La amenaza de vulneración de la privacidad en proyectos de Internet de las Cosas es real

28/12/2022

Daniel Garrote, director de máster en Nuclio Digital School. Cada vez habrá más cosas conectadas.

Internet of Things (IoT) o Internet de las Cosas es un conjunto de tecnologías que permiten la conectividad entre dispositivos y el desarrollo de nuevas soluciones de “sensorización” —detección mediante sensores— para obtener datos donde antes no se podían obtener. Esta conectividad y “sensorización” permite desarrollar soluciones de automatización de procesos, monitorización de sistemas, implementación de sistemas de mantenimiento predictivo en entornos industriales, geolocalización de personas y objetos, sistemas de alarma, etc.

Algunas de las aplicaciones más interesantes de IoT pueden ser en automatización de procesos, implementando operaciones más eficientes; en sostenibilidad, ahorrando recursos naturales y mejorando los sistemas de reciclaje y uso energético, y en general en el uso de datos masivos de diferentes orígenes. Algunos de los sectores en los que ya se están implantando soluciones muy interesantes de IoT son:

♦ Agricultura y ganadería. Monitorización con drones, automatización de invernaderos, seguimiento y trazabilidad de ganado…
 Energía. Monitorización y mantenimiento de activos remotos, automatización de procesos, balanceos de red…
♦ Finanzas. Mejora de la experiencia de usuario en sucursales y oficinas, automatización de procesos comerciales, uso de cajeros automáticos inteligentes…
♦ Salud. Monitorización remota de constantes vitales de pacientes, atención personalizada con wearables, seguimiento de personas dependientes, sistemas de alerta ante accidentes, etc.
♦ Industria y fabricación. Monitorización remota de equipos de planta, “sensorización” de equipos para gestión de incidencias y averías, trazabilidad de cadenas de suministro, gemelos digitales…
♦ ‘Retail’. Personalización y mejora de experiencia de usuario, gestión inteligente de inventarios, desarrollo de tiendas totalmente automatizadas y autogestionadas, etc.
♦ Transporte y logística. Gestión inteligente de almacenes, monitorización de mercancías delicadas, gestión de flotas y trazabilidad en tiempo real…
♦ ‘Smart cities’. Aparcamiento e iluminación inteligente, optimización de la recogida de residuos, mejora en la seguridad ciudadana, etc.

En entornos domésticos los usos son enormes. Algunos ejemplos pueden ser: gestión inteligente de la energía mediante el uso de termostatos inteligentes, válvulas de radiadores conectadas o bombillas inteligentes que solo se enciendan cuando detecten personas en la habitación, sistemas de alarma con monitorización de apertura de puertas y ventanas, detección de movimiento y detección de fuga de gases y líquidos, sistema de monitorización de instalación eléctrica para controlar consumo y prevenir anomalías, subida y bajada de persianas automatizada en función de horarios o claridad, plegado de toldos en caso de lluvia, sistemas de riego inteligente que solo funcione en función del nivel de humedad de la tierra, etc. Las posibilidades son infinitas.

Privacidad en peligro
La amenaza de vulneración de privacidad en proyectos IoT es real y en muchos casos hace que las soluciones tarden más en implantarse, o incluso que se decida dejar pasar alguna oportunidad. Sin embargo, si los proyectos se implementan siguiendo los estándares y respetando la normativa de ciberseguridad de cada país o región, el usuario no tendrá que renunciar necesariamente a su privacidad.

Imagen: Gerd Altmann (obtenida en pixabay.com y modificada).

La normativa es muy estricta y establece cómo deben ser las soluciones IoT para que siempre garanticen la seguridad de los datos de usuario y sus derechos de privacidad. Muchos datos que recogen los sistemas IoT son anónimos y los que incluyen información personal, siempre deben haber sido aceptados por el usuario. En cualquier caso, los riesgos de pérdida de privacidad se compensan con las ventajas que ofrecen las soluciones IoT en la mejora de la calidad de vida de los usuarios.

IoT y ‘cloud computing’
El cloud computing —computación en la nube— es un nuevo paradigma que propone el acercamiento de la capacidad de cómputo y almacenamiento al lugar donde se generan los datos. Durante los últimos años la tendencia ha sido a llevar toda la capacidad de cómputo y los servicios tecnológicos hacia la nube, con grandes proveedores como Amazon, Google o Microsoft. Sin embargo, las soluciones de IoT requieren latencias muy bajas y anchos de banda muy altos, por lo que en muchos casos es más eficiente volver a acercar a las fábricas y centros de generación de grandes volúmenes de datos la capacidad de almacenamiento y cómputo.

Y en un futuro, ¿estarán todas las cosas conectadas a Internet? La tendencia parece indicar que cada vez habrá más cosas conectadas, pues no solo se fabrican cada vez más electrodomésticos y otras máquinas incluyendo conectividad, si no que se trabaja en iniciativas para conectar dispositivos ya existentes que antes no estaban conectados. El precio de la tecnología cada vez es más bajo y las tecnologías de comunicación son cada vez más avanzadas, de manera que cada vez se facilita más la conectividad entre dispositivos.

Ciudades inteligentes con IoT
El concepto smart city —ciudad inteligente— está relacionado con la aplicación de las tecnologías IoT y otras tecnologías emergentes en el ámbito de las ciudades y los servicios al ciudadano. Las soluciones de conectividad permiten recoger datos de las ciudades para planificar servicios de manera más inteligente y eficiente.

Algunos ejemplos de IoT aplicado a las smart cities pueden ser la instalación de sensores en contenedores de basura para realizar una gestión más eficiente de la flota de camiones de recogida (que se configure la ruta en función del estado de llenado de cada contenedor); el geoposicionamiento de la flota de camiones de basura, ambulancias y otros vehículos de servicios públicos, para monitorizar el tráfico y la posición de cada vehículo; el uso de farolas inteligentes que solo se enciendan cuando hay usuarios en la vía; la instalación de estaciones meteorológicas conectadas para saber la calidad del aire y posibles incidencias, como por ejemplo las fugas de gases en tiempo real; la gestión inteligente de semáforos para que funcionen en relación al tráfico real, y no simplemente a un contador de tiempo, etc. O la mejora en la infraestructura de comunicaciones para permitir la integración de diferentes dispositivos conectados de manera inalámbrica.

Daniel Garrote es director del Máster de IoT de Nuclio Digital School (@nuclioschool, en Twitter). Ingeniero informático, consultor tecnológico, catedrático de universidad y emprendedor, Garrote cuenta con una trayectoria de más de 20 años, trabajando en grandes compañías como BBVA, Telefónica y Cepsa.

 

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