La invasión de Ucrania por Rusia demuestra que Vladimir Putin está dispuesto a cumplir todos sus objetivos «hasta donde haga falta», advierten investigadores del Real Instituto Elcano. «Moscú ya no cree en la vía diplomática», apunta Mira Milosevich.
«Por primera vez, el presidente de la Federación de Rusia no ha reconocido públicamente la soberanía y la independencia de Ucrania», remarca la experta en Rusia de Elcano en el debate ‘Ucrania y el futuro del orden internacional’.
Milosevich sitúa en diciembre el aumento de las tensiones entre Rusia y Ucrania por la presencia de más de 100.000 soldados rusos en la frontera, una presión hecha para someter a Kiev a un «chantaje». «Estaba claro que Rusia había puesto estas fuerzas para decir que puede conseguir los objetivos que plantea por la vía armada, pero que está dispuesta a negociar con Occidente», argumenta.
Las «exigencias» rusas de frenar la entrada de Ucrania en la OTAN han chocado, según la investigadora, con la legitimidad ucraniana para decidir por su cuenta como país soberano e independiente, «que no quiere permitir a nadie que interfiera y le diga lo que tiene que hacer». Kiev «no quiere renunciar» a su «deseo» de ser un miembro de la Alianza Atlántica, como recoge el artículo 10 del organismo.
Moscú ha hecho valer, para justificar este ataque, que algunos países occidentales han facilitado armamento al Ejército ucraniano y que la OTAN no se ha retirado de países vecinos al territorio ruso. Aun así, «para Rusia esto no es suficiente», avisa Milosevich.
Ni la OTAN ni EEUU pueden claudicar ante las reclamaciones de Rusia porque eso supondría una «reconfiguración» del orden europeo de seguridad creado tras el ocaso de la Guerra Fría.
Milosevich ha criticado también que Putin haya pronunciado un discurso apelando a «desarmar y desnazificar» Ucrania como motivo para la invasión, pues se da la «paradoja» de que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, es judío.
Subraya los vínculos culturales, religiosos o lingüísticos que comparten rusos y ucranianos, «dos pueblos que eran muy amigos antes de la anexión de Crimea» en 2014. «La invasión rusa ha servido a los ucranianos para crear una identidad nacional coherente». Mientras tanto, en Rusia, según Milosevich, parte de las élites desprecian al Gobierno de Kiev, pero «buena parte» de la sociedad opina que la ofensiva militar es una «locura».
«Cuando los soldados ucranianos miren a su izquierda o su derecha no van a ver ningún soldado de ningún país aliado que le apoya, y está la tragedia de todos nosotros, pero sobre todo de Ucrania», se lamenta Milosevich.
Félix Arteaga cree que la guerra con Rusia se arrastra desde «mucho antes de 2014», cuando se anexionó Crimea. Para el experto, la invasión rusa es un paso más en la guerra híbrida con Occidente, un ataque militar que ahora sí ha provocado la «especial preocupación» de Occidente.
«Estamos en un tipo de guerra que la sociedad y gran parte de nuestros representantes políticos no conocen o no quieren conocer, porque hemos asistido a todo tipo de hostilidades» no solo militares, sino cibernéticas, terroristas o de desinformación.
Desde su punto de vista, lo importante no es la acción militar en sí, sino el relato y el mensaje que la sujetan. «El presidente Putin, sin ninguna posibilidad de control parlamentario en Rusia, ha definido el objetivo: acabar con Ucrania», subraya este experto.
Arteaga resalta que la invasión no se va quedar satisfecha con reforzar las posiciones rusas en la región del Donbás, sino que busca destruir la economía ucraniana y que su papel lo ocupe la política. «El tiempo juega a favor de Occidente y de Ucrania, pero ahora mismo todo está a favor del presidente Putin y de sus Fuerzas Armadas».
Carlota García, investigadora experta en asuntos estadounidenses del Elcano, cree que para EEUU el «gran rival» no es Rusia, sino China. Washington ve en Moscú una «potencia perturbadora» que tiene como objetivo desestabilizar a la Administración de Joe Biden, que quiere centrar todas sus miradas en contener al gigante asiático.
Biden, según García, ha sido el único presidente de EEUU, desde el final de la Guerra Fría, que no ha hecho un «reinicio» de las relaciones con Rusia, aunque se reunió con Putin en Ginebra.
Biden descarta la intervención militar estadounidense y también ha mejorado las relaciones transatlánticas con sus aliados, y ha optado por la «disuasión por revelación», una estrategia basada en los servicios de inteligencia para retrasar la invasión.
Por su parte, el investigador Luis Simón ha hecho hincapié en el papel español en esta crisis.España ha de tener un «perfil claro», una condición necesaria para la «credibilidad e influencia» española en la esfera internacional, más si cabe cuando este año Madrid va a albergar, a finales de junio, la cumbre de la OTAN. «Es importante demostrar nuestro compromiso con la seguridad europea en un momento de crisis», señala.
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