El análisis que Brindusa Anghel, Aitor Lacuesta y Federico Tagliati hacen de la Encuesta de Competencias Financieras en las Pequeñas Empresas, realizada por el Banco de España, muestra que, en general, en España los propietarios de las compañías con menos de 20 trabajadores y las de servicios de alojamiento y hostelería, construcción y otros servicios personales (grupo heterogéneo que incluye educación, reparaciones o lavandería, entre otras) presentan unos conocimientos financieros bajos en comparación con las empresas de entre 20 y 49 trabajadores y con las del resto de los sectores.
Más de un 94% de los propietarios de empresas de entre 20 y 49 trabajadores entiende el concepto de dividendo. Este porcentaje baja hasta el 89,4% en el caso de las empresas con menos de 20 trabajadores.
Las pequeñas empresas de los sectores de servicios empresariales y de información y comunicaciones han obtenido los mejores resultados en conocimientos financieros, con porcentajes de respuestas correctas por encima de la media de todos los demás sectores. En cambio, los sectores de otros servicios personales, servicios de alojamiento y hostelería, y construcción ha presentado un porcentaje de respuestas acertadas por debajo de la media.
Los propietarios de las empresas de más de 10 trabajadores presentan una mayor tendencia a establecer objetivos financieros a largo plazo respecto a los que tienen compañías con menos de 10 trabajadores.
Casi un 95% de los propietarios de empresas de 10 a 19 trabajadores y un 89,5% de las más de más de 20 trabajadores establecen objetivos financieros a largo plazo. Un porcentaje que se reduce a menos del 85% en el caso de las empresas de menor tamaño y alcanza el 74% en empresas de un trabajador.
Por ramas de actividad, serían las pequeñas empresas del sector de información y comunicaciones las que presentarían un «valor elevado» en las tres cuestiones planteadas por el supervisor. En concreto, el 87,8% de los propietarios de empresas de esta actividad contesta que establece objetivos financieros a largo plazo y trata de alcanzarlos.
Algunos comportamientos financieros están menos generalizados en las empresas de menor tamaño (y especialmente en las de menos de 5 trabajadores), como, por ejemplo, disponer de estrategias en caso de robo y considerar opciones de distintos proveedores de productos o de servicios financieros.
Las pequeñas empresas españolas, independientemente de su tamaño, sobresalen por el bajo porcentaje de propietarios que han pensado en la financiación de su jubilación.
El uso de los instrumentos de capital y de otras formas de financiación más recientes (como los bonos sostenibles, los business angels o la financiación participativa) es marginal en las pequeñas empresas españolas.
También es limitado en estas empresas el empleo del seguro de daños materiales, y principalmente del de interrupción de negocio.
«No se observan diferencias importantes en los conocimientos, actitudes y comportamientos financieros según el género del propietario de la empresa. Además, en general, las competencias financieras medias en las pequeñas empresas mejoran con el nivel educativo tan solo si el propietario tiene formación concreta en temas relacionados con la empresa, la economía o las finanzas. Otras características que se asocian positivamente con las capacidades financieras, independientemente del nivel educativo, son disponer de 10 años de experiencia empresarial o tener un progenitor empresario», subraya el informe.
El impacto de la crisis del COVID-19 en el nivel de facturación, en los beneficios y en
la deuda fue bastante similar en empresas con distintos grados de competencias financieras. Sin embargo, los efectos negativos en el empleo y en la liquidez fueron algo menores para las empresas cuyos propietarios tienen mayores conocimientos financieros.
Esos mayores conocimientos financieros estuvieron asociados a una probabilidad superior de solicitar y de obtener un nuevo préstamo o de beneficiarse de un aval público.
Las empresas con menores conocimientos financieros sí utilizaron en mayor medida transferencias de renta, así como moratorias de alquiler.
El estudio demuestra que existe una relación positiva entre competencias financieras y mayor nivel de digitalización en la empresa con anterioridad a la pandemia. Sin embargo, no existe correlación de competencias financieras y un incremento de las actividades digitales tras el COVID-19.
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