Se acabó 2021. Por fin. Momento de realizarr balances y renovar propósitos. Los ciudadanos iremos a lo Briget Jones, que si la pandemia sigue preocupándonos, que si las vacunas, que si el teletrabajo, que cómo ha subido la luz y algunos productos básicos, que el cambio climático se está notando muchísimo… y volviendo a pensar en ir al gimnasio, la peluquería, hacer una vida más sana tanto en alimentación como en ejercicio, en que el teletrabajo siga realizándose aunque solo sea un puñado de días a la semana, y ver cómo se comporta la nueva reforma laboral, la subida salarial, las pensiones y si baja de una vez la luz a los niveles normales, que ya entonces considerábamos altos.
Lo de los partidos políticos es otro cantar. Desde el Gobierno estos días los diferentes departamentos ministeriales nos hablan de los logros. Y para ser sinceros leyes se ha aprobado, y muchas. Pedro Sánchez nos aseguraba esta semana que más del 40% de los acuerdos con Unidas Podemos se habían materializado. La vicepresidenta Nadia Calviño se centra el lo que nos va a llegar de Europa a través de los fondos de recuperación que, según ella, nos va a poner de nuevo en órbita con más inversiones y nuevas reformas. La vicepresidenta Yolanda Díaz ha colmado su ambición de reformar el mercado laboral y se ha puesto como próximo objetivo elevar a 1.000 euros el SMI con el beneplácito de los agentes sociales cuanto antes. El ministro de la Seguridad Social también ha sacado adelante su reforma de las pensiones… y parece ser que en Sanidad por fin se va a prestar más atención al problema de la atención primeria, además de lograrse la Ley de Eutanasia… Planas se muestra eufórico con el desarrollo del plan estratégico de la PAC; Margarita Robles saca pecho por todos los miembros de las Fuerzas Armadas que tanto, y tan bien, han trabajado en 2021 contra la pandemia, las inundaciones o el volcán de La Palma…
En 2021 se fue Pablo Iglesias del Gobierno de coalición, pero el buenhacer de Yolanda Díaz ha hecho que se le olvide pronto… hasta el extremo de que la política gallega está decidida a crear una plataforma que aúne las voces cada vez menos audibles de Podemos, que con el paso del tiempo ha perdido objetivos y fuelle.
Y los españoles seguimos pensando, deseando, anhelando… que la pandemia termine de una puñetera vez. Los científicos nos hablan ahora que la variante Ómicron puede que sea el principio del fin y que el Covid-19 está perdiendo la batalla… pero aún nos faltan meses para saberlo. Entretanto, a reforzarnos con nuevas dosis de vacunas, con la mascarilla puesta y guardando la prudencia necesaria. Otra cosa son todas las teorías negacionistas y conspiratorias y proclaman la libertad como si no la tuvieran para decir todo los que les salga en redes sociales, fake news y demás herramientas de la web.
Y desde la bancada de la oposición, pues más de lo mismo, con el no permantente a todo, con deseos ansiosos de dilapidar a Sánchez y su gobierno, porque no ha dado ni una «a derechas». Confrontación permanente, mala educación, irritación, sordera, ceguera, un clima irrespirable, tomando las calles con cualquier excusa…
En el PP, nos asegura Pablo Casado que tiene ya el programa necesario para gobernar y sacarnos adelante. Pero dentro de su casa en Genóva las cosas no están del todo bien. Con la heroino Isabel Díaz Ayuso haciéndole sombra, proclamada como la defensora de la libertad frente a Gobierno y resto de las comunidades, aunque los madrileños estemos sin atención primaria, sin test de antígenos, contagiándonos a miles y dejándonos la salud con tanta libertad.
¡Ojalá! sus propósitos para 2022 fueran trabajar hombro con hombro, ahora que nos empieza a llegar el ‘maná’ de la UE para hacer las cosas con sentido común, pensando en el bien de los ciudadanos y no en el de cada partido. Y dejar las riñas de patio de colegio en el salón de plenos del Congreso y del Senado. Que entiendan que los ciudadanos necesitamos tranquilidad, buenos gestores y buenos gobernantes, que es por lo que les pagamos con nuestros impuestos.
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