El panorama de la inflación va a empeorar, antes de que pueda ir a mejor. La inflación va a permanecer elevada en los meses de invierno, alcanzando picos a lo largo del primer trimestre de 2022 en varias economías avanzadas (con la excepción de Japón, donde los precios permanecen en niveles bajos). Los efectos de base estadística, la probable moderación en la cotización de las commodities y la gradual resolución de los atascos globales en el suministro deberían conducir la inflación hacia un sesgo bajista en la segunda mitad de 2022. Así, esperamos que en la mayoría de las economías avanzadas las tasas reviertan en 2023 hacia los objetivos del 2% de los bancos centrales.
Los factores principales que determinan nuestra visión sobre la inflación a futuro son los siguientes: a) Los precios de las commodities deberían estabilizarse e incluso moderarse después del invierno, una vez que pase el pico de demanda de gas y electricidad. b) Los cuellos de botella en la cadena de suministro también deberían aliviarse una vez que pase la Navidad y el Año Nuevo Chino (a comienzos de Febrero de 2022). c) Los efectos de base estadística conducirán automáticamente la inflación hacia abajo a partir del segundo trimestre de 2022, a medida que las comparaciones interanuales empiezan a hacerse frente a los altos niveles registrados este año. d) A todo esto añadimos el hecho de que la desaceleración de China se convertirá en una fuerza deflacionaria si continúa y se intensifica en el tiempo.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos? Es indudable que cuanto más permanezca la inflación en niveles altos, mayor es el riesgo de que se afiance. Para empezar, si no vemos señales de que empiece a relajarse a partir del segundo y tercer trimestre de 2022, entonces nuestra narrativa actual se verá cuestionada y deberíamos empezar a preocuparnos.
Nuestro escenario sobre la inflación se basa en la asunción de un retorno a los patrones previos al Covid. Esto es, por ejemplo, que en el consumo los servicios vuelven a ser predominantes frente a los bienes, que la tasa de participación en el mercado laboral vuelve a los niveles prepandémicos y que se corrigen las disrupciones en la cadena de suministro. Sin embargo, existe el riesgo de que algunos de los cambios inducidos por el coronavirus se conviertan en más permanentes y estructurales.
Desde nuestro punto de vista, la mayoría de los problemas vistos de escasez de oferta en el mercado laboral tendrían que disiparse a medida que también lo hacen los miedos relacionados con el Covid. Pero no se puede descartar que el suministro de trabajadores permanezca permanentemente más bajo que antes de la pandemia, lo que resultaría en unas presiones salariales mayores.
La productividad también es una pieza clave. La digitalización y la adopción forzosa de nuevas tecnologías durante la crisis ha ayudado a lograr una mayor productividad. Sin embargo, todavía está por ver que el esfuerzo inversor en capital continúe y permita mayores ganancias de productividad en el futuro.
En conclusión, parece que aún se tardará un tiempo en que el polvo se asiente y logramos tener una mayor claridad en cuanto a la incidencia que van a representar los mercados laborales y la productividad en el desempeño de la inflación.
Aún creemos que los catalizadores actuales de la inflación probablemente remitirán a medida que la crisis sanitaria evolucione hacia un mayor equilibrio. Pero mientras tanto, no hay ninguna solución rápida a la que puedan recurrir los responsables políticos.
EEUU
a inflación del IPC estadounidense siguió subiendo en diciembre y alcanzó el 7%, un nuevo récord en 40 años. Mientras que la inflación general estuvo en línea con las expectativas, los detalles mostraron una inflación del IPC subyacente (excluyendo alimentos y energía) más fuerte de lo esperado: aumentó al 5,5%, desde el 4,9% de noviembre, un máximo desde principios de 1991. Los bienes básicos siguieron registrando las mayores subidas (1,2% interanual y 10,7% interanual), pero la mayoría de los subcomponentes registraron aumentos por encima de la tendencia, sobre todo la vivienda (que representa más del 30% de la cesta del IPC).
De cara al futuro, la inflación del IPC de EE.UU. podría alcanzar un máximo en los próximos dos meses antes de iniciar un descenso gradual en el segundo trimestre. Los efectos de base, la estabilización (o incluso la moderación) de los precios de la energía y, sobre todo, la disminución de las restricciones de la oferta deberían contribuir a reducir la inflación en el segundo semestre. No obstante, las perspectivas de inflación siguen siendo muy inciertas. A corto plazo, la combinación de ómicron y de la política china de tolerancia cero tiene el potencial de intensificar y prolongar las interrupciones de la cadena de suministro mundial, lo que se traduce en presiones inflacionistas persistentes.
El informe de inflación de hoy proporciona una nueva validación del reciente giro hawkish de la Fed. Como reiteró ayer el presidente Powell en su audiencia de confirmación, la inflación se considera ahora la principal amenaza para las perspectivas económicas y la Fed está dispuesta a endurecer su política monetaria antes o más rápido si es necesario. Dado que la inflación sigue siendo alta y el mercado laboral parece ajustado, la Reserva Federal podría utilizar la opción que ofrece el final anticipado de su programa de flexibilización cuantitativa (QE) y subir los tipos de interés ya en marzo. Además, es probable que la Fed recurra al ajuste cuantitativo en el segundo semestre de este año, mucho antes en comparación con el ciclo anterior.
Silvia Dall’Angelo, Senior Economist de Federated Hermes
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