El camino interminable

08/10/2022

Miguel Ángel Valero. Se equivoca quien crea que la llegada a Santiago es el final del camino. Porque es el inicio de otro que nos llevará al lugar que nos merezcamos en la vida.

Se equivoca quien crea que la llegada a Santiago es el final del camino. Podrá ser el final del Camino (aunque los puristas defienden que no se ha terminado hasta llegar a Finisterre y dejar la piedra, para quedar limpio como la piel de un bebé), pero no de esa metáfora de la vida, que es seguramente la clave de su éxito mundial.

Igual que la muerte no es el final, sino el principio de algo que no se sabe muy bien qué es porque solamente un ser humano salió de su tumba gracias al Levántate y anda, pero luego tuvo que volver a ella y nunca dejó testimonio de lo que pasó entre medias, Santiago es el inicio de otro camino. Una ruta interminable, que paso a paso hace frontera de la vida para llevar a otra dimensión.

De momento, el VI Camino Cojebro ya se ha convocado del 23 al 29 de septiembre, con la Vía de la Plata, otra de las rutas oficiales que conducen al Apóstol.

Antes, los kilómetros finales, que ya no suman, sino que restan, la llegada a la Alameda, a saludar a las dos Marías, la reunión en la explanada de la catedral, los abrazos, las fotos, el breve descanso en el Parador y el cóctel con pulpo a la feira en su hermoso patio.

Luego, la Misa del Peregrino, con la catedral ya en pleno esplendor. La alocución del presidente de Cojebro, Antonio Muñoz-Olaya, ponderada pero contundente, precisa, un tanto larga (aunque se agradece la mención de diarioabierto.es, tan digno como otros, y tan necesitado, de recibir la protección del Apóstol). La cena de gala, con la impresionante voz de Lucía Pérez y la magia interpretativa de Toni Acosta.

Me quedo, sobre todo, con lo que no se ve, con lo que solo se percibe cuando hay un fallo o un error: el magnífico trabajo logístico de mover a 172 personas que entran y salen cada una a días y horas diferentes, con necesidades distintas y variopintas (pienso, por ejemplo, en lo que tiene que sufrir una persona celiaca en situaciones de este tipo), los avituallamientos, los carteles, los transportes, los traslados, los previsibles imprevistos de última hora, las urgencias. Toda una lección de eficiencia que descansa sobre todo en un grupo de voluntarios, no en una subcontrata, que es lo más cómodo.

Y luego desgraciadamente la vuelta a la cruda realidad, sin que una semana fuera haya resuelto ninguno de los problemas que sufre la humanidad.

Del segundo Camino que hago en la vida, y de la tercera visita a Santiago, a la catedral y al Apóstol, me quedo con la oración de Tomás de Aquino, que pedía ser «sincero sin hipocresía». Y lo que decía Gregorio el Grande: «si la verdad provoca escándalo, es mejor permitir el escándalo que abandonar la verdad».

Esto lo escribe alguien que siempre dice lo que piensa, aunque en ocasiones no piensa lo que dice.

También con tres mensajes recibidos en los escasos momentos de lectura de estos días:

  • Quino, a través de Mafalda: «Lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre».
  • José Luis Martín Vigil, en «Un sexo llamado débil»: «No hay peor problema que el que no se plantea. Ése no se resuelve».
  • Del mismo autor y obra: «Una falsa solución es como una verdad a medias, que suele ser la peor de las mentiras».

Posdata

Dedicado a un presunto asegurador con ínfulas metafísicas y aparentes graves problemas ontológicos, y a un riojano cabezón que finalmente tuvo que usar bastón. Sin haberlo pensado, me ha salido un pareado.

Buen camino, y que la vida os lleve donde os merezcáis estar.

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