Sylvia Dall’Angelo, Senior Economist de Federated Hermes, cree que la reacción inicial del mercado al dato del IPC de EEUU en noviembre fue de «alivio». «Antes de la publicación del informe se temía que la inflación pudiera alcanzar o superar el 7%», aunque el 6,8% es la tasa más alta en 40 años.
Opina que el dato «probablemente dejará a la Reserva Federal en camino de anunciar un ritmo más rápido del tapering» en su próxima reunión, «a menos que se produzcan algunos acontecimientos negativos en relación con la nueva variante omicrónica». «La recuperación del mercado laboral es sólida y no requiere un estímulo adicional» en forma de compra de activos (QE), argumenta.
«Un aspecto crucial es que la Reserva Federal también ha reconocido que existe el riesgo de que la elevada inflación se arraigue; un final anticipado de la QE les daría la posibilidad de subir los tipos de interés antes, si fuera necesario para responder a un deterioro de las perspectivas de inflación», añade.
Ana Otalvaro, portfolio manager en AXA IM, señala que los economistas esperan que la inflación se modere en el primer trimestre de 2022, pero que se mantenga en niveles elevados a lo largo del año, lo que justifica una normalización de la política monetaria. «La principal preocupación de la Reserva Federal ha sido evitar un error de política monetaria, si redujera demasiado rápido la compra de activos, y ahora se enfrenta a una situación en la que la inflación es en realidad más persistente de lo esperado», explica.
Philippe Waechter, Jefe de Investigación Económica de Ostrum (grupo Natixis), considera que «los bancos centrales se encuentran en una posición incómoda mientras la inflación se acelera en todas partes». «La primera reacción a la aceleración de los precios es endurecer la política monetaria, hacerla menos acomodaticia. Esta estrategia es más compleja de aplicar hoy que en el pasado. La primera razón es que la mayoría de los actores de la economía están muy endeudados. Es el caso, en particular, de los Estados que vieron aumentar fuertemente su endeudamiento durante la pandemia. Invertir la estrategia monetaria es arriesgar la normalización económica mientras la crisis sanitaria no haya terminado», avisa.
«Subir bruscamente los tipos de interés es invertir la estrategia de orientación previa que los bancos centrales llevan aplicando desde hace muchísimos años. En un mundo bancarizado, los bancos centrales siempre han anunciado lo que van a hacer para no conmocionar al sistema financiero. Además, la política monetaria se compone ahora de dos instrumentos: los tipos de interés y la flexibilización cuantitativa. Todos los banqueros centrales han condicionado la subida de los tipos al fin de esta flexibilización cuantitativa. Por lo tanto, en la fase económica actual les resulta imposible subir los tipos de interés de forma preventiva. El Banco de Inglaterra había dicho que quería hacerlo, pero se echó atrás en su última reunión», argumenta.
«Además, al iniciar esta estrategia en solitario, un banco central correría el riesgo de penalizar su propia economía en beneficio del resto del mundo y de sus principales competidores. La acción debe ser común y coordinada. La sorpresa de estas reuniones de la Fed, el BCE y el BoE en la misma semana sería que pudiera haber una base común de decisión. De lo contrario, las medidas anunciadas no podrán luchar contra la inflación inmediata, lo que erosionará la credibilidad de las autoridades monetarias”, insiste.
Sobre la Fed, este experto cree que “parece claro que la política ultralaxa aplicada en el peor momento de la pandemia, en marzo del año pasado, ya no es adecuada y que es necesaria una normalización gradual». «Seguimos esperando un tapering de 15.000 millones al mes y, por tanto, terminando en junio del año que viene. El bajísimo nivel de los tipos puede, en efecto, animar a la Fed a acelerar el movimiento, como hizo el Banco de Canadá», añade.
«En cuanto a las subidas de tipos, con el fin del QE en junio como muy tarde, es muy probable que la Fed inicie su ciclo de subidas de tipos antes de finales de 2022. Sin embargo, las tres subidas de tipos que esperaba el mercado parecen excesivas”, matiza.
Sobre el BCE, «resulta paradójico anunciar el fin del PEPP, un programa creado específicamente para luchar contra la pandemia, cuando con toda probabilidad el número de nuevos casos alcanzará un máximo histórico en Francia. Considera que hay que incluir a Grecia en el APP, y elevar el límite del 33% al 50% de las compras de emisiones existentes. El volumen de emisión soberana neta en la Eurozona superará el billón en 2021, pero utilizando la proyección de Eurostat sobre el déficit público, se reduciría a 480.000 millones en 2022. Por lo tanto, el BCE también puede reducir sus compras. «Una calibración del QE en el rango de 40.000-50.000 millones al mes nos parece adecuada», opina.
«En cuanto a la subida de tipos, parece que el mercado se está moviendo demasiado rápido. 40 puntos básicos de subida de tipos a finales de 2023 es un escenario que nos parece excesivo», concluye este experto.
Thomas Costerg, economista de Pictet WM, estima que la Reserva Federal acelere el fin de su programa de flexibilización cuantitativa en la próxima reunión del 15 de diciembre. Su ritmo mensual de compras de activos puede reducirse en 23.000 millones/mes en lugar de 15.000 millones/mes y en enero acelerarse, de manera que la expansión monetaria cuantitativa termine en marzo, en lugar de junio, de 2022.
«Hay que tener en cuenta que su pronóstico medio de inflación era 2,2% y es probable que lo revise a entre 2,5% y 3%. También creemos que el presidente Powell va a eliminar la palabra «transitoria» al referirse a inflación en su declaración, aunque probablemente continue diciendo que espera disminuya la segunda mitad de 2022″, argumenta.
«Estimamos que la inflación subyacente (que excluye precios de alimentos y energía, mejor reflejo del impulso de la demanda) promedie 3,9% en 2022, por encima del consenso de Bloomberg de 3% y superior al 3,3% en 2021. Pero se desacelerará la segunda mitad de 2022 y en 2023 quedarse en 2,5%», añade.
«Hay signos de rigidez en el mercado laboral ante la jubilación masiva de baby boomers y caída de la inmigración por la pandemia. También podemos estar ante un cambio de actitud hacia el trabajo y posible impacto negativo de la «gamificación» masiva de los mercados financieros (y cripto activos) de inversores individuales. En cualquier caso, no creemos en una espiral de inflación como la de la década de 1970″, apunta.
«Pero no creemos que Powell quiera todavía discutir el momento de la subida de tipos de interés. Aún sí, creemos que el pronóstico medio de proyecciones de la Reserva Federal mostrará dos aumentos de tipos de interés en 2022. Esperamos una primera subida de tipos en junio de 2022, seguida de dos adicionales antes de finales del mismo año. Además, estimamos que la Reserva Federal actualice su proyección a tres alzas de tipos adicionales en 2023. Así pues, se puede despejar el camino de aumento de tipos de interés de 0,25% en la reunión de política monetaria de junio de 2022 para tres alzas en el año y llevarlos a 0,875%», remarca.
«Esperamos dos alzas adicionales en 2023 y luego una larga pausa. De hecho el «ajuste» de la Reserva Federal será relativamente limitado, pues querrá mantener sus tipos de interés por debajo de la tasa de inflación a medio plazo, ya que implícitamente continúa tratando de prolongar el ciclo económico ante la alta carga de deuda federal y privada. La política monetaria de la Reserva Federal se enfrenta a restricciones y es previsible que se mantenga el régimen facilitador a largo plazo», razona.
«Nuestro pronóstico de crecimiento del PIB de EEUU para 2022 es 3,4%, por debajo del consenso de 3,9%, pero por encima de la tendencia de su crecimiento potencial a largo plazo, estimada en 1,9%», concluye.
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