Antes de la tormenta

21/11/2011

Apuntes del natural diarioabierto.es.

Pasó ya casi todo. Aunque ahora vendrá la tormenta. La irresistible ascensión del PP ha dejado un escenario, después de la batalla que, sin duda, marcará el paisaje que nos espera en los próximos años. Pocas o ninguna sorpresa, si no fuera por la subida –tampoco tan inesperada- de IU y UPyD.

No había que ser un lince para intuir que la caída del PSOE sería la que ha sido, por más que muchos esperaran que en el último momento podrían salvarse algunos muebles. Lo que sí es seguro es que ahora conoceremos el programa del PP que no es que estuviera oculto, es que era inexistente.

Algunas claves las han dado ya: imposibilidad de financiar la ley de Dependencia, recortes drásticos en el gasto público –casi todo social- y recurso a la herencia recibida que nos perseguirá durante los próximos años. Si, en principio Rajoy calificaba de intocables la educación, la sanidad y las pensiones, al final desveló que lo único intocable serán las pensiones. Y depende.

No soy de los que dicen que ahora con el PP la gente se enterará de lo que vale un peine y que lo que nos pase lo tendremos bien empleado. Con el PSOE lo cierto es que ya nos enteramos de lo que vale la peineta.

En la misma noche electoral escuché a algunos sesudos analistas pidiendo casi a gritos la dimisión de Rubalcaba. No sé de qué. Pero dimisión. A mí, que no soy del PSOE, me ha parecido que ha hecho un trabajo digno y valiente. Y más que pedir su dimisión habrá que pedir su continuidad para que, en la medida de lo posible, defienda en el congreso lo que prometió en campaña.

No ha perdido este país ese espíritu de los hijos de Álvar González. Y somos muy dados al sacrificio ante la zarza en llamas. Sacrificar a Rubalcaba o a Carmen Chacón, ¿para qué? No sé si los socialistas pueden darse el lujo de perder dos figuras políticas que cuentan, a pesar de los resultados, con un amplio respeto popular.

En mi opinión, creo que el PSOE tiene ahora cuatro años para recomponerse, volver a sus raíces y reflexionar sobre una política que les ha llevado a donde están. Tiempo les queda para hacerlo y no perder sus energías en acuchillar a sus líderes.

Y entre esas reflexiones está, sin duda, la de analizar si era necesario abordar unas reformas de salvapatrias que les destrozaban, además, sus principios fundamentales. Reformas que muy poco han hecho ante el verdadero problema: unos mercados que han impuesto por encima de la democracia el valor del dinero y el capitalismo salvaje.

No sé yo si no hubiera sido más decente y más práctico resistir en la defensa de los valores de soberanía, del trabajo, del estado del bienestar y de la democracia.

Vayamos a los versos. Releamos, de Francisco de Quevedo, este soneto de amor que bien puede interpretarse al rescoldo de esta derrota socialista:

Dejad que a voces diga el bien que pierdo,

si con mi llanto a lástima os provoco;

y permitidme hacer cosas de loco:

que parezco muy mal amante y cuerdo.


La red que rompo y la prisión que muerdo

y el tirano rigor que adoro y toco,

para mostrar mi pena son muy poco,

si por mi mal de lo que fui me acuerdo.


Óiganme todos: consentid siquiera

que, harto de esperar y de quejarme,

pues sin premio viví, sin juicio muera.

De gritar solamente quiero hartarme.

Sepa de mí, a lo menos, esta fiera

que he podido morir y no mudarme

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