El cambio del euro frente al dólar, que el 14 de julio llegó a situarse brevemente por primera vez desde 2002 por debajo de 1, continuaba debilitándose ante el empeoramiento de las perspectivas económicas para la Eurozona y la incertidumbre por la situación política en Italia.
De este modo, el euro llegaba a caer hasta los 0,9952$, lo que supone más del 1% respecto del cierre de la sesión anterior, ampliando a más del 12% la depreciación acumulada por la moneda común europea frente a la estadounidense en lo que va de 2022.
Robbie Boukhoufane, gestor de Schroders, cree que esto tiene mucho que ver con que «el aumento de los precios de la energía ha supuesto una carga importante para los hogares y la industria, lo que ha provocado un escenario de crecimiento poco alentador». «Los mercados de divisas son una vía para que los inversores se posicionen ante una recesión europea», avisa.
«Las probabilidades de una estanflación estructural son altas si el racionamiento del gas se hace realidad. El temor a este escenario ha intensificado la debilidad del euro en las últimas semanas», insiste.
«La economía estadounidense es mucho más autosuficiente en lo que respecta a los mercados de materias primas clave, en particular el gas natural», subraya. El aumento de la inflación en la energía y los alimentos está teniendo consecuencias negativas a nivel mundial para el crecimiento, y «los inversores buscan la seguridad del dólar estadounidense».
Además, la Fed se está moviendo mucho más rápido que el Banco Central Europeo, lo que ha llevado a un diferencial de tipos de interés de alrededor del 3%. «Esta ventaja de rendimiento del 3% a favor del dólar estadounidense está induciendo a los inversores a depositar su dinero en efectivo en dólares, especialmente en un mundo marcado por tanta incertidumbre económica y geopolítica», argumenta. » La Fed es, en realidad, el banco central del mundo, dado que muchos activos siguen cotizando en dólares estadounidenses», recalca.
«El mercado de divisas ya está descontando un escenario de crecimiento pesimista para Europa, pero si el racionamiento de gas se convierte en una realidad, la tendencia del euro frente al dólar será aún más negativa», vaticina este experto.
Pero «la Fed se enfrenta a un difícil camino para tratar de lograr un aterrizaje suave», y «tendrá dificultades para lograrlo». «A medida que los datos económicos se debilitan y la inflación cae, cualquier señal de que el banco central estadounidense está cerca de alcanzar el punto máximo de ajuste aliviará parte de la presión alcista sobre el dólar. Sin embargo, todavía no hemos llegado a ese punto», avisa el gestor de Schroders.
Oportunidades de inversión
Miguel Uceda, director de Inversiones de Welzia, destaca la fortaleza del dólar: «No solo está en máximos de 20 años contra el euro, sino contra la mayoría de divisas en general». Y «la disposición tan agresiva de la Reserva Federal», frente a un BCE «mucho más tímido en su mensaje». Las «dudas sobre cómo salpicará la guerra de Ucrania y Rusia al suministro de gas hacia Alemania hacen el resto en la debilidad del euro», apunta.
«Un euro débil, con unas economías orientadas a la exportación, puede dinamizar el sector exterior europeo, muy importante en países como Alemania. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que una moneda débil importa inflación y debilita las compras de activos energéticos cotizados en dólares, que cada vez pesan más en la balanza comercial. La campaña de turismo europea, en el verano de 2022, puede ser receptora de mayor número de turistas americanos, haciendo que tengamos un impulso mayor al esperado», argumenta.
«Podemos ver cómo la Fed se vuelve menos agresiva, si la inflación se modera, un posible armisticio en Europa daría un impulso a los activos europeos y a la divisa en particular. Y seguimos pensando que el billete verde sigue sobrevalorado si tenemos en cuenta las teorías de paridad del poder adquisitivo, los déficit gemelos por cuenta corriente y fiscal, etc. Por lo que, en general, y con visión de largo plazo, recomendamos ir deshaciendo posiciones en dólares», añade.
«La clave para la compra de activos de renta fija será el momento en el que la inflación comience a doblegarse y veamos cómo los efectos base y la temporalidad de algunas partidas comienza a moderar las cifras en Estados Unidos», apunta.
Miguel Camiña, CEO y cofundador de Micappital, es sincero: «No tenemos ni idea de lo que pasará, intentar adivinar el movimiento del tipo de cambio es como jugar a la ruleta. Lo que si que hacemos es estar preparados para adaptarnos a cualquier situación que ocurra y tomar decisiones para aprovecharnos de esos movimientos impredecibles, tanto en el tipo de cambio como en los mercados».
«Es cierto que la situación actual del euro-dólar no se veía desde 2002, así que debemos estar preparados para un rebote o para que el dólar supere al euro. El impacto en la economía europea también es difícil de predecir, porque hay muchos frentes abiertos, además del tipo de cambio, que están moviendo los mercados y las expectativas. A priori para Europa no será la mejor noticia, un dólar fuerte hace que nos cuesten mucho más las importaciones de productos en dólares, cercano al 50% de todas las importaciones que hacemos. Pero por otro lado, también hace más atractiva la exportación de productos en euros a Estados Unidos, aunque estas exportaciones son más reducidas. Lo que está claro es que no será positivo para el control de la inflación, ya de por sí disparada. Al pagar más por todos los productos que importamos en dólares, esto se ve reflejado en los precios», explica.
«En este entorno, es una buena oportunidad estar invertido a nivel mundial, incluso hacer aportaciones periódicas aprovechando la volatilidad que estamos viendo en 2022. Es verdad que el dólar ha cogido poder frente al euro, pero por eso es fundamental no olvidar la importancia de la diversificación en este entorno inestable. No vemos que haya que salir corriendo de Europa, es verdad que nuestras importaciones se encarecen bastante, pero también somos más atractivos para que nos compren productos y servicios desde Estados Unidos», razona.
«Una buena cartera de fondos internacionales, que se complementen entre sí, con distintas estrategias, y que invierta en diferentes zonas geográficas, es una forma de estar tranquilo. La labor del inversor en este entorno es mantener la rutina de inversiones periódicas, estar pendiente y controlando que esa diversificación sea la adecuada y estar siempre invertido en productos de máxima calidad. Lo más importante en estos momentos es no dejar que nuestras emociones tomen las decisiones de inversión, aplicar el sentido común y mirar a largo plazo», concluye.
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