La polémica de los mayores y los bancos va para largo. Las entidades financieras han optado por cerrar sucursales y despedir empleados para ofrecer a sus accionistas más beneficios. El resultado: clientes enfadados y accionistas contentos ante unas cuentas de resultados récord en beneficios con 19.800 millones en 2021 solo en la gran banca frente a las pérdidas de 5.535 millones del año anterior por la obligación de realizar provisiones.
Se está perdiendo el norte. Los mayores, que ahora se quejan amargamente por sentirse olvidados, son aquellos clientes que llevaron a los bancos a ser lo que ahora son. El sistema financiero, como el resto de los sectores y humanos, han vivido en este siglo dos crisis, han pasado por periodos de reestructuración, desaparición de las añoradas cajas de ahorros, y fusiones. Solo los más fuertes (financieramente) han sobrevivido.
En las dos últimas crisis, entre 2008 y 2021, las entidades financieras han pasado de 270.855 a 164.000 empleados en 2021, 106.855 trabajadores han dejado de trabajar en la banca, casi un 40%. Y en esos mismos 13 años, el número de sucursales bancarias ha pasado de 45.662 en 2008 a 20.904 en 2021, o lo que es lo mismo un 54,2% menos. Estos datos los daba a conocer Asufin, la asociación de usuarios financieros, que adelanta que en 2022 el empleo y el número de sucursales seguirá cayendo.
Las cúpulas de la banca dan por sentado que con las nuevas tecnologías no serán necesarias tantas sucursales ni atención al cliente. Y su apuesta es enseñar al que no sabe a desenvolverse por estas tecnologías. No hace mucho en algunas entidades se deshacían en atenciones para ofrecer las preferentes a sus clientes. ¡Cómo han cambiado las cosas! aunque siempre son los mismos los que pierden.
¿Para qué vamos a necesitar los bancos entonces? Solo nos recibirán con los brazos abiertos si acudimos a la banca privada por ser grandes clientes, o necesitamos un préstamo hipotecario y poco más, porque el resto lo podemos hacer todo por internet (pedir créditos al consumo, comprar acciones…) o por el móvil. Ahora ya no hay preferentes con las que engañarnos.
Hemos pasado de cobrar la nómina en un sobre y luego acudir al banco para pagar recibos y dejar el dinero que queremos ahorrar, a depender de que un cajero funcione para poder sacar «nuestro» dinero. Si hay cortes energéticos o el cajero se ha quedado sin dinero ya veremos cómo salimos del paso.
Pero cuando no se trata de consultar el saldo o sacar dinero, el cajero te lo pone más complicado. ¿Quién no ha tenido delante a alguien que iba a pagar un recibo y ha tenido que esperar y esperar y esperar hasta que por fin ha conseguido pagar? Y todo en la calle, expuestos a las inclemencias del tiempo y mirando de reojo a que no se acerque nadie para robarnos.
Y encima nos cobran comisiones por depósitos de dinero a partir de ciertas cantidades, y por renovarnos la tarjeta de crédito y débito; comisiones por casi todo. Vamos que pagamos por todo aunque las gestiones no las hagamos nosotros mismos.
A estas alturas de la película casi sería mejor que la empresa en la que trabajamos nos vuelva a dar el dinero y ya nosotros decidiremos. Y a que los gobiernos tomen nota de que en muchos ámbitos primero nos crearon ser dependientes hasta hacerse imprescindibles, y ahora nos tienes maniatados porque las empresas nos pagan por el banco, las pensiones se envían al banco, los recibos se pagan por banco, los impuestos, también… todo pasa obligatoriamente por los bancos. Y no estamos contentos.
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