Tanto el Banco de España como el Fondo Monetario Internacional disienten del escenario macroeconómico que el Gobierno ha plasmado en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE). Ambos organismos son más pesimistas en cuanto a la evolución de la economía española. Los que sigan esta columna ya saben que nunca doy la batalla por décimas arriba o décimas abajo en unas previsiones que en ningún caso acaban cumpliéndose. Pero hay una consideración por medio. Ni el BE ni el FMI tienen que afrontar unas elecciones regionales y locales en la próxima primavera. El Gobierno, sí. Es más, si en dichas elecciones las cosas le fueran mal al partido del Gobierno, a lo peor tendríamos unos comicios generales en el horizonte del mismo año.
Los PGE ponen toda la carne en el asador para tratar de frenar la caída de la actividad económica. Calificar de expansivas las cuentas que ha presentado Hacienda es quedarse cortos. El gasto es impetuoso y la sacudida fiscal para justificarlo es explosiva y, sin embargo, el Ejecutivo apunta con ello un crecimiento pírrico y una evolución de la inflación poco creíble.
El FMI ya advierte (lo hace en general, pero es inevitable mirar nuestro propio ombligo) que se pueden atenuar los efectos negativos de la transición desinflacionaria en los colectivos más vulnerables con políticas redistributivas concentradas en esos colectivos, pero hay que hacerlo muy selectivamente y no a costa de olvidarse de corregir el déficit y la deuda. Los gobiernos, asegura la institución, habrán de tomar decisiones difíciles en la composición del gasto. Y señala como necesario evitar las subidas salariales planteadas en el sector público por encima del IPC o las rebajas de impuestos generalizadas (una llamada a siniestra y a diestra).
Insiste el FMI en que los estados deben suavizar las tensiones por exceso de demanda agregada (la laxitud en el gasto podría contrarrestar el efecto deflacionario de la política monetaria) y los mercados laborales recalentados.
El Fondo no se refiere solo a España, pero la advertencia nos queda como un guante.
Luz roja alemana
Un asunto muy importante en el informe del FMI es el pronóstico de recesión en Alemania y en Italia en 2023. Para España, el desfallecimiento alemán puede tener consecuencias muy graves. Las decisiones del Gobierno alemán para paliar los efectos de la inflación son cuestionadas en el propio Ejecutivo de Olaf Scholz, aunque sean comprensibles con una guerra a tiro de fusil de su casa. Si los halcones alemanes se sintieran muy presionados, las garantías del BCE para la estabilidad de las primas de riesgo para Italia y España podrían ser víctimas propiciatorias.
Sería un desastre para nuestro país, con unas cifras enormes de recolocación de deuda en próximos ejercicios.
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