Sánchez traspasa el punto de no retorno de entrega a los radicales

13/07/2022

Hernando F. Calleja.

Tenemos un jefe de Gobierno que es un águila de los negocios. Durante su discurso inicial en el debate sobre el estado de la Nación y las primeras réplicas hizo perder al Estado 327 millones de euros. El simple anuncio del impuesto temporal a las entidades bancarias hundió los valores de los bancos en el Ibex. Bancaixa, entidad en la que el Estado tiene el 16 por ciento del capital, perdió 2.046 millones de euros de capitalización, luego, el Estado obtuvo un minusvalía de los 327 millones mencionados, que viene a ser el 10,9 por ciento de lo que Sánchez pretende obtener del nuevo impuesto, en los dos años de vigencia del mismo. Ejemplar.

Bastaría este solo ejemplo para calificar la nueva política económica del presidente del Gobierno, de la cual ni siquiera es el autor. Los autores intelectuales de la genialidades de las propuestas son sus socias minoritarias de Gobierno, las Unidas Podemos (la concordancia es mucho más que una exigencia de estilo. Es pura gramática). Las exclamaciones gozosas de los miembros del grupo minoritario del Ejecutivo, tras la intervención inicial de Sánchez no necesitan de más explicaciones. Echenique, exultante; Belarra, entregada; Díaz… bueno Díaz es otra cosa. Sonrisas de circunstancias porque la entrega sin retorno de Sánchez a la radicalidad  tampoco conviene a su apuesta por liderar una izquierda que devore al PSOE. Elemental, si el PSOE se pone a repartir dinero a manos llenas, ¿qué podría ofrecer Sumar?

Otra de las genialidades del aprendiz de brujo económico es el impuesto a las eléctricas. Resulta que se dispone a sacarles vía impuestos unos 4.000 millones de euros en dos años. Una manera de hacer amigos muy peculiar, cuando el PERTE de energías renovables tiene previsto que se inviertan 16.370 millones de euros, de los que 9.400 millones de euros dependen de los inversores privados, que estarán encantados de la estabilidad jurídica de la que goza nuestro país.

Por supuesto que Sánchez hizo un discurso de doble calado. El que comentamos, de amedrentamiento de esos poderes obscuros que se oponen a su incuestionable éxito y el otro, el discurso de la largueza. Si un socialdemócrata es un especialista en ejercer la solidaridad, siempre por cuenta ajena, Sánchez ayer dio una lección de generosidad a sus socios de Gobierno. Estableció, además, como unidad de cuenta de los regalos gubernamentales los mil millones de euros. A cada regalía que anunciaba, la cuantificaba en mil millones. ¡Qué menos!

El presidente del Gobierno ha pasado el punto de no retorno en la entrega a la grey podemita y a sus apoyaturas parlamentarias circunstanciales. Talonario en mano no dejó bancada afecta sin compensación. (Por cierto, que un partido conservador stricto sensu  como el PNV siga ovejunamente al radicalizado Sánchez rompe algunos esquemas).

Pero resulta que el principal problema de España es la deuda y el segundo la corrosión monetaria que eufemísticamente llamamos inflación, de la que el INE descabezado dio cuenta firme en pleno debate. Y sobre esas dos engorrosas cuestiones el presidente del Gobierno apenas tuvo palabras para echar las culpas a la pandemia, a Putin y al empedrao. Promesas de dinero para las víctimas, sí;  pero ni una idea ni una propuesta contra las causas reales de los dos agujeros negros económicos de su mandato.

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