Macron se gana el puesto y el plebiscito sobre Europa

25/04/2022

Hernando F. Calleja.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas nos ha tenido en vilo hasta que Macron fue confirmado como ganador. Hay demasiadas cosas en juego en Francia como para desentenderse de su cansino procedimiento electoral. Sin ir más lejos, volveremos a contener el aliento en unas semanas, cuando se celebren las dos vueltas de las elecciones legislativas en las que los dos adversarios de Macron volverán a ser Mélenchon y Le Pen.

La elección francesa del domingo tenía un doble carácter, el propiamente electoral, que se ha dirimido con una victoria más estrecha que en la anterior ocasión, aunque suficientemente amplia si se tienen en cuenta las duras vicisitudes del periodo del primer mandato de Macron. Por ahí, algo de tranquilidad, tras una inspiración profunda.

La segunda cara de las elecciones era, en realidad, un plebiscito. No sobre el presidente y su oponente, sino sobre la identidad europea de Francia. Había que dejar claro que el soporte franco-alemán de la Unión Europea no cojea y, probablemente se reafirma. Este plebiscito, entiendo que tenía una trampa, porque Le Pen era el nada Europa y los votos prestados por otros grupos xenófobos y anti–UE no han conseguido inclinar a favor de la líder ultraderechista el resultado. Por el lado de Macron, es difícil pensar que algunos izquierdistas que le han apoyado procedan del antieuropeísmo recalcitrante de Mélenchon.

Salvada, pues, la afiliación europea de Francia (pensar en lo que hubiera pasado de ganar Le Pen da escalofríos), la papeleta de Macron no es menor en el trance de las legislativas. Cuando Mitterrand tuvo de aguantar como primer ministro a Chirac, ardía Troya. ¿Puede pasarle lo mismo al reelegido? Con todas las posibilidades. Si Le Pen consiguiera una mayoría en la Asamblea sería una cohabitación imposible; si fuera Mélenchon quien obtuviera una mayoría la cohabitación sería muy dura.

Macron no tiene partido. Le siguen grupos difusos y muy heterogéneos, pero no un partido organizado hasta el último rincón del país. Tendrá que contar con una serie multicolor de restos dispersos del socialismo periclitado, con los verdes, a los que ya ha invitado de facto con su nueva propuesta ecológica, con los restos de la antigua derecha, también desguazada y con la movilización de abstencionistas. Un Gobierno difícil de manejar y siempre vulnerable a cualquier vaivén de la situación nacional o internacional.

Los poderes del presidente de la República, por lo menos, salvan la Unión Europea, que no es poco.

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