Silvia Dall’Angelo, Economista Senior de Federated Hermes, señala que «a pesar de que no se esperaba que el BCE anunciara un gran cambio de política, la reunión iba a ser una de las más difíciles en algún tiempo, debido al impacto de la estanflación que la guerra en Ucrania ha impartido en las perspectivas económicas europeas»
El BCE destaca que las preocupaciones inflacionistas se han intensificado desde la última reunión, reflejando principalmente el impacto de la subida de los precios de la energía en los costes, pero también algunos aspectos domésticos, incluyendo el actual endurecimiento del mercado laboral, con una tasa de desempleo que se encuentra ahora en un mínimo histórico del 6,8% en la Eurozona.
«La actualización de las previsiones ha supuesto una mejora significativa de las perspectivas de inflación, con una inflación subyacente del 1,9%, cercana al objetivo, en 2024, al final del horizonte de previsión. Al mismo tiempo, aunque las proyecciones de crecimiento se revisaron significativamente a la baja, siguieron mostrando una continuación de la recuperación durante el horizonte de previsión», subraya esta experta.
«En general, el BCE ha mantenido su trayectoria gradual hacia la normalización de la política, centrándose en esta fase en la mejora del panorama inflacionista interno. En el escenario base del BCE, las compras netas de APP terminan en el tercer trimestre de este año, lo que prepara el camino para el despegue de tipos en el cuarto trimestre. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha inyectado una gran incertidumbre en torno al escenario central del BCE, hasta el punto de que los representantes del banco central han elaborado previsiones para un escenario alternativo junto al principal», añade.
«Lagarde hizo hincapié en la opcionalidad, la flexibilidad y la dependencia de los datos, ya que el BCE navega por un panorama económico y geopolítico incierto y en rápida evolución, dominado por el deterioro de las compensaciones entre crecimiento e inflación. Como mínimo, la incertidumbre relacionada con la guerra hará que el BCE proceda con cautela y de forma gradual. En el peor de los casos, es posible que el BCE tenga que recurrir a un nuevo paquete de medidas de emergencia y retrasar el despegue del endurecimiento monetario, aunque parece que las palancas fiscales disponibles tanto a nivel de la UE como a nivel nacional tendrán que hacer el trabajo pesado en respuesta a las consecuencias negativas y posiblemente peores de la guerra en Ucrania», concluye la economista de Federated Hermes.
Ben Laidler, estratega de mercados globales de eToro, subraya que «Europa está en el ojo de la tormenta geopolítica actual y el BCE ha tratado de mantenerse flexible ante las corrientes cruzadas de la estanflación».
«Los vientos del aumento de la inflación y las incertidumbres sobre el crecimiento económico impulsadas por la crisis de Ucrania están creando la necesidad de un incómodo acto de equilibrio. No cabe duda de que eso preocupa a los mercados. Por ello, el BCE ha reducido su previsión del PIB al 3,7%, desde su anterior estimación del 4,2%. La esperanza es que los escudos clave de un euro débil, un mayor gasto fiscal y un tipo de interés cero puedan compensar gran parte del daño potencial», añade.
Charles Diebel, director de renta fija de Mediolanum International Funds Ltd (MIFL), considera que el aspecto clave de la reunión del BCE ha sido la decisión de reducir las compras de activos en el transcurso del segundo trimestre, pasando de 40.000 millones al mes en abril a 20.000 millones en junio. «La retirada acelerada de las compras de deuda no acerca la llegada de una subida de tipos de interés a Europa», interpreta.
«El mercado ha respondido con dureza, el euro ha repuntado y el diferencial BTP/Bund se están vendiendo con fuerza. Por lo tanto, la reducción de su programa de compras de deuda (APP) se debe más a la flexibilidad y a la opcionalidad que a la inminente subida de tipos. Con esto, el BCE estará abierto a todas las eventualidades y estará preparado para actuar, esto no significa necesariamente que haya que subir tipos», argumenta.
Ulrike Kastens, Economist Europe para DWS, habla de «buena noticia». A pesar de las incertidumbres económicas provocadas por la guerra de Ucrania, el BCE está dispuesto a poner fin a su programa de compra de activos en el tercer trimestre de 2022. «Con ello, da un paso claro hacia la normalización de la política monetaria. Sin embargo, mantiene una puerta trasera abierta: Si las condiciones de financiación se deterioran y las perspectivas de inflación cambian de forma que no se alcance el objetivo de inflación, reconsideraría el volumen de compras de activos en términos de tamaño y/o duración. De este modo, el BCE mantiene abiertas todas las opciones», apunta.
«A diferencia de la Reserva Federal de Estados Unidos, el BCE no prevé subidas rápidas y agresivas de los tipos de interés. La presidenta del BCE enfatizó expresamente que las subidas de los tipos de interés también deben ser únicamente graduales», subraya.
«Parece dudoso que el BCE pueda mantener la perspectiva de aumentos graduales de los tipos de interés», concluye.
Hernán Cortés, socio de Olea Gestión, es tajante: «La política monetaria en la Eurozona está agotada», porque el BCE en los últimos dos años casi ha doblado su balance hasta los 8,7 millones, y lo ha multiplicado por cuatro desde 2014, hasta representar un 66% del PIB de la Eurozona. «Como referencia, el balance de la FED representa un 40% del PIB americano. No se puede seguir comprando bonos», remarca.
«Resulta difícil justificar el mantener más de siete años una medida tan extraordinaria y poco ortodoxa como los tipos negativos, más aún cuando la demanda de crédito ha resultado tan inelástica al precio al no haber crecido el crédito más que un 3% o 4% anual (en España poco por encima de cero). Más aún, con una inflación por encima del objetivo del BCE en los tres próximos años. No se puede dejar los tipos al mismo nivel. El mercado ya descuenta una subida durante el último cuatrimestre de 0,50%, un 0% para el tipo de depósito desde el -0,50% actual», argumenta.
Este experto considera que «ha llegado la hora de la política fiscal, aumentar el gasto/inversión pública o reducir los impuestos». «El problema es que muchos países hemos estado usando, y abusando, de ella en los últimos años. Salvo Alemania y algún otro país centroeuropeo, el resto de Europa tiene muy poca capacidad de maniobra en política fiscal», advierte.
«Ya solo nos quedan las famosas reformas estructurales de las que tanto hablaba Draghi y que toda Europa hizo oídos sordos. Vamos a tener que desempolvar ese manual», apunta.
Axel Botte, estratega global de Ostrum AM (grupo Natixis IM),cree que el BCE necesita «tiempo para evaluar el impacto previsto del gasto de la UE en diversificación energética y defensa». Y que «acogerá con satisfacción la emisión de deuda conjunta, ya que los bonos de la UE se convertirán con el tiempo en una referencia natural para los mercados de renta fija en euros».
Konstantin Veit, portfolio manager en Pimco, destaca que «como se esperaba, la reunión de del BCE se centró en recuperar la opcionalidad y la flexibilidad de la política, a la luz de la extrema incertidumbre macroeconómica». El BCE apunta a un final algo más rápido de las compras netas de activos y ha eliminado la referencia a tipos de interés más bajos de sus orientaciones de política monetaria, pero tambièn sugiere que la subida de los tipos de interés podría llevar más tiempo tras el fin de las compras netas de activos, si está justificado, y que cualquier ciclo de tipos sería gradual.
«La normalización de la política monetaria del BCE podría plegarse pero probablemente no se rompa, a menos que Europa caiga en recesión», añade.
«A medio plazo, el BCE intentará poner fin a las compras netas de activos y volver a un tipo de interés cero, con poca ambición más allá de eso» apunta.
Pietro Baffico, economista europeo de abrdn, interpreta que el BCE «aún mantiene la flexibilidad, ya que subrayó que la recalibración en el tercer trimestre dependerá de los datos» y sigue sin comprometerse de antemano con las subidas de tipos. El BCE continúa situando la previsión de inflación para 2024 justo por debajo del objetivo del 2%, «lo que implica que aún no se cumplen las condiciones del BCE para el despegue».
Para subrayar la incertidumbre a la que se enfrentan los inversores, los rendimientos de los bonos de la zona euro y el euro se dispararon tras la decisión. No se puede excluir una mayor volatilidad en los próximos meses, ya que el BCE «mantiene sus opciones abiertas, y su enfoque, que depende de los datos, podría llevar a nuevos ajustes de sus políticas en cualquier dirección», advierte.
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