La carne de la ira…

12/01/2022

J. M. Miner Liceaga.

Tiempo ha, malthusianos y neomalthusianos se tiraron los trastos a la cabeza a cuenta de si habría comida para todos o no. Las soluciones de unos y de otros fueron bien diferentes y, a la postre, el ser humano fue caminando por el mundo, unas veces con el estómago lleno y otras ligero de no sé qué producto o productos para sus jugos gástricos.

Hoy día se discute en el fondo sobre lo mismo porque no hay solomillos a buen precio para todos y sí filetes de segunda y tercera categoría para la mayoría. Aunque con la diferencia notable de que unos, los malthusianos, abogaban por la castidad como “arma secreta” para que hubiera alimentos para todos y otros, los neomalthusianos, eran partidarios de que los pobres abandonaran el mundo terrenal como medio idóneo para resolver el problema del crecimiento de la población y así todos los que quedaran pudieran saciar su apetito.

En un lenguaje más mundano y si se quiere vulgar, “Malthus resolvía el problema del crecimiento de la población y el ritmo de crecimiento de las producciones agrícolas y ganaderas con un acto de castidad. Es decir: si no le tiro los tejos a la vecina, el número de habitantes se mantendrá estable e incluso descenderá teniendo en cuenta las bajas de los abuelos. Para los neomalthusianos la cosa estaba también clara. Los pobres, al carajo, es decir, al cestillo ese que hay en el palo mayor del barco con su bamboleo rítmico y desde el que se veía tierra antes que nada y que nadie. En este caso no había castidad. Primaba el amor libre pero, eso sí, con el correspondiente método anticonceptivo para que la población no aumentara.”

¿Cuántas toneladas de carne toman esos millones de gentes de buen vivir y comer que pueblan el orbe? ¿Dónde están las protestas? Los datos del sector cárnico español son los siguientes: somos el quinto exportador mundial de carne. España es el país que más carne de cerdo vende en el exterior. El valor de las exportaciones del sector cárnico español en 2020 sobrepasó los 9.000 millones de euros, con un incremento anual superior al 17%. Con datos del Ministerio de Agricultura, en 2020 las exportaciones de carne de vacuno fresca, congelada y refrigerada, ascendieron a 128.000 toneladas… Hay del orden de 86.000 granjas de cerdos; más de 130.000 de vacuno, otras 5.000 de pollos…

Hay opiniones autorizadas que al hablar de calidades distinguen entre la calidad del sabor y la calidad acorde con el cumplimiento de la normativa vigente para asegurar precisamente esos niveles de cualidad. La carne se ha puesto recientemente de moda aunque su consumo sea ancestral. Lo que sucede es que un filete de calidad de sabor necesitaba y necesita un determinado tiempo de preparación y maduración en el campo y ahora, en la mitad de tiempo, y sin dar un solo paseo por el campo en todo su proceso vital, otro filete, de menos calidad, por supuesto de sabor, está en el mercado en menos tiempo y a un precio más bajo.

Y volvemos casi al principio. Tal y como está estructurada nuestra sociedad -que tampoco es privativa- no todos podemos ingerir chuletones gallegos, asturianos o extremeños, que también los hay y de excelente calidad. Igualmente podríamos hablar de los solomillos, ya sean de vacuno o porcino. La condición económica, la estructura familiar, la seguridad o no en el empleo, el salario… incluso el sentido del gusto, son elementos a tener en cuenta a la hora de resolver un problema que se antoja complicado.

Y es más: si se arroja la piedra hacia el propio tejado, desde la misma administración, igual resultaría conveniente, en vez de airear obviedades,  intentar poner el remedio o los remedios para que todos esos problemas ambientales tiendan a corregirse. Y la cosa no parece ser muy complicada a primera vista para dar comienzo al proceso de solución. Usted sabe – si no, no lo diga- quiénes no cumplen con la normativa vigente, que para eso es usted la autoridad. Se me ocurre que con más inspecciones, insistiendo en la trazabilidad, en las guías del ganado y en el comportamiento de los mataderos, así como en la comunicación con las autoridades municipales, las del mundo rural, que tienen obligación de saber quién o quienes se ajustan a la norma y quienes no, parte del problema podría quedar resuelto. Claro está, que si esto se nos mezcla con la cosa política, con el signo del partido de turno, podemos encontrar alguna que otra traba…

Lo curioso es que la autoridad competente no menciona a esas explotaciones intensivas que disponen de aire acondicionado para el bienestar animal, que cuentan en los corrales con suelos “cuasi” almohadillados para que las pezuñas de los animales no se deterioren, que disponen de ventilación directa y al tiempo de temperaturas uniformes; que la limpieza es relevante, que reciben inspecciones veterinarias mensuales, que… es como hablar mal de las suegras cuando las hay que son encantadoras.

El problema es complejo. No solo debe primar la calidad del filete o el solomillo. Hay cuestiones como las de los vertidos o la alimentación que tendrían que tener controles exhaustivos. Nadie duda de que es el ganadero el primero en preocuparse por su ganado. De ello depende su economía. Pero al consumidor también le gustaría saber sin duda que lo que le ofrece el super o el mercado de barrio tiene todas las garantías del mundo.

A estas alturas nadie duda de que no es lo mismo criar una vaca o un cochino en una dehesa extremeña o salmantina que en una nave donde los animales se mueven poco o se rebullen buscado su espacio vital. De la misma suerte, el ama de casa sabe en qué puestos del mercado puede comprar carne un par de días a la semana y en qué otros pasa de largo porque los precios no se ajustan a su presupuesto…

Esto también sucede desde tiempos ancestrales. Por eso, olvidémonos de la castidad y de los anticonceptivos… Hay y habrá para todos, aunque los filetes no siempre sean de ternera…

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