Censura, que algo queda

03/03/2023

Maite Vázquez del Río.

La moción de censura es una herramienta que tiene la democracia. Los 52 diputados de Vox lo saben y es la vía elegida para protestar desde la extrema derecha contra el Gobierno socialista-comunista. Claro que el momento elegido no es otro que cuando están a la vuelta las elecciones autonómicas y locales. Cualquier intento es bueno para ganar votos.

En el Congreso de los Diputados siempre ha habido crispación. En la memoria están los enfrentamientos entre González y Aznar con aquel «Váyase, Sr. González». Más que crispación era el tono irritante empleado. Desde entonces las contiendas han ido a más. Con la llegada de nuevos actores (Ciudadanos, Podemos y Vox) la cuestión ha empeorado. Jamás antes se habían escuchado tantos insultos, ofensas y llamadas al orden.

No olvidamos que Sánchez comenzó a gobernar partiendo de una moción de censura contra Rajoy. Y que el actual presidente del Gobierno es la segunda moción de censura que tiene que afrontar en esta legislatura. Las dos presentadas por Vox. Y en la primera, a sabiendas que no logrará los votos suficientes, sí consiguió que el entonces dirigente del PP, Pablo Casado, se posicionara: dio un no rotundo a Vox. En esta segunda, Alberto Núñez Feijóo, que quiere granjearse el título de moderado, de momento ya ha anunciado que su grupo se abstendrá. No en vano, está por detrás la coalición del PP con Vox en Castilla y León o su alianza -hasta este enero, ya que están a la gresca por la proximidad de las elecciones- en Madrid. No se puede olvidar que fue Feijóo el que el dio el visto bueno a cogobernar con Vox en Castilla y León, justo cuando Casado fue retirado de la presidencia del PP.

Vox, además, ha dado el golpe de mano presentando como candidato a un ilustre economista y excomunista como es Ramón Tamames, que se me antoja que tras una trayectoria brillante, a sus 89 años, puede terminar por quitar lustre al prestigio adquirido a base de conocimiento, trabajo y una gran inteligencia.

Que Vox no esté de acuerdo con la política socialista-comunista es de Perogrullo. No ha habido ni una sola iniciativa del Gobierno que votara a favor, pese a todas las medidas que se tuvieron y tienen que aprobar para afrontar acontecimientos desconocidos como una pandemia mundial y, más recientemente, una crisis energética y de precios derivada de la guerra en Ucrania. Más bien toda la ‘operativa’ política de Vox se ha centrado en intentar destruir, con visitas permanentes a los tribunales, empezando por el Constitucional, su favorito. Deshacer lo hecho, pero sin una alternativa a los ERTE, el impuesto mínimo vital, bajadas del IVA a combustibles y ciertos alimentos, subida de pensiones, del Salario Mínimo… o frenar libertades como la ley del aborto, la ley trans, o lo articulado para frenar la violencia machista que, según Vox, no existe.

La segunda moción de Vox, por tanto, ya no viene a intentar gobernar para hacer mejor las cosas. Es simplemente un movimiento político, un movimiento de publicidad electoral, que todos debemos pagar. Resta tiempo en la marcha normal del legislativo y dinero de todos los contribuyentes que debemos pagar esa pantomima («patochada» llamó Aitor Esteban del PNV la anterior moción de censura) , a sabiendas perdida de antemano. Pero como acabo de escribir, Santiago Abascal espera conocer de primera mano la posición que el PP mantendrá respecto a Vox en los próximos meses, cuando espera que en algunas comunidades o ayuntamientos deba negociar un gobierno de coalición, y en segundo plano, intentar desgastar a Pedro Sánchez.

En España criticar es lo que mejor se nos da. Ningún gobierno desde que comenzó la etapa democrática ha conseguido el 100% de los apoyos, porque es imposible gobernar a gusto de todos cuando las posturas están confrontadas dentro de la propia sociedad. En eso consiste la democracia. En el PSOE consideran que esta moción de censura les servirá para poner en valor, aún más, los avances conseguidos por el Gobierno, mientras sus socios consideran mejor no perder el tiempo en escuchar a Vox y solo ir a votar en contra la de propuesta.

Vox considera que volverá a tener su «momento de gloria» en el Congreso para seguir dejando su poso antisocialista, mientras en La Moncloa consideran que mejor que hablen de mí, aunque sea mal… En definitiva, para las dos partes afectadas se puede aplicar esa máxima de… censura (critica), que algo queda.

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