“Sospechamos que los ‘halcones’ son más ambiciosos y preferirían emular a la Reserva Federal y llevar sin descanso los tipos al territorio restrictivo, sin necesariamente ‘hacer una pausa en la neutralidad’ para examinar si se necesita más”, asegura Gilles Moëc, economista jefe en AXA Investment Managers.
“Dado que el BCE es muy sensible al flujo de datos, puede reaccionar mal ante lo que esperamos sea otra lectura de inflación elevada para septiembre, que será la última impresión que tendrán antes de su próxima reunión de política monetaria. Esto nos hace creer que buscarán otro movimiento de 75 pb, en lugar de 50 pb, el 27 de octubre”.
“Esperamos un ritmo más lento de ajuste después de octubre, con 25 puntos básicos en diciembre”, continúa el experto de AXA IM. “Estamos de acuerdo en que la «pendiente natural» del BCE en esta etapa probablemente lo empujará al extremo superior del rango neutral en una «última subida» en febrero de 2023, pero continuamos siendo prudentes», precisa el experto de AXA.
Para Clément Inbona, Fund Manager de la gestora La Financière de l’Echiquier, tras la decisión del BCE “resulta urgente poner freno a la actividad económica para evitar que un recalentamiento duradero de los precios termine autoalimentándose”. «La urgencia es real. En agosto, la inflación del conjunto de la zona del euro alcanzó el 9,1 % interanual. Esta crisis de notable magnitud en los precios demanda una solución a su medida, aún a riesgo de hacer descarrilar la actividad económica con conocimiento de causa, ya que constituye una de las fuentes de la fiebre inflacionista. Hay que tener en cuenta que el BCE pronostica una inflación del 5,5 % en 2023, muy por encima de su objetivo a medio plazo del 2 %, y un crecimiento de apenas el 0,9 %, lo que supone un descenso considerable frente al 2,1 % previsto al comienzo del verano.», insiste.
«Aunque el banco central y los gobiernos se enfrentan al mismo adversario, la inflación, no disponen de las mismas armas. Si, desde un punto de vista social, las medidas de los Estados para amortiguar la crisis energética son loables, desde un punto de vista económico son más discutibles. Al mantener los precios de la energía artificialmente bajos, los Estados aumentan un déficit y una deuda de por sí abultados, pero es que, además, menoscaban una parte de los efectos de la política monetaria al sostener el poder adquisitivo de los hogares y reducir los costes energéticos de las empresas, lo que incide en la demanda», precisa.
«Es indudable que los Estados están asumiendo implícitamente que las perturbaciones en la energía serán temporales, pero esto es un error, al igual que los bancos centrales consideraron erróneamente transitorio el repunte de la inflación heredado de las consecuencias de la crisis sanitaria. ¿Durante cuánto tiempo más? La respuesta podría venir del BCE, ya que, si siguiera los pasos de la Reserva Federal estadounidense y redujera su balance durante los próximos meses, el impacto alcista sobre los tipos de la deuda pública pondría en aprietos la lógica del ‘lo que sea necesario’ que sigue vigente en buen número de países». advierte.
El último cuadro de previsiones del BCE es optimista por el lado del PIB, con un crecimiento del 0,9% para 2023”. Pero en AXA IM admiten ser “menos optimistas”, y proyectan “una media anual de 0,4 %, con una contracción adecuada en el cuarto trimestre de 2022 y el primer trimestre de 2023.” “Aunque es obvio que el banco central está listo para ‘mirar a través’ de una recesión, una contracción significativa en la actividad normalmente repercutiría en el mercado laboral, frenando un ciclo de “salarios/precios” que ni siquiera ha comenzado en la zona euro”, concluye.
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