Putin juega con el futuro energético de Europa

11/01/2022

Hernando F. Calleja.

Venimos hablando ya desde unos meses atrás del proceso inflacionario de las economías occidentales y atribuyendo las causas a los océanos de liquidez inyectados en las economías para paliar los efectos de la pandemia de coronavirus. Como coadyuvantes, añadimos la estrechez de la oferta para una sobredemanda inducida en materias primas energéticas, en el sector del transporte internacional y en productos concretos como los semiconductores o los chips.

Menos atención para los economistas merece la geopolítica y su inmensa capacidad de desestabilización en todos los órdenes y muy especialmente en los mercados internacionales de bienes y servicios por las incertidumbres que genera y los movimientos de acaparamiento, estratégico unas veces y especulativo, las más.

Pues bien, diversas lecturas recientes me llevan a observar que se están produciendo movimientos geoestratégicos que llevan a esas constricciones. Y se están produciendo a la vuelta de la esquina. Me refiero a los múltiples movimientos de fichas que realiza Vladimir Putin a lo largo de las diferentes fronteras de Rusia con países hoy desgajados de la URSS y que, en mi opinión, tienden directamente a la reconstrucción, en la medida de lo posible, de aquella URSS que felizmente dimos por desaparecida hace ahora treinta años.

Bielorrusia, Ucrania, Kazajistán no son sino maniobras desestabilizadoras del nuevo zar-dictador ruso como antes lo fueron Chechenia, Crimea… El trasfondo económico de estos conflictos lo conoce muy bien el Kremlin y lo utiliza con malévola inteligencia. Ángela Merkel ha sido de lo mejor que le ha pasado a Europa, sin embargo ha sido de los que han caído en las trampas rusas. Decidió eliminar con rapidez y convicción las centrales nucleares de su país, fiando su futuro energético al gas ruso y, por ende, a los caprichos expansionistas de Putin.

Merkel pensó más en acercarse a la fuerza emergente en su país de los verdes, calculando futuras coaliciones y lo que ha conseguido es que sus rivales socialdemócratas se hayan encontrado el terreno abonado para su propia coalición. El tiro por la culata, y Putin tomando nota de la debilidad energética de la primera potencia económica de Europa.

Ahora se han revelado claros errores de cálculo en los mecanismos previstos para cumplir los compromisos medioambientales contraídos por la Unión Europea y se intenta mantener la aportación de la energía nuclear, mediante un simple cambio adjetivo, después de decenios de desprestigio, banderolas y chapas en la solapa. Entre los dos países de la Unión que han llevado la batuta en el avance de la UE se abre un abismo, Francia va a mejorar técnicamente y a ampliar la capacidad de generación nuclear en tanto que Alemania se queda sin nucleares y a merced de las veleidades extorsionadoras de Vladimir Putin.

Un último párrafo para advertir que la posición española de alinearse con Alemania en el debate nuclear adolece de las mismas carencias de análisis en las que cayo Merkel. El Gobierno cree que la chapa antinuclear afianza su actual coalición. Una coalición que, por mucho que se prolongue, durará menos que las necesidades de capacidad y suministro energético de nuestro país.

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