La llegada de la ultraderecha al gobierno de la comunidad autónoma de Castilla y León, como antes ocurrió con la entrada de la ultraizquierda en el Gobierno central, nos vuelve a presentar un escenario de inquietudes porque las características de lo ultra, a izquierda y derecha, es su pensamiento difuso y confuso.
Para empezar, los partidos de este cariz juegan con enunciados de trazo grueso que suscitan en los ciudadanos emociones fuertes, no reflexiones, ni siquiera cálculos de conveniencia; solo exaltación, porque parten siempre del supuesto de que los ciudadanos no se aperciben por sí mismos de las amenazas que se ciernen sobre ellos, sobre sus vidas, sobre sus familias, sobre su futuro elemental, sus economías. Ellos son los únicos intérpretes fiables de la realidad.
Por eso utilizan la negativa del sistema para alterar a su acomodo la voluntad de los ciudadanos. Aunque los dos años de Unidas Podemos en el Gobierno se han encargado de enterrarlo, por realismo o por estrategia, no podemos olvidar que uno de sus postulados máximos era acabar con el euro y la ominosa opresión que las instituciones financieras de la Unión Monetaria ejercen sobre los países miembros. Eran los tiempos del caos griego y su venerando Yanis Varoufakis. Hoy, en UP no se vuelve a hablar del euro, sobre el que algunos de ellos van cimentando un capital.
En esa misma estela de negacionismo sistémico milita Vox, que añade a la aversión a todo lo que suene a Europa, su aversión a la estructura institucional del Estado, por ejemplo, en el caso de la distribución administrativa en comunidades autónomas. Puede parecer contradictorio que forme parte de un ejecutivo autonómico, cuando abomina de las autonomías, pero hay otra manera de verlo. Si de lo que se trata es de demostrar lo fácil y destructiva que puede llegar a ser la desestabilización de una comunidad autónoma, entrar en su gobierno como quintacolumnistas es una gran suerte.
Posteriormente tendremos la oportunidad de comprobar si esos postulados, tan grandilocuentemente expuestos, tan urgentes, los difumina el goce y disfrute de una democracia tan generosa con los representantes políticos como la española. Ya lo ha hecho con buena parte de la ultra izquierda y lo hará con la ultraderecha.
¿Tienen los ultras un modelo económico general? ¿Lo tiene sobre el sistema financiero, sobre el modelo eléctrico, sobre el sector agrario, sobre la digitalización, sobre la ciencia, sobre la enseñanza? Cuando se llega al nivel de detalle, los ultras de izquierda responden con esquemas de la ESO. Impuestos más altos, Estado omnipresente, libertad individual menguante, programas educativos de sesgo, teología de género… Los de ultraderecha, con el mismo nivel de esquematismo, responden con impuestos bajos a cambio de intervencionismo rampante, libertad individual sólo en lo que sintonice con sus axiomas, programas educativos de sesgo, teología integrista… Programas que caben en una chuleta para un examen.
La piedra angular en los discursos ultras es el oportunismo, la disconformidad, el reproche. Y luego, todo lo que convenga a sus fines de dominio social, de negación de la autonomía del individuo.
Las propongo un modelo de programa de acción política ultra. ¿Sube la luz? Es intolerable. Estamos en contra del sistema eléctrico. ¿Por qué? Porque sube la luz. Con nosotros no subirá luz.
Y así, con todo lo que pase.
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