La ocurrencia de Escrivá, otra patada a seguir

04/11/2021

Hernando F. Calleja.

Cuando se anunció la lista de ministros del  primer gobierno nacional de coalición me permití un prejuicio sobre el mismo, al constatar la presencia heterogénea de  ideólogos y tecnócratas. Creo recordar que dije que sería un gobierno de pendencias  perpetuas. Ni me alegra ni me apesadumbra haber acertado. No había que ser un genio para sacar esa conclusión. Con el cambio de una reata de ministros y la tocata y fuga de un vicepresidente, los ideologizados y los tecnócratas, lejos de dejar a un lado sus diferencias, las han acrecentado. Y el presidente trata de manejar la situación, en mi opinión, de la peor manera, dando la razón a todos, aunque las posiciones sean radicalmente contrarias. Esa contemporización creo que no es buena para Pedro Sánchez y resta eficacia al Gobierno, que es lo que como ciudadano me interesa.

No voy a volver sobre la gaseosa reforma laboral y mucho menos sobre el contenido de la palabra derogación. Y no lo hago porque, aunque fue antier cuando el presidente repactó los cambios en la Ley vigente con su acariciadora vicepresidenta segunda, otro sorprendente ministro me ha dejado con la boca abierta, no sé si en trance de grito o de risa nerviosa.

Me refiero a la propuesta sobre pensiones de José Luis Escrivá, un tecnócrata estupefaciente. Digamos por delante que todo lo que se hace y dice en materia de pensiones desde hace treinta años, incluida esa figura  plañidera y conservadora del llamado Pacto de Toledo, me parece una manera de perder el tiempo. Y si hace treinta años los plazos para cambiar el sistema ya eran perentorios, ahora son asfixiantes.

Pues bien, todo lo que se le ocurre al ministro de Inclusión y etcétera, es subir las cuotas sociales durante 10 años para restituir los recursos del fondo de garantía de las pensiones, invento de un gobierno del PP, recibido en su día por los socialistas y sobre todo por los sindicatos pancistas con calculada hostilidad.

¿Se trata acaso de subir las aportaciones de los trabajadores a sus pensiones? No, claro está. Es una subida alineada con el sistema actual, por el que la empresa paga casi tres veces más que el trabajador. Es decir, ni siquiera se rompe la inercia de las cotizaciones llamadas sociales, buscando una mayor responsabilización del trabajador sobre su futuro, cuando cese su actividad laboral.

El malhadado Pacto de Toledo creo que no ha emitido ni un solo documento entre su escasa producción en el que no se pregone la necesidad de afianzar la contributividad del sistema. Los Gobiernos todos han sobrevolado este concepto para bombardearlo sistemáticamente con subidas de las pensiones de los que menos han cotizado, señalando el camino del racaneo de las cotizaciones. Todo, antes de crear una cuenta real de cada uno de los cotizantes y todo ante la fácil solución de que el trabajador defina su cotización para la jubilación, a partir de un esfuerzo mínimo exigible. (Hablar de un cambio del sistema piramidal por uno de capitalización es, hoy por hoy, una extravagancia).

La torpeza del tecnócrata llega más lejos. Reconocemos con mayor o menor convicción que el desempleo es una lacra humana, que no por formar parte de nuestro paisaje deja de ser una maldición. Pues el ministro Escrivá prefiere olvidar que un aumento de cuotas es un obstáculo más para la contratación de nuevos empleados, que actúa como un impuesto que grava un acto administrativo, en lugar de esperar a que esos puestos de trabajo duren, se asienten, sean productivos y generen un hecho imponible justo. Fíjense que no digo que el ministro ignore, digo que prefiere olvidar, que me parece más grave.

Y así entre aspavientos, apaciguamientos y sorpresas, el Gobierno progresista se queda en un gobierno levemente reformista, que no digo yo que sea lo peor, si las reformas fueran en la dirección correcta.

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