELN de las disidencias de las FARC, a las que describe como «bandas criminales que se dedican al narcotráfico».

«Tenemos diferencias en muchos puntos de vista de lo que nos ha sucedido o experiencias que hemos tenido los dos desde ángulos diferentes, pero sí hay comunes denominadores que nos unen muchísimo», explicó Santos en rueda de prensa en Madrid.

«Un cigarrillo y un yogur «

El secuestro de Betancourt y la Operación Jaque, el operativo que la rescató con otros 14 rehenes el 2 de julio de 2008, acaparan el ‘morbo’ de la presentación, por «esa parte de emoción casi cinematográfica», explica Santos: «Cuando entré al avión, la primera persona que estaba enfrente era Ingrid, y ese abrazo que le di todavía la sangre me hierve, porque fue uno de los momentos más emocionantes».

«Salimos del avión, la tomé de la mano, le pregunté qué quería, y me dijo que un cigarrillo y un yogur; entonces nos sentamos en un andén a fumar un cigarrillo y a comer un yogur», recuerda el entonces ministro de Defensa. Betancourt se emociona cuando narra que Santos le dijo «te tengo una sorpresa» y le pasó el teléfono para que hablara con su madre tras años de secuestro.

«Es increíble que a Juan Manuel y mí nos haya tocado vivir tantas cosas fuertes juntos», subraya Ingrid Betancourt, que fue quien llamó a Santos, cuando todavía era madrugada en Colombia, para avisarle «que se había ganado el Premio Nobel de la Paz» en 2016.

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