Para los inversores, la guerra rusa en Ucrania ha impulsado al primer plano las cuestiones ASG correspondientes a parte de la «S» (sostenibilidad) y a la de la «G» (gobernanza). Desde una perspectiva social, la invasión viola la ley internacional y constituye un abuso de los derechos humanos. Desde el punto de vista de la gobernanza, revela lo que se sabe desde hace tiempo sobre los fuertes vínculos que existen entre el sector privado y el público de Rusia y los riesgos subyacentes que estos plantean, por ejemplo, en términos de facilitar la corrupción.
Por ello, los inversores deben tener en cuenta no sólo las operaciones de las empresas en las que invierten, sino también si estas operaciones están relacionadas con el Estado y sus agentes. Esto es especialmente cierto cuando las empresas operan en regímenes autocráticos. Esperamos que esto desencadene un cambio en la mentalidad de los inversores, en el que el beneficio de la duda o mirar hacia otro lado será reemplazado por un mayor análisis del papel que desempeñan las inversiones en términos de resultados sociales y de gobernanza.
Hemos visto a empresas occidentales tomar medidas para poner fin a su participación en entidades rusas. Esto echa por tierra la “Teoría del accionista” de Milton Friedman de principios de los años 70, que afirmaba que el único papel de las empresas es maximizar los beneficios. En su lugar, las empresas tendrán cada vez más en cuenta los componentes sociales y de gobernanza de los países en los que operan y con los que hacen negocios.
Para la inversión sostenible, significa un cambio en la evaluación de los factores sociales y de gobernanza con implicaciones financieras para los países y las empresas. Es probable que los inversores interesados en la sostenibilidad se movilicen para apoyar a las sociedades abiertas y democráticas, que suelen tener menores niveles de corrupción y mejores condiciones de trabajo.
El desarrollo de los fondos de bonos soberanos centrados en los ODS podría, por lo tanto, llevar a los inversores a desempeñar un papel más activo en la promoción de sociedades pacíficas y la creación de instituciones sólidas, lo que se alinea con el ODS 16 (paz, justicia e instituciones sólidas). Los inversores en bonos soberanos podrían entonces ser más proactivos a la hora de comprometer a los Ministerios de Finanzas para que apoyen las estrategias nacionales de los ODS.
Los factores de sostenibilidad adquieren aún más importancia tras los acontecimientos de Ucrania. El mundo occidental tiene la oportunidad de acelerar la inversión en proyectos de energía renovable, eficiencia energética y ganar independencia energética limpia de las importaciones rusas -y potencialmente más amplias- de combustibles fósiles.
Esto tendrá considerables repercusiones económicas y políticas, dada la dependencia de la economía rusa del sector de los combustibles fósiles, y puede repercutir en la amenaza exterior que representa Rusia. Las definiciones en torno a la «inversión sostenible» también evolucionarán.
La decisión adoptada ayer por el Parlamento Europeo de definir la energía nuclear y el gas natural como alternativas verdes revela la naturaleza política de las taxonomías de la sostenibilidad. La independencia energética ocupa un lugar destacado en la agenda política europea.
Las inversiones en algunas empresas de armamento y defensa también pueden llegar a ser aceptables en futuros marcos de sostenibilidad.
Michael Lewis, Head of Research ESG para DWS
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