Las presiones inflacionarias están por todas partes. En febrero, el IPC británico alcanzó el 6,2% interanual, su nivel más alto desde 1992. Y es muy probable que la semana que viene podamos hacer otras comparaciones históricas parecidas, ya que Alemania publica sus datos de inflación preliminares el miércoles y la eurozona, el viernes. Puede que estas preocupaciones parezcan algo frívolas, dada la crisis humanitaria que se está viviendo en Ucrania. Sin embargo, hasta la pandemia de covid, la inflación se había mantenido en niveles incómodamente bajos durante casi una década.
Parece que la terrible guerra que ha provocado Putin en Ucrania empeorará la situación, si nos atenemos al último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Tanto Rusia como Ucrania son mercados relativamente pequeños para los países de la OCDE, pero desempeñan una función tremendamente importante como exportadores de determinadas materias primas agrícolas, minerales y energía. Según las simulaciones de la OCDE, es probable que la guerra eleve al menos un 2% la inflación de la eurozona, y un 2,5% la inflación mundial, el primer año.
No obstante, las presiones de precios han sido más limitadas en algunos países de la OCDE y es probable sigan así. Francia es un caso interesante, como ilustra el gráfico. Esta «excepción francesa» podría tener importantes implicaciones políticas, teniendo en cuenta que las elecciones presidenciales se celebrarán los próximos 10 y 24 de abril y las legislativas, el 12 y 19 de junio. «Tras la crisis del petróleo de 1973, Francia adoptó la energía nuclear como su principal fuente de energía», explica Ulrike Kastens, economista sénior para Francia en DWS. Este hecho, junto con la diversificación de proveedores de gas natural licuado y un régimen regulatorio orientado a evitar que hogares y pequeñas empresas sufran fuertes aumentos del precio de la electricidad, han librado a Francia de la crisis energética que otros países, como Alemania, han sufrido este invierno.
En parte como resultado, parece cada vez más seguro que el presidente Emmanuel Macron saldrá reelegido. Además, es probable que su oponente en la segunda ronda sea la candidata de extrema derecha Marine Le Pen, aunque cabe la posibilidad de que el candidato de extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, logre arrebatarle el segundo puesto a Le Pen. Ambos candidatos eran próximos a Putin y tardaron en condenar la guerra, por lo que el paso a segunda ronda de cualquiera de ellos no solo podría mejorar las posibilidades de Macron en la carrera presidencial, sino también las de sus aliados en las elecciones legislativas de junio.
Hasta entonces, otra de las grandes prioridades francesas podría ganar apoyos entre los votantes de Francia y otros países: la autosuficiencia alimentaria, a través de la política agrícola común (PAC) de la Unión Europea.
En 2017, Macron se presentó como un candidato liberal y reformista. Sin embargo, en su segundo mandato, puede que acabe llevando a Francia y a la UE por una senda claramente gaullista que ponga el énfasis en la autosuficiencia, la defensa y la intervención del Estado.
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