Desfile de bancos centrales, legionarios y regulares

23/02/2022

Hernando F. Calleja.

La inflación, que iba a ser como esos dolores de cabeza que sobrevienen después de una siesta veraniega, se está asentando y comienza cronificarse. No sólo lo piensa un servidor, que no representa a nada ni a nadie. También en los cuarteles generales de los bancos centrales hay quienes creen que las constricciones de mercados  estratégicos y las hazañas bélicas soñadas por Vladimir Putin van a seguir durante un tiempo, si no a empeorar y a acentuarse.

De hecho, los estrategas de los bancos centrales occidentales ya comienzan a planificar su desfile ante las opiniones públicas y, lo que es tan importante al menos, ante los agentes económicos y los mercados financieros. De momento, el debate se ciñe a la cantidad de fuerza a exhibir y al ritmo que se va a imponer. En esos altos despachos pasa como en los desfiles militares españoles. Hay tropas que van muy deprisa, los legionarios y otras que van más despacio que el contingente más numeroso, los regulares. Los estrategas no se deciden por quién debe impone el ritmo.

Son acalorados los debates en el seno de la Reserva Federal  norteamericana y, asimismo, en su constelación de reservas estatales. Jay Powell, en situación administrativa de interino, hace lo que puede por mantener en frío las discusiones hasta la reunión de la FED el 15 y 16 de marzo, pero los inversores no han esperado por él, descontando que la subida de tipos para frenar la inflación comenzará el mes que viene. Aquí los legionarios le piden que dé un pisotón fuerte y que se vaya a una subida inicial “ejemplarizante” de 50 puntos básicos. Los regulares le piden extrema prudencia y que no sobrepase los 25 puntos básicos para evitar una alarma innecesaria en los mercados, que haga pensar a los operadores que las cosas van mucho peor de lo que van.

Preocupa también y mucho en Estados Unidos el modelo de digestión para reducir el gigantesco balance de la FED. Y también aquí hay quienes son partidarios de un tracto lento, pero algunos se inclinan por la venta de activos desde ya, lo que, dado el volumen sin precedentes, nadie parece saber qué impacto tendrá en la economía del país.

El Banco Central Europeo, por su parte, parece más metódico y, de momento, no da señales evidentes de diferencias serias ni de inquietudes inmediatas. Es claro que la situación de partida de ambos (FED y BCE) son diferentes. Christine Lagarde, la banquera de hielo, quiere dar la sensación de que tiene pensado y programado el arsenal y el ritmo y así lo transmite. Pero la Unión Monetaria no tiene la cohesión estructural de los Estados Unidos y, aunque la pandemia de Covid 19 parezca controlada y sus efectos, realmente mitigados por el propio BCE, la variable Putin tiene en suelo europeo una dimensión mucho más dramática, porque Rusia es un suministrador decisivo hoy por hoy, de energía primaria en Europa. Y eso, para la inflación es decisivo. Por no mencionar otras variables estrictamente políticas, entre las que se encuentran las inveteradas tensiones entre países del norte y del sur.

El desfile comienza. Veremos qué tambores imponen su ritmo.

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