Samy Chaar, Economista Jefe de Lombard Odier, avisa que «para que el entorno del mercado mejore, necesitamos ver un pico decisivo en la inflación y señales convincentes de que la inflación está pasando a niveles más aceptables».
«Parece que están apareciendo algunos indicios de un pico. Además del crecimiento salarial más moderado del informe del viernes pasado, la inflación de los precios ha dejado de acelerarse. Pero aún no se ven signos de que las presiones sobre los precios se moderen a niveles más bajos. Aparte de las categorías relacionadas con la pandemia, como los coches usados y las tarifas aéreas, los servicios básicos, incluidos los alquileres, siguen subiendo», argumenta.
«En general, aún no vemos los requisitos necesarios para que la Reserva Federal sea menos agresiva. La Reserva Federal comparará estos datos del IPC con una segunda cifra de crecimiento de los precios al consumo que se publicará el 27 de mayo, antes de su próxima reunión de fijación de tipos, que tendrá lugar los días 14 y 15 de junio. Situada entre el apoyo a la ralentización del crecimiento y la lucha contra el aumento de la inflación, la Reserva Federal se ha centrado en este último objetivo. Aunque los datos de empleo de los últimos meses también han mostrado signos de ralentización en la creación de puestos de trabajo, creemos que es demasiado pronto para que la Fed afloje los frenos y cambie a una postura menos agresiva. La disminución de la inflación será un proceso largo. Prevemos nuevas subidas de los tipos de interés de 50 puntos básicos para las reuniones de junio y julio», concluye.
Ben Laidler, estratega de mercados globales de la plataforma de inversión en multiactivos eToro, considera, en ese sentido, que el dato de la inflación de Estados Unidos de mayo puede «representar un punto de inflexión clave, con tasas anualizadas alcanzando su punto máximo y desacelerándose bruscamente mes tras mes».
«La normalización hacia el objetivo de inflación del 2% de la Fed será un largo camino. Pero vemos espacio para cierto alivio del impacto despiadado de las medidas de la Fed, de rentabilidades de los bonos cada vez más altas y riesgos de recesión, en mercados de acciones muy estresados», apunta.
«Los fundamentales están estresados, pero muestran seguridad, ya sea el crecimiento del PIB o de los beneficios, y son sensibles a noticias ‘menos malas’. Las rentabilidades a largo plazo de comprar en estos niveles de pesimismo y retrocesos son históricamente favorables. Sin embargo, estamos ante un mundo con una inflación alta durante más tiempo y una respuesta política sin precedentes de la Fed, con riesgos más amplios desde la guerra de Ucrania hasta el cierre de China. Esto aboga por un posicionamiento hacia el valor barato y posiciones defensivas, desde materias primas hasta atención médica, para capear la tormenta», recomienda este experto
«La inflación estadounidense se ha arraigado en el sistema», advierte Keith Wade, economista jefe y estratega de Schroders. Alcanzó su máximo en marzo, pero «dado que la inflación se mantiene en sus niveles más altos desde hace más de 30 años, los inversores se preguntan qué hará falta para reducirla».
«Ni los economistas ni Reserva Federal fueron capaces de predecir la magnitud y la persistencia de las presiones inflacionistas. Los economistas se han visto claramente sorprendidos por la aceleración de los precios, tras descartar el repunte como ‘transitorio’ cuando comenzó a principios de 2021. El aumento de la inflación parece ahora más duradero y, cuando se le preguntó si seguía siendo ‘transitoria’, el presidente de la Fed, Jerome Powell, dijo que ‘probablemente sea un buen momento para retirar esa palabra'».
Por lo tanto, ¿ha llegado el momento de preocuparse más por la inflación y de que esto conlleve una mayor probabilidad de recesión?, se pregunta este experto. «Los precios de las materias primas han desempeñado claramente un papel importante a la hora de provocar la inflación y, si bien, el aumento de los precios del petróleo y de los alimentos ha acaparado los titulares, el problema va más allá, lo que dificulta a los bancos centrales la posibilidad de lograr un aterrizaje suave», contesta.
«Prevemos que la inflación del IPC de EE.UU. alcance como mínimo el 5,6% este año, lo que supone un aumento de 3,6 puntos con respecto a nuestras previsiones anteriores. La subida de los precios de las materias primas ha contribuido a ello y ahora se espera que el precio del petróleo alcance una media de 95$ por barril en 2022 (unos 40$ más de lo previsto hace un año). Por su parte, los precios de los alimentos también han subido considerablemente. Sin embargo, con una inflación subyacente del 4,7% interanual, el resto de los precios se sitúan muy por encima de lo previsto», argumenta.
«La guerra de Ucrania puede tener parte de culpa, ya que la economía mundial se enfrenta a la perspectiva de perder alrededor del 12% de su suministro de petróleo y una pérdida potencialmente mayor de grano y trigo. Rusia y Ucrania representan aproximadamente un tercio del suministro mundial. Sin embargo, los alimentos y la energía suponen un poco menos de un punto porcentual del desbordamiento, es decir, algo más de una cuarta parte. El resto no está relacionado con las materias primas, pero sí influye en la inflación», precisa.
«El desequilibrio de la recuperación afecta la oferta de bienes y mano de obra. Normalmente, un exceso de esta naturaleza en la inflación subyacente puede atribuirse a una economía más fuerte de lo previsto. Sin embargo, nuestras expectativas de crecimiento de la economía estadounidense son ahora ligeramente inferiores a las de hace un año. Y es que la compensación entre crecimiento e inflación ha sido mucho peor de lo esperado. Detrás de esto se encuentran los problemas de la oferta. Por ejemplo, el carácter desigual de la recuperación del Covid ha inclinado la demanda hacia los bienes, ya que las restricciones han limitado el gasto en servicios. Mientras, las cadenas de suministro se han tensado hasta el punto de ruptura, lo que ha provocado cuellos de botella, plazos de entrega más largos y precios más altos. La guerra en Ucrania no ha hecho más que agravar esta situación al interrumpir las cadenas de suministro en industrias como el sector automovilístico europeo, además de provocar escasez de energía, alimentos y metales como el níquel y el paladio», añade.
«La política de Covid cero en China sigue desempeñando un papel importante, ya que los recientes confinamientos y cierres han provocado la congestión de puertos clave como el de Shanghái. La tasa de congestión en los puertos chinos, que tiene en cuenta el tamaño y la naturaleza de las cargas, ha aumentado considerablemente este año. Ahora se está acercando a los niveles observados en 2021, cuando la economía mundial se reabrió y la demanda se disparó. Es probable que los cuellos de botella y los plazos de entrega se agraven durante un tiempo», avisa.
«En el mercado laboral, el auge del sector de bienes ha alejado a los trabajadores de los servicios, lo que ha provocado que bares, restaurantes y hoteles tengan dificultades para contratar. La caída de la inmigración y de la movilidad laboral ha agravado este problema en economías como la del Reino Unido, que tradicionalmente han atraído a los trabajadores en períodos de gran demanda», apunta.
«La velocidad de la subida también ha influido, ya que ha cogido claramente desprevenidas a las empresas. La forma en que la demanda se ha desviado hacia un sector sustenta el deterioro de la relación entre crecimiento e inflación. El resultado neto ha sido que la economía mundial se ha topado con limitaciones de capacidad tanto en la oferta de mano de obra como de bienes en una fase más temprana que en ciclos anteriores», razona.
«Por ello, la vuelta a la normalidad parece tardar más de lo previsto, ya que las limitaciones de la oferta de productos básicos, los puertos y el mercado laboral aún no se han resuelto. Aunque la inflación general está tocando techo y disminuirá en los próximos meses, es probable que la inflación subyacente se mantenga más firme», concluye.
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