La Financière cree que la pandemia evidencia la falta de control sobre las cadenas de suministros

13/12/2021

Coline Pavot (La Financière de l’Echiquier). "Controlar mejor la cadena de valor, bien simplificándola o bien relocalizándola, equivale a una mayor conciencia de su impacto social y medioambiental y la posibilidad de reducir al máximo sus externalidades negativas".

Escasez. Hasta hace bien poco, esta palabra era una extraña en nuestra cotidianeidad de ciudadanos de países desarrollados, pero desde hace algunos meses se ha convertido en una realidad palpable. La crisis sanitaria, las tensiones geopolíticas y los desastres meteorológicos han desajustado progresivamente las cadenas de suministro y la logística internacional. Las faltas de existencias —cada vez más numerosas— están afectando uno tras otro a todos los sectores de la economía.

En un contexto en el que se han multiplicado las tensiones geopolíticas (de China a EE. UU. pasando por Rusia) y los sucesos meteorológicos extremos, la pandemia supuso un freno para una gran parte de la producción industrial mundial. Todos los sectores han sufrido presiones, desde la producción de piezas de bicicletas hasta la madera de construcción o la extracción de tierras raras. Estimulado por los planes de emergencia desplegados por los estados durante la crisis, el consumo de los hogares se ha visto frenado finalmente por una situación de escasez generalizada que ralentiza la recuperación de la economía mundial. Esta falta de acceso a las materias primas se ve agravada por las empresas que adoptan métodos de producción más responsables. La demanda de estos recursos sostenibles aumenta, su precio se dispara y algunos directamente no se pueden encontrar. Por tanto, el aumento de los precios afecta a todos los actores económicos y llega poco a poco hasta el consumidor. Así, los precios de los productos que salen de las fábricas chinas se han incrementado de media un 13,5 % en el último año, su mayor alza en un cuarto de siglo.

Nuestras cadenas de suministro están mundializadas, al igual que nuestra sociedad de consumo. He aquí otra constatación que se hace eco de las afirmaciones del economista y filósofo británico David Ricardo, autor de la teoría de las ventajas comparativas: tomamos conciencia de la ultraespecialización de algunos países y de lo mucho que dependemos de ellos. La última fábrica de paracetamol en suelo europeo cerró sus puertas en 2009 y hemos necesitado 10 años para darnos cuenta de que más del 80 % de la producción mundial de este analgésico provenía de la India y de China. La crisis que atravesamos ha servido para poner de manifiesto la complejidad de las cadenas de suministro de las empresas y su flagrante falta de control sobre ellas. Esta debilidad les expone —a ellas y a nosotros— a evidentes riesgos financieros, pero también a posibles escándalos medioambientales y sociales de primera magnitud.

En este contexto, los ganadores suelen ser los que mantienen desde hace años buenas relaciones con sus proveedores, por ejemplo, pagándoles bien y en plazo. Controlar mejor la cadena de valor, bien simplificándola o bien relocalizándola, equivale a una mayor conciencia de su impacto social y medioambiental y la posibilidad de reducir al máximo sus externalidades negativas. Bajo este reto subyace también un reto de soberanía nacional.

 

 

Coline Pavot, responsable de Análisis de Inversiones Responsables de La Financière de l’Echiquier

 

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