Los mercados demandan al Reino Unido un plan fiscal «claro y creíble»

28/09/2022

Miguel Ángel Valero. La intervención de urgencia del Banco de Inglaterra para frenar el desplome de la libra y de los bonos, no recupera la confianza de los inversores.

La caída del valor de la libra esterlina y de los gilts, los bonos emitidos por Reino Unido,  tendrá efectos en muchos aspectos de la economía y los mercados del Reino Unido. El lunes, 26 de septiembre, la libra esterlina alcanzó su mínimo histórico frente al dólar, 1,035 dólares, debido a la preocupación por el » mini-presupuesto» anunciado por el nuevo ministro de Hacienda, Kwasi Kwarteng el 23 de septiembre, y duramente criticado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y agencias de rating como Moody’s por su carácter inflacionista y por generar desigualdad.

La situación ha generado una intervención de emergencia del Banco de Inglaterra, que asegura que «está vigilando muy de cerca el desarrollo en los mercados financieros a la luz de la significativa repreciación de los activos financieros británicos y globales».

El banco central deja en suspenso la reducción de su balance hasta, teóricamente, el 31 de octubre para reiniciar las compras de activos, al menos hasta el 14 de octubre. «Si la disfunción en el mercado continúa o empeora, habría un riesgo material para la estabilidad financiera de Reino Unido. Esto provocaría un endurecimiento no deseado de las condiciones de financiación y una reducción del flujo de crédito hacia la economía real», argumenta el Banco de Inglaterra, que examinará las condiciones macroeconómicas, incluyendo las implicaciones de los planes fiscales del Gobierno, en su reunión del 3 de noviembre.

El Banco de Inglaterra tiene previsto comprar al menos 65.000 millones de libras (72.762 millones€) de deuda del Gobierno de Reino Unido en los mercados secundarios. Destinará al menos 5.000 millones de libras (5.597 millones€) a comprar bonos del Gobierno de más de 20 años de vencimiento hasta el viernes 14 de octubre.

No comprará bonos emitidos hace menos de una semana, ni los que la Oficina de Gestión de Deuda del Gobierno se haya postulado a refinanciar, ni en los que tenga más de un 70% del total en circulación

Con respecto al bono británico a 30 años, este miércoles ha alcanzado su mayor rendimiento desde el año 1998. Ha escalado hasta un máximo intradía del 5,142%, tras haber cerrado el martes en el 4,988%. La intervención del Banco de Inglaterra ha hundido el rendimiento hasta un mínimo intradía de 4,263%.

Paul Grainger, responsable de renta fija global y divisas de Schroders, subraya que «la confianza de los inversores se ha visto claramente afectada, dada la falta de visibilidad de un plan fiscal claro y creíble». «La pérdida de confianza y la falta de financiación del proyecto han hecho que la libra esterlina caiga en picado», por lo que «el Gobierno y el Banco de Inglaterra deben elaborar planes creíbles a medio plazo que den confianza a los mercados sobre la inflación, el crecimiento y la política fiscal».

Remi Olu-Pitan, responsable de estrategias multiactivos de rentas y de crecimiento de la gestora, cree que «la combinación de gasto fiscal sin financiación o financiado por un mayor endeudamiento es preocupante y la historia sugiere que no termina bien». «Los inversores necesitan más confianza, y eso tiene que venir tanto del Banco de Inglaterra como del Gobierno para disipar muchos de esos temores. Hasta entonces, los inversores exigirán una prima de riesgo más alta por poseer activos del Reino Unido, y eso tiene que venir bien a través de un mayor debilitamiento de la libra esterlina o de un mayor aumento de los rendimientos de la deuda pública. Por lo tanto, es posible que primero haya que abaratar aún más las condiciones. Se ha perdido algo de credibilidad y es necesario que ocurra algo para que los inversores internacionales adquieran la confianza necesaria para entrar en estos activos baratos», advierte.

Azad Zangana, economista y estratega senior para Europa, explica que «los inversores internacionales de gilts exigen tipos más altos para compensar lo que ahora ven como un mayor riesgo de prestar al Gobierno».

Eiko Sievert, responsable de las calificaciones soberanas y del sector público de Scope Ratings, señala que la decisión del Banco de Inglaterra «de evitar una subida de tipos de emergencia y preferir las compras temporales de gilts a largo plazo para restablecer las condiciones ordenadas del mercado tiene sentido como una forma más rápida y directa de apoyar la estabilidad financiera».

«Está actuando una especie de amortiguador temporal para el alto volumen de emisión de deuda futuro requerido por el Gobierno para financiar los amplios recortes de impuestos anunciados la semana pasada. La credibilidad del Banco de Inglaterra depende de que las compras de bonos se lleven a cabo durante un tiempo limitado y se retiren tan pronto como los mercados se hayan estabilizado”, avisa

El “mini presupuesto” del Gobierno del Reino Unido corre el riesgo de invertir la trayectoria de la deuda en relación con el PIB a medio plazo. «No obstante, esto podría mitigarse si las políticas para el crecimiento son capaces de transformar la producción potencial de la economía a pesar del aumento de la inflación y el endurecimiento de la política monetaria», apunta.

«El Reino Unido (rating: AA/Estable) se enfrenta a un largo periodo de aumento de los déficits presupuestarios debido a los recortes fiscales y al aumento del gasto público para limitar de los precios de la energía para los hogares durante dos años», advierte.

«La política fiscal expansiva aumentará el déficit presupuestario a alrededor del 7% del PIB en 2023, sólo ligeramente por debajo del déficit del 8% alcanzado en 2021 en el pico de la pandemia. Además, se prevé que el déficit se estabilice en el 5% del PIB, lo que elevará la relación entre la deuda y el PIB al 95% en 2027, frente al 91% actual», añade

«El objetivo del Gobierno de aumentar el crecimiento potencial del PIB al 2,5% anual está muy por encima de nuestra expectativa actual, de alrededor del 1,5%. Para mantener la deuda pública con respecto al PIB estable, estimamos que el crecimiento económico tendría que aumentar al menos 0,8 puntos porcentuales por encima de las expectativas actuales cada año. Esto supondría un crecimiento no visto en el Reino Unido desde la década anterior a 2008», remarca.

Además, «las reducciones anunciadas del impuesto de sociedades y del impuesto sobre la renta podrían convertirse en un lastre a más largo plazo para las finanzas públicas, dado que hay poco margen para reducir el gasto público», insiste este experto, que recomienda al Gobierno centrarse especialmente en el mercado laboral, dado que los problemas de productividad están muy arraigados y la tasa de inactividad ha seguido siendo elevada.

No todo es negativo. «El vencimiento medio excepcionalmente largo de la cartera de deuda del Reino Unido, de casi 15 años, frente a los aproximadamente ocho de Francia y España, significa que los costes medios de financiación a los que se enfrenta el Gobierno sólo aumentarán gradualmente», destaca el experto de Scope.

«Será crucial mantener el sólido marco de regulación financiera del Reino Unido para apuntalar la credibilidad de la política económica y la confianza de los inversores», añade.  Garantizar la estabilidad financiera «plantea un reto inmediato y difícil para el Gobierno, ya que la política fiscal choca con la política monetaria».

«Si bien se espera que la inflación general disminuya significativamente debido a la limitación del precio de la energía, el apoyo prestado a las empresas y a los hogares a través de los recortes fiscales ejercerá una presión al alza sobre la inflación subyacente. Teniendo en cuenta la debilidad de la libra esterlina, es probable que el Banco de Inglaterra acelere las subidas de tipos de interés, lo que podría frenar el crecimiento económico», concluye.

Álvaro Antón Luna, Country Head de abrdn para Iberia, subraya que «lo que preocupa a la economía británica es tanto la velocidad como el alcance de la debilidad de la libra esterlina», ya que «El Reino Unido tiene un déficit presupuestario y por cuenta corriente, lo que significa que depende de la inversión exterior para financiarse». «A los inversores internacionales, en particular, les preocupa que se les pida que financien recortes fiscales para los ricos en una economía que funciona con una capacidad de reserva nula, lo que significa que tienen poca o ninguna certeza sobre el valor de la inversión que se les devolverá cuando se ajuste a la inflación y al valor de la libra esterlina», explica.

«Dado que el mercado está preocupado por la sostenibilidad fiscal a largo plazo del Reino Unido y la erosión de la credibilidad institucional, necesita oír que este Gobierno se toma en serio la sostenibilidad fiscal», añade.

Pero este experto admite que «no esperamos ningún cambio importante en la política fiscal trazada por el ministro de Finanzas». «Es posible que el Gobierno avance hacia el
refuerzo de la credibilidad fiscal y detalle un nuevo conjunto de reglas fiscales, pero no verá ninguna razón para alterar el camino en el que se ha embarcado: o funciona y son reelegidos o fracasa y en ese caso la economía se convierte en un problema para el Partido Laborista», argumenta..

«Esperamos que el Banco de Inglaterra aumente el ritmo de las subidas de los tipos de interés oficiales en los próximos meses. «El Gobierno ha hecho que la situación para el Banco de Inglaterra sea infinitamente más difícil al llevar a cabo una enorme relajación fiscal, inyectando más demanda en la economía, en un momento en el que el banco central necesita hacer justo lo contrario», explica.

«Lo que está ocurriendo ahora con los gilts y la libra esterlina no tiene precedentes y, lamentablemente, es algo totalmente autoinfligido. Desde finales de los años 70 un gobierno del Reino Unido no había aplicado una política macroeconómica tan obviamente contraproducente», recalca.

Chris Smith, director de inversiones UK Growth Equities de la gestora británica Jupiter AM, ve el lado positivo: «El Reino Unido está cotizando a una valoración extremadamente baja en relación con su propia historia y con otros mercados regionales. Si una empresa estadounidense o una sociedad de capital riesgo fuera a comprar un activo británico, el momento sería ahora, dada la caída de la libra esterlina»
«El Banco de Inglaterra se queda corto. Los inversores buscan una respuesta del Banco de Inglaterra y del Tesoro para defender la libra esterlina», advierte. «La caída de la libra y la subida de los gilts a 30 años al nivel más alto desde 1998 sugieren que el mercado necesitaba más seguridad y una acción más rápida, y el Banco de Inglaterra respondió y tardó sólo dos días en volver a cambiar su postura. Esto no sólo va en contra de su intención de vender valores, sino que amplía aún más la incoherencia de la política del Reino Unido para estabilizar los mercados», añade.
La situación se ha convertido en «algo similar a una crisis de deuda de mercados emergentes, cuando los inversores extranjeros pierden la confianza en un Gobierno local y venden tanto los bonos como la moneda al mismo tiempo».
«Para detener la caída de la libra esterlina, el Gobierno británico o el Banco de Inglaterra deben restablecer la confianza en la moneda. Esto podría significar un vergonzoso giro en las políticas fiscales del Gobierno, el anuncio de severos recortes de gastos para reducir el déficit presupuestario previsto o una agresiva subida de tipos por parte del Banco de Inglaterra o incluso una reunión de emergencia para «subir los tipos» y estabilizar la libra», advierte.

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