El pasado 25 de mayo, decía un servidor en esta columna que Christine Lagarde se balanceaba en la cuerda floja, sin saber si dar la razón a los austeros, que pedían una corrección fuerte de los tipos de interés o bien a los más permisivos e indolentes, que prefieren siempre el poco a poco. Es bastante tiempo el transcurrido desde entonces y acaso, esta tardanza era deliberada. Si se demora la decisión, una subida fuerte de los tipos será ya imprescindible. Y así ha sido. Un golpe de medio punto no sé si tiene precedente en la Unión Monetaria, pero en la situación actual, me parece lo más aconsejable. Y otro meneo del mismo porte en septiembre no debería descartarse.
Es una cuestión económica, cómo no, con la situación de la inflación, pero es también y principalmente una cuestión política, porque la cohesión de la Unión Monetaria está en juego y mucho más con el abandono de Mario Draghi y la severa incógnita que suponen unas elecciones generales en una Italia desquiciada (Oído, España).
Christine Lagarde ha hecho filigrana estratégica antes de pronunciarse sobre los tipos. Ha aplacado a los austeros y ha dado aliento a los que no lo somos, con la oferta del escudo financiero para las primas de riego. Esperemos que ese trabajo de fililí aguante, por la cuenta que nos tiene.
Lo que me parece incomprensible es la actitud del Gobierno español, enfrentando las enormes ventajas que nos traen los fondos europeos y la protección de la prima de riesgo a la razonable petición de las autoridades europeas de recortes en el consumo de gas y la apertura de nuestras existencias a algún país europeo que lo pudiera necesitar.
Esa es la interpretación de la solidaridad que no se les cae de la boca a los socialistas patrios. La vicepresidenta primera, Nadia Calviño ponderando la seguridad financiera que le da a España el escudo de la prima de riesgo y el chorreo de millones gratuitos que nos brinda Bruselas. Y la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, mientras, pronunciando un tragicómico no pasarán como respuesta a la petición de Bruselas de ser, por una vez, solidarios con los europeos que más sufren las medidas contra Rusia.
Para quienes no tenemos otra ideología que Europa, la actitud de nuestro Gobierno nos produce la misma vergüenza que sentíamos cuando el Reino Unido solo entendían la UE como un maná de recursos y un facilitador de mercados accesibles.
Para colmo, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, dedica a sus ministros a que, sin dejar sus obligaciones ministeriales, hagan la apología de su política y le pongan un poco de orden en su partido. Sería divertido que la inefable vicepresidenta segunda dé una de sus acostumbradas ruedas de prensa espontáneas, para acusar a Sánchez de explotación laboral de sus ministros y a éstos de acaparar puestos de trabajo, con el paro que hay.
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