La vivienda, según un informe del Banco de España, es junto al turismo el responsable de la inflación subyacente (en la que se excluyen alimentos frescos y energía), que se incrementó un 5,3% en España entre julio de 2019 y julio de 2022.
La inflación es el principal mecanismo de erosión de nuestra capacidad adquisitiva, pero para el director de Desarrollo de Negocio de Hipoo, Juan Pedro Zamora, también se pueden conseguir beneficios de ella a través de la inversión inmobiliaria. “La inversión en este tipo de activos permite, en la mayoría de casos, que nuestro capital crezca a la par que los precios”.
Zamora asegura que comprar una vivienda como activo financiero es uno de los mayores seguros para protegerse de la inflación: “No existe un activo real que absorba la inflación mejor que la vivienda”, “La relación entre su volatilidad y beneficio a largo plazo son casi imbatibles». Al comprar una vivienda como activo de inversión, se revalorizará con el tiempo. Por lo tanto, “estamos hablando de un importante mecanismo a tener en cuenta frente a épocas con una inflación aguda”. subraya.
La vivienda como activo de inversión es un buen elemento financiero a largo plazo, dado que ayuda a mantener el poder adquisitivo del inversor. “Esto sucede por dos motivos: porque la vivienda puede ser alquilada, produciendo así rentabilidad, y porque la vivienda es capaz de generar plusvalía, y por lo tanto, revalorizarse”, explica.
La inflación impulsa el metro cuadrado de nueva vivienda a niveles récord: 2.035€ en el segundo trimestre. En el caso del metro cuadrado de vivienda de segunda mano, está en los 1.861€, una cifra a la que no se llegaba desde 2011.
El director de Desarrollo de Negocio de Hipoo dibuja el perfil de inversor inmobiliario: persona de mediana edad (35 años – 55 años), con capacidad de ahorro, sueldo superior a 30.000€ anuales, estabilidad laboral y nivel muy bajo de aversión al riesgo.
En cuanto a la tipología de vivienda destinada a la inversión, Zamora observa que suelen ser inmuebles en zonas ‘prime’ de ciudades importantes y zonas costeras. En cuanto a su precio, “pese a poder pensarse lo contrario, cuanto más barato mejor, porque habrá una mayor tasa de interés real, y con ello, un mayor beneficio”.
Para Zamora, “hay que entender que esta situación inflacionaria es una parte más del ciclo económico que se inició en el año 2.000, y que, pese a ser dolorosa será limitada en el tiempo”. «En nuestra opinión, no es una inflación estructural y eso puede ser algo positivo de cara al medio plazo”, subraya.
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