El declive de la productividad y la competitividad

20/10/2022

Hernando F. Calleja.

Una mirada basta para comprobar que la economía española no es un dechado de productividad. De hecho, la productividad laboral por persona, en relación con la Unión Europea a 27, ha bajado 8,9 puntos en el periodo 2010-2021, un descenso más que preocupante habida cuenta de que el territorio de la Unión Europea es nuestro mercado más relevante.

Este deterioro de la productividad laboral por persona tiene que ver con muy diversas cuestiones como el retraso tecnológico, las deficiencias del sistema nacional de Investigación, el tamaño de las empresas, que condiciona la asunción de nuevas tecnologías, las condicionantes reguladoras y la sobreactuación administrativa, la insuficiencia financiera y, sin agotar las causas, los problemas continuos que depara la pésima regulación laboral, anclada en los años ochenta del siglo pasado y las carencias de las empresas en materia de gestión.

A efectos prácticos, esta productividad en declive lo que supone es una caída de la competitividad en los sectores que están abiertos al mercado, pero también en las multiplicadas administraciones públicas, de las que nadie quiere acordarse al enunciar las reformas estructurales urgentes que necesita el país.

La balanza comercial es un exponente, probablemente el más claro, de la mengua de productividad y de la consecuente pérdida de competitividad. Baste decir que en los ocho primeros meses del año, el déficit comercial se ha multiplicado por 4,3 veces respecto al mismo periodo del año pasado. O, si se quiere, ha pasado de 10.800 millones a 46.461 millones.

Es cierto que la crisis energética ha provocado que los precios de esta rúbrica se hayan disparado, por eso conviene aportar también los resultados en volumen de exportación. Y aquí volvemos a constatar que mientras las exportaciones crecieron, en el periodo al que me vengo refiriendo, el 5,2 por ciento, las importaciones crecieron más del doble, el 11,6 por ciento.

Con datos oficiales, los sectores exportadores en los que somos deficitarios suman el 71 por ciento del total, en tanto que los sectores exportadores en los que tenemos superávit, solo representan el 29 por ciento de las exportaciones totales, destacando entre los primeros las rúbricas de Alimentación, bebidas y tabaco, los productos químicos, los bienes de equipo, la energía y las manufacturas de consumo. En cuanto a superávit,  tienen importancia cierta los obtenidos por las semimanufacturas de consumo y el automóvil (el 22,6 por ciento de lo vendido en el exterior.)

Este es el panorama real de nuestra productividad laboral por persona y de nuestra competitividad exterior. No es para tirar cohetes de entusiasmo, pero esto no pondera en las decisiones de los ciudadanos en las elecciones, así que tranquilos, políticos. Sigan a lo suyo.

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