La Financiere destaca que China es un factor de moderación de los precios mundiales

23/02/2022

Olivier de Berranger (LFDE). "Mientras que el mundo lucha contra una enorme escalada de los precios, existe un país que resiste una y otra vez a la inflación: China".

Mientras que el mundo lucha contra una enorme escalada de los precios, existe un país que resiste una y otra vez a la inflación: China. Todo es orden y belleza e inflación moderada. En enero, era del 0,90 % interanual, ¡y bajando! La inflación subyacente ofrece la misma imagen: 1,1 % de media en los últimos tres años. Ciertamente, no alcanza el nivel del campeón absoluto de la deflación, Japón, que se sitúa actualmente en su nivel más bajo de inflación subyacente de los últimos 15 años: -1,1 %. Sin embargo, China no presenta el mismo nivel de crecimiento (o, en este caso, de decrecimiento) que Japón. Con un 5 % de crecimiento a velocidad de crucero, está lejos de sufrir el estancamiento estructural de su país vecino. Un nivel de inflación tan bajo en una economía tan fuerte es un misterio y un riesgo económico, además de una oportunidad bursátil.

El rompecabezas se aclara un poco si consideramos que el nivel de inflación actual está en sintonía con el nivel medio registrado a muy largo plazo, que se mueve alrededor del 1,2 % desde 2006. El país genera estructuralmente una inflación moderada a pesar de un crecimiento del PIB cercano al 9 % de media en los últimos 15 años.

En estos casos, una de las causas sospechosas es un exceso de capacidad industrial. La tasa de utilización de la capacidad de producción de China ha rondado el 77% estos últimos años. Es ligeramente inferior a la cifra de EE. UU. Por lo tanto, eso no explica una diferencia tan grande en la inflación, sobre todo, porque los precios a la producción en China están en la misma situación que en el resto del mundo: se disparan por encima del 9 % interanual, como en EE. UU. La zona del euro sigue estando actualmente muy por encima, cerca del 20 %. La clave reside principalmente en los precios al consumo, no a la producción.

También pueden alegarse muchos otros motivos. Por ejemplo, la tasa real de desempleo, aunque sea baja (que se sitúa perennemente alrededor del 4 %) puede ser más alta de lo que aparece en las estadísticas oficiales. O incluso la política de contención del crédito, puesta en marcha hace varios años para limitar el riesgo de burbuja inmobiliaria, podría haber frenado el consumo en general. Y, sobre todo, una tasa de ahorro todavía muy elevada, cercana al 30 % de la renta disponible, penaliza el consumo, que es estructuralmente insuficiente en este país que sigue siendo un productor. Xi Jinping es muy consciente de ello, y ha aplicado medidas de apoyo al consumo para las clases populares.

Sea cual sea la razón, las consecuencias económicas son importantes y más bien positivas para el resto del mundo. En primer lugar, en el contexto inflacionista actual, China representa un factor de moderación de los precios al consumo mundiales. Esto no se refiere, por supuesto, a los precios de las materias primas, ámbito en el que sus necesidades son insaciables, ni a los precios a la producción, que se encuentran en la misma situación que en el resto del mundo. Sin embargo, ¿a qué nivel estaría la inflación mundial de los precios al consumo si China añadiera la suya al conjunto de los países?

En segundo lugar, proporciona un refugio para los ahorros que se invierten en renta fija en una búsqueda desesperada de rentabilidad. La deuda pública china sigue pagando un tipo de interés correcto (el vencimiento a 3 meses está en un 1,80 % y el vencimiento a 5 años, en un 2,50 %) y es uno de los pocos países que proponen unas inversiones de renta fija sin riesgo que ofrecen algo más, en moneda nacional, que una perspectiva cierta de empobrecimiento. Como es natural, la rentabilidad final para el inversor extranjero también debe tener en cuenta la eventual cobertura del riesgo cambiario, que es elevada para los inversores que experimentan tipos cortos muy bajos o negativos.

Por último, pero no menos importante, la baja inflación le da al país la oportunidad de movilizar todos los recursos de su banco central para reactivar el crédito, apoyar a su atribulado sector inmobiliario e incluso devaluar la moneda, lo que tendría un impacto deflacionista en el conjunto de países a los que exporta. Desde luego, una verdadera devaluación daría lugar a nuevas tensiones con EE. UU. No obstante, tal vez este país tenga esta circunstancia lo suficientemente en cuenta en el contexto de la inflación como para no ofenderse demasiado.

En un momento en el que casi todos los bancos centrales están endureciendo sus políticas monetarias y creando así las condiciones para una futura ralentización, China (junto con Japón) representa una de las últimas fuentes disponibles de liquidez abundante en caso de que el mundo la necesitara, ya sea de manera coyuntural, si se trata de contrarrestar una recesión económica, o de manera estructural, en particular para invertir de forma ambiciosa en la transición energética (algo que el país hace con determinación y buen criterio).

 

Olivier de Berranger, director de gestión de activos en La Financière de l’Echiquier (LFDE)

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