La agitprop de Díaz que el Gobierno no quiere ver

31/08/2022

Hernando F. Calleja.

Las arengas de la vicepresidenta segunda (en lo sucesivo V2) para que los sindicatos se movilicen no son inéditas, pero han superado en beligerancia y tosquedad las soflamas precedentes. Sorprende que una ministra que representa a una parte de la segunda parte contratante del Gobierno ataque con la crudeza que lo hace los últimos días a aquellos de los que dice esperar que negocien con los sindicatos y que apenas nadie de la primera parte contratante del Gobierno se haya atrevido a reprocharle esta actitud, aunque por lo bajini les parezca un error.

V2 lleva meses, desde marzo, haciendo lo posible para que no haya acuerdos salariales entre  los sindicatos y la patronal. Era prematuro para sus planes políticos nacionales, que no son otros que arrebatar la mayoría de la izquierda al PSOE. La vicepresidenta primera (en adelante V1) hizo un intento de desplazarla de la negociación con una convocatoria sorpresa en el mes de julio a los agentes sociales. La improvisación de la contraofensiva quedó en agua de borrajas.

Ahora V2 cree que ha llegado la hora de que su plataforma  se ponga en marcha y busca el apoyo de los sindicatos  UGT y CCOO, conociendo su naturaleza pastueña y dócil ante las expectativas de nuevas regalías del poder que satisfagan su insaciable demanda de recursos. (A propósito, observen como han escurrido el bulto del caso de los ERE de Andalucía del que han sacado importante tajada y no solo por las comisiones de gestión).

A esta tropa, V2 les pone en bandeja la propaganda contra los empresarios y el BOE, cuando el Gobierno decida seguir en la inopia de las maniobras de V2 y suba nuevamente el SMI. Y ella se hace el hueco político personalista (he tenido que corregirme, porque inconscientemente escribí peronista) con el que plantar la guerra del glamour a Sánchez, quizás ya en las próximas elecciones generales.

Hago notar a los hipotéticos lectores que en las arengas de V2 a los sindicatos ni siquiera habla de huelgas, sino de movilizaciones. Es decir no habla de paros, sino de agitación, tan asociada a la propaganda izquierdista clásica y de tan incierto impacto en la opinión pública de hoy. Digamos que V2 va a colaborar con su proverbial entusiasmo a que Vox pregone las excelencias del orden por encima de todo y saque tajada de ello.

No acabo de entender la actitud pasiva del Gobierno dejando hacer lo que le viene en gana a V2. ¿Acaso ignoran en el Ejecutivo y en el PSOE cuáles son son los propósios de V2?  A decir verdad, a mí no me preocupa en absoluto lo que hagan unos y otros, si no fuera porque todo este vodevil puede acabar estallando en unas semanas. Los sindicatos han adoptado el mismo lenguaje, movilizaciones, despreciando su inalienable derecho a la huelga, si no va acompañado de gresca, de piquetes informativos y de algún que otro desperfecto público o preferiblemente privado en la calle.

De los empresarios, un concepto amorfo que acoge a un directivo de una multinacional y a un fontanero autónomo como si fueran lo mismo, cabe decir que deben poner sobre la mesa y ante la opinión pública cuáles son sus propuestas ante estas circunstancias concretas de la economía. Con toda claridad. CEOE no va a recurrir a movilizaciones (algo es algo), pero hay que pedirles que lleguen en sus ofertas hasta el límite de lo posible y lo expliquen de forma inteligible para todos. No es hora de tecnicalitis ni de partidas de tahúres. La transparencia total sería la mejor fórmula de reforzar su crédito ante la sociedad española y de alentar a todos en una travesía difícil. Aunque ello suponga dejar en evidencia a V2.

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