La bajada de los tipos de interés en 100 puntos básicos efectuada por el Banco Central de Turquía hoy probablemente agrave las dificultades económicas del país y aumente la probabilidad de una crisis total de la balanza de pagos. Además, eleva el riesgo de otra reversión repentina de la política monetaria si la lira sigue perdiendo valor. Algo que ya ha sucedido en el pasado, en 2018: si una crisis de la lira se vuelve «lo suficientemente mala», al final se suben los tipos. La cuestión es cuánto más tendría que caer la lira para llegar a ese momento decisivo. La moneda ya ha caído a mínimos históricos y se ha depreciado un 30% desde febrero.
Sin embargo, los elevados riesgos políticos que conlleva la fijación de los tipos de interés en Turquía antes de las elecciones de 2023 hacen más difícil prever un giro a corto plazo de la política monetaria. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, y su partido, el AKP, han ido quedando rezagados en las encuestas de opinión a lo largo del año. Erdoğan insiste en bajar los tipos de interés para tratar de ganarse una base electoral, utilizando diversos argumentos, desde citar textos islámicos contra los altos tipos de interés hasta vincular los tipos más bajos con la reducción del dolor económico para las clases más vulnerables. La ironía es que la política monetaria excesivamente acomodaticia ha impulsado la alta inflación, incluidos los precios desorbitados de los alimentos, que parecen ser una causa central del descontento social y de los malos resultados del Gobierno en las encuestas. En cuanto a las perspectivas de que un mayor crecimiento, ayudado por la bajada de los tipos, pueda propiciar el resurgimiento electoral de Erdoğan, los datos recientes sugieren que hay menos correlación entre el crecimiento del PIB y la suerte política del presidente de lo que parece. Estimamos un crecimiento muy elevado del 9,8% para 2021, además del descenso del desempleo, pero los votantes parecen preocupados por crisis económicas más acuciantes, como la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de la pobreza. La atención obsesiva del Gobierno por aumentar el crecimiento económico mediante la flexibilización de los tipos, incluida la posibilidad de una nueva bajada de tipos el mes que viene, está perjudicando al país y a su estabilidad económica.
A medida que la lira se devalúa, es crucial vigilar el grado en que el Gobierno vuelve a caer en malos hábitos como
- 1) el endurecimiento de los controles de capital;
- 2) el uso de subidas de tipos «por la puerta de atrás»;
- y 3) el uso de las reservas de divisas en defensa de la moneda
– una trilogía de políticas empleadas antes bajo la dirección del yerno del presidente para «desglobalizar» la lira, permitir una política monetaria flexible y al mismo tiempo frenar las pérdidas en el tipo de cambio.
El problema de este marco político es su coste, valorado en más de 100.000 millones de dólares de reservas: las reservas netas ex-swaps se situaban en 44.600 millones de dólares negativos en septiembre, un indicio duradero de las consecuencias. La caída de la lira se traduce en una mayor inflación de las importaciones. Con una inflación general que ya ronda el 20%, el problema es que Erdoğan puede no tener ningún recurso para evitar precios aún más altos y una potencial crisis electoral sin reintroducir esas medidas intervencionistas y poco ortodoxas.
En lugar de recortar los tipos de interés, dado el tipo de interés real negativo de alrededor del -4%, uno de los más bajos de los mercados emergentes, el banco central turco debería tratar de subir los tipos de interés. Creemos que Turquía está especialmente expuesta a una fuerte depreciación de su moneda, ya que es la quinta economía más vulnerable de los 95 países que examinamos en nuestra clasificación de riesgo externo para 2021, y el 58% de la deuda pendiente del Gobierno central está denominada en moneda extranjera, lo que constituye un factor primordial en esta fase de aumento de la deuda pública, a partir de unos niveles de deuda moderados, estimados en un 35% del PIB a finales de 2021. Los recortes de tipos también son especialmente problemáticos dado el cambio simultáneo en la dirección de las subidas de tipos por parte de los bancos centrales mundiales, lo que provoca una fuga de capitales de las economías emergentes.
En caso de que Erdoğan se niegue a cambiar de rumbo antes de las elecciones y se enfrente a una derrota, 2022 y 2023 podrían ser años clave para Turquía en caso de que el presidente busque vías alternativas para mantener su poder político, como socavar la legitimidad de las propias elecciones y perseguir a sus rivales políticos. El riesgo de una crisis política en 2023, además de la crisis económica y de la lira, representan vulnerabilidades que influyen en la calificación crediticia en divisas B/Perspectiva negativa que asignamos a Turquía.
Dennis Shen, director de calificaciones soberanas de Scope Ratings
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.