Hemos reducido nuestro pronóstico de crecimiento del PIB de EEUU en 2022 a 3,2% frente a 3,4% anterior, con un promedio de aproximadamente 2% la segunda mitad del año. El consenso de Bloomberg es de 3,5%. Pero no esperamos recesión en EEUU este año. Su economía tiene suficiente impulso. Aunque seguimos cuidadosamente la tendencia de solicitudes iniciales de desempleo, como indicador técnico, por ahora se mantiene la tendencia y no es previsible una recesión.
En cuanto a inflación, dado el aumento de los precios mundiales de los alimentos y energía pronosticamos un promedio de 6,6% en EEUU en 2022 (de,6% subyacente -sin precios de la energía y alimentos no elaborados-). El consenso de Bloomberg es de 6,2%. Puede alcanzar máximo en torno a 8,3% interanual los próximos dos meses, pero para diciembre de 2022, suponiendo que las interrupciones de las cadenas de suministros disminuyan y no empeoren debido a Covid y aspectos geopolíticos, esperamos que se sitúe alrededor de 3,6% interanual. Eso sí, hay riesgo al alza y, por tanto, también para la trayectoria de tipos de la Reserva Federal.
Tras 0,5 % de subida de tipos, 0,25% en junio y en julio, seguido de una pausa
Al respecto, Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, técnicamente a la espera de la confirmación del Senado de un nuevo mandato de cuatro años, ha sido sorprendentemente agresivo en su discurso en Washington DC el 21 de marzo. La institución tiene intención de aumentar sus tipos de interés en aproximadamente 0,25 % cada reunión hasta fin de año -dos por trimestre-. Sin embargo, Powell ha advertido sobre la posibilidad de un aumento del 0,5 % en la próxima reunión. Ha tratado de calmar temores de que tal medida pueda socavar el ciclo económico de EEUU, indicando que los movimientos más agresivos de la Reserva Federal no siempre descarrilan el crecimiento. En 1994 los tipos aumentaron 2,5% durante el año -de 3% a 5,5%- y ese año el crecimiento del PIB fue 4%, 2,7 % en 1995. Sin embargo, dudamos que la analogía funcione hoy día, dado el fuerte aumento del endeudamiento federal y privado, así como alta dependencia del crecimiento de EEUU del «efecto riqueza» generado por el mercado de valores. El caso es que vemos que la Reserva Federal está fuertemente resuelta a subir tipos 0,5% en su próxima reunión el 4 de mayo, sin importar cuales sean los datos económicos hasta entonces. También creemos que puede anunciar un ajuste cuantitativo pasivo, es decir, lenta reducción de su balance, dejando que los bonos que mantiene venzan, con un límite mensual para suavizar el proceso. Además prevemos que vuelva un ritmo más tranquilo de subidas de tipos de interés de 0,25% en junio y en julio, seguido de una pausa de varios meses.
Hay que tener en cuenta que la Reserva Federal se mantendrá fiel a su ‘ADN’, establecido desde Ben Bernanke, como institución amigable con el crecimiento y el mercado. De manera que puede mostrarse más sensible cuando tras el nerviosismo actual por la alta inflación se desvanezca algo. En esencia, creemos que sigue guiada por un fuerte temor a crear una recesión, especialmente por una repentina liquidación de la deuda.
La inflación puede moderarse durante el verano
Además, estimamos que los datos de inflación pueden moderarse al menos en términos mensuales durante el verano, a medida que los elementos volátiles sean más «normales», aunque dependerá de las situaciones geopolíticas y sanitarias (Covid). Es importante destacar que no creemos que estemos entrando en la espiral precios-salarios temida por algunos miembros de la Reserva Federal. Ello se debe a que esperamos que la fuerza laboral se expanda en la primavera con el regreso de trabajadores y de cuidadores enfermos, así como una nueva afluencia de inmigrantes. Incluso presenciamos cierta moderación de la «rotación» de trabajadores (un indicador adelantado de aumento salarial), como lo sugiere la tasa de abandono del empleo, que se desaceleró al 2,8% en enero desde 3% en diciembre. Además, las intenciones de aumento salarial de las pequeñas empresas parecen moderarse y no esperamos un cambio inmediato en el poder de negociación de los empleados, aunque siga siendo un riesgo para los próximos años.
Solidez en el consumo
Mientras, seguimos viendo solidez a corto plazo del consumo de EE.UU., que podrá capear el fuerte aumento de los precios de la gasolina, gracias a la movilización del «exceso de ahorro» (en su mayoría cheques del gobierno federal durante el shock Covid y beneficios de desempleo), así como las todavía fáciles condiciones crediticias. De hecho esta solidez del consumo se ve en el aumento de las importaciones de bienes de consumo.
Sin embargo para la segunda mitad del año el impulso fiscal probablemente disminuya, pues el Congreso de EEUU todavía está fuertemente desunido respecto a un nuevo impulso fiscal y el aumento de los tipos de interés puede afectar incluso a la «demanda normal». Un aumento en 1% de la rentabilidad a vencimiento de la deuda del Tesoro a 30 años en EEUU puede tener un efecto negativo del 0,6 % en el PIB acumulado en lis cuatro a seis trimestres siguientes. La vivienda es más sensible y puede comenzar a debilitarse el segundo trimestre (el algunos indicadores como nuevas hipotecas ya se está notando). La economía en general, por su parte, puede también verse afectada por el aumento de los tipos de interés tipos, aunque con un retraso de varios meses.
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