El personal anda alarmado (un poco, bastante, mucho, según su grado de conocimiento) por la remontada de los tipos de interés que ha deparado la primera subasta del Tesoro en este año. Va a tener ocasión de alarmarse un grado más a medida que avance este 2023 en el que el Tesoro Público va a efectuar emisiones brutas por 256.846 millones de euros, lo que supone un 10,4 por ciento más que en el año anterior, a través de 48 subastas.
Pese al triunfalismo dominante en el Ejecutivo, que afirma en un documento oficial nada menos que “espera que se mantengan los intereses de la deuda del Estado sobre el PIB”, aunque lo fía a lo bien que va a ir la economía española y a nuestra buena imagen de solvencia, aunque este último concepto está mediatizado por la prometida salvaguarda de Bruselas para sostener la prima de riesgo.
El caso es que el toque de alarma de los tipos en esta primera oferta del año no debería de sorprender, porque ya 2022 ha dejado señales inequívocas de la evolución del coste de la deuda que comenzaron el ejercicio en tasas negativas y lo cerraron en positivo. Por poner sólo un ejemplo, para no aburrir, las letras a seis meses cerraron 2021 en un tipo del -0,558 y acabaron 2022 en un tipo del 2,380.
Uno se pregunta si las previsiones del Gobierno (en general de todos los gobiernos) son tales o simples pronósticos, porque están basados en elementos mágicos que solo en algunos casos aciertan, como las cabañuelas de los labriegos. En este caso, el riesgo de colocar un 10 por ciento más de deuda bruta no está ni en la cantidad ni en la demanda que pueda llegar a tener, sino en el coste que representará colocarla. Sin el tragaldabas que ha sido el BCE para la deuda pública en los tres últimos años, todo cambia y a peor.
Algunos miembros del Banco Central Europeo hablan de que este año puede ser la ocasión en la que se cierre o quede en mínimos la diferencia de tipos entre Estados Unidos y la Unión Monetaria. Del otro lado del Atlántico se observa una esperanzada corrección de la inflación, aunque no tanto la subyacente, que animaría a la FED a reducir el monto de las subidas en los próximos meses, pero a prolongarlas durante más tiempo. Con las tres subidas de retraso que lleva el BCE respecto a la FED, hay que ponerse en guardia ante las próximas decisiones del Lagarde and Co.
Pero en un año electoral conviene que estas cosas queden como un juego de iniciados que no tiene incidencia en la gente. El Ejecutivo va a derramar el dinero con la generosidad de una tomatina y los ciudadanos van a disfrutarlo como un nuevo maná, al que tenemos derecho después de aguantar a una reata de políticos como la que padecemos en los distintos niveles administrativos.
Cualquier cosa para olvidar que cada ciudadano, tiene contraída una deuda de 32.000 euros por el simple hecho de ser español. Todo un título.
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