François Raynaud, Gestor de multiactivos & Overlay de Edmond de Rothschild Asset Management, espera que una coalición de derechas liderada por Georgia Meloni, líder del único partido de la oposición a Draghi, gane las elecciones en Italia. «En contradicción con las posiciones históricas de todo el partido de extrema derecha, Meloni ha hecho todo lo posible para moderar su imagen en los últimos años y calmar las preocupaciones cambiando de posición para convertirse en pro occidental (dejando de lado las opiniones pro rusas) y diciendo que renegociará el presupuesto europeo y las normas del plan de recuperación, pero dentro de las normas de los tratados y manteniendo el euro», señala..
«Por el momento, esto está funcionando relativamente bien, ya que el diferencial entre el BTP y el Bund se ha ampliado moderadamente, en torno a los 30 puntos básicos: no hay amenaza a corto plazo sobre el euro como en 2018 y las compras de deuda italiana por parte del BCE siguen siendo favorables», apunta.
Pero avisa que volverá «la volatilidad en el momento de las negociaciones con Europa, que deberían comenzar en noviembre». «Las negociaciones sobre el plan de recuperación podrían retrasar algunos programas de inversión en Italia y las negociaciones sobre el presupuesto deberían ser complicadas, ya que Italia no tiene margen de maniobra sin las transferencias de dinero europeo y que el programa de la coalición de derechas prevé muchas reducciones fiscales y de gasto, pero no indica cómo financiarlas, excepto reclamando nuevos fondos europeos», argumenta. Y advierte: «desviarse de las normas presupuestarias podría impedir el uso de la nueva herramienta antifragmentación del BCE».
Otros desacuerdos con la postura de Europa pueden retrasar o incluso impedir la aplicación de las inversiones del dinero europeo. «Habrá que ver hasta qué punto el nuevo gobierno es capaz de resistir la presión de los mercados para utilizar el peso económico de Italia para negociar y hasta qué punto Europa aceptaría cierta valoración del riesgo de fragmentación en los mercados para no conceder demasiado y allanar el camino a otros éxitos soberanistas», señala.
«Seguimos siendo cautelosos con la deuda italiana, ya que las negociaciones podrían elevar los diferenciales muy por encima de los 250 puntos básicos» y porque» es posible una gran victoria que dé más del 60% de los escaños en el Parlamento a la coalición de derechas y abriría la puerta a cambios constitucionales como un sistema presidencialista con posibilidades de un referéndum más amplio».
Azad Zangana, economista senior y estratega para Europa de Schroders, destaca que a los inversores les «continúa preocupando la falta de disciplina fiscal del país y su elevado endeudamiento», y «si de las próximas elecciones sale una coalición populista, aumente el déficit público de forma insostenible». «Muchos de los partidos populistas también son contrarios a la UE, lo que hace temer que los desacuerdos con otros Estados miembros puedan llevar a una reducción del apoyo fiscal y monetario a Italia, lo que ha sido crucial para mantener la estabilidad en los últimos años», avisa.
«Ante este panorama, las agencias de calificación de deuda soberana podrían rebajar el rating de Italia haciendo aumentar el rendimiento de los bonos, lo que provocaría una reacción negativa en los mercados de renta variable».
Pero Hannah Piper, gestora de Schroders, no ve las elecciones de Italia como una preocupación relevante: «La historia muestra que el Gobierno italiano permanece de media en el poder menos de dos años, como ha ocurrido desde la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, el abrupto final del Gobierno de Mario Draghi y la posibilidad de un Gobierno más conservador, simplemente acaba de anticiparse un semestre».
«La soberanía real y la capacidad de acción de cualquier Gobierno están bastante limitadas por las funciones de supervisión del BCE y de la CE, y el diferencial del BTP (el mejor indicador del factor de incertidumbre de los inversores en torno a la política italiana), ya está valorando el resultado más probable: un Gobierno de derechas, con un apoyo inferior al máximo registrado en 2018, cuando Italia tuvo una coalición de gobierno antieuropeísta (Lega Nord y Movimento 5 Stelle)», apunta.
«Además, sigue existiendo un mecanismo del BCE, el Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés) que debería proporcionar una protección de último recurso en caso de que el BTP sea el blanco de los inversores internacionales. Además, a cualquier nuevo Gobierno le convendría seguir cumpliendo con los compromisos acordados con la CE para seguir recibiendo transferencias de la UE», añade.
La economía italiana está mejor situada que al principio del último periodo recesivo (2016-18): el impulso del PIB es más fuerte que el de Alemania o Francia gracias al buen trabajo del Gobierno de Draghi, a las favorables transferencias de fondos de la UE y al mecanismo del BCE para mantener bajo control el coste de financiación de Italia.
«El mercado de renta variable de Italia, junto con el de Alemania, suele ser el más cíclico y altamente sensible al punto de inflexión del PIB de la UE. En caso de que el impulso económico de la región se agotara en cualquier momento de 2023, hay que tener en cuenta que la renta variable de Italia es la más barata, la que tiene menos accionistas y la más sensible a que la recesión toque fondo y a la mejora de las perspectivas económicas», subraya.
Mondher Bettaieb-Loriot, Jefe de Bonos Corporativos de Vontobel, opina que «los mercados responderán positivamente a un gobierno de Gran Coalición», ya que se vería como una continuación de las políticas fiscales de Draghi. En cualquier caso, el nuevo gobierno no tendrá tiempo para completar un nuevo presupuesto para 2023. «Los diversos paquetes de ayuda proporcionados este año se han pagado con impuestos adicionales a las empresas energéticas. Esto debería continuar y, por lo tanto, no anticiparíamos una mayor debilidad en los rendimientos del gobierno italiano», precisa.
«En caso de que se produzca una victoria de la coalición de derechas, Giorgia Meloni debería intentar respetar las normas fiscales de la Comisión Europea y, en mi opinión, sólo debería introducir cualquier cambio presupuestario de forma gradual. Por ejemplo, el impuesto único puede costar sólo 13.000 millones€ en su primer año si se adopta, respetando así las normas fiscales que pretenden mejorar el equilibrio presupuestario en torno al 0,5%», remarca.
«La actual situación económica y de deuda del país supone un reto para el nuevo Gobierno. Sin embargo, independientemente del resultado, la nueva herramienta antifragmentación del BCE, diseñada para reducir los riesgos fiscales a medida que suben los tipos, parece estar limitando el riesgo soberano y creo que el riesgo de impago de los bonos soberanos en Italia o en cualquier país de la periferia es más bien bastante bajo», concluye.
Scope: no podrá retroceder las reformas ni aplicar políticas «poco ortodoxas»
Alvise Lennkh-Yunus, director de análisis de Scope Ratings, tiene muy claro que «cualquier nuevo Gobierno en Italia tendrá poco margen para hacer retroceder las reformas o aplicar políticas económicas ‘poco ortodoxas'», pese a la preocupación de que pueda rehuir algunas de las reformas necesarias para garantizar que Italia obtenga acceso a unos 200.000 millones€ de Next GenerationEU. «Las limitaciones a las que se enfrenta cualquier Gobierno italiano una vez en el poder reducirán significativamente su margen de maniobra y, por lo tanto, determinarán en última instancia un estrecho conjunto de opciones de política económica», argumenta.
«Italia se mantendrá en su camino de reformas, lo que respaldará su rating actual en «BBB+» con perspectiva «estable». En este escenario, es probable que la deuda pública italiana se mantenga en torno al 145%-150% del PIB durante los próximos años, lo que se traducirá en unas necesidades brutas de financiación de alrededor del 25%-30% del PIB. Con el rendimiento del BTP a 10 años ya en torno al 4%, esto implica un espacio fiscal muy limitado, si es que lo hay, para el próximo Gobierno de Italia, dadas las débiles perspectivas de crecimiento a medio plazo del país», apunta.
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