Europeos de boquilla

07/03/2023

Hernando F. Calleja.

Desde su origen, la Unión Europea ha sufrido de dualidad congénita en dos aspectos fundamentales. Uno, sobre el que no me voy a extender, es la dualidad de propósito entre los que cabría clasificar de unionistas y los que solo aspiran a un modelo intergubernamental. La otra dualidad congénita es la que viene de la entidad política y de la entidad económica o si se quiere, la que separa la Comunidad Europea de lo que por muchos años llamamos Mercado Común.

Leopoldo Calvo Sotelo, siendo ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas, planteaba esta cuestión ya en 1978. “¿Viene España a Europa por razones políticas o por razones económicas? ¿Se incorporará España a una Europa política o a una  Europa económica? Esta disyuntiva de la política y la economía encierra el germen de la contradicción del ideal europeo. De la misma manera que la materia es una, pese a la estructura interna de sus diferentes componentes, Europa tiende a ser una, pese a su problemática interior diversa en el orden político, económico, social o hasta psicológico”.

Pasado el tiempo, puede parecernos que ese debate ha sido superado porque tenemos, por ejemplo, una Unión Monetaria sólida y una política exterior común. Sin embargo, lo acaecido con el anuncio de cambio de residencia de Ferrovial, se han vuelto a plantear los mismos interrogantes que hace cuarenta y tantos años. Planteamiento, que por otra parte no se hace o no se ha hecho en su justa medida, con la ingente cantidad de dinero europeo que nos llega de los fondos europeos o de las ventajas que nos representa la protección europea mancomunada, a la hora de manejar nuestra ingobernable deuda pública.

Damos por normal que la Unión Europea no salve de los errores que tenazmente comentemos; consideramos natural apelar a los tribunales europeos a nada que los nacionales no sostengan nuestras tesis, pero consideramos indecente la libertad de movimientos de capitales, cuando van de aquí a otros países (y no al contrario, claro).

La desaforada reacción gubernamental sobre este caso de aprovechamiento de las oportunidades que ofrece Europa a todos sus ciudadanos lo que de verdad revela es que los europeos de boquilla en España son muchos y algunos de ellos ocupan importantes cargos públicos. Ser europeo, hoy, no es sólo transitar sin fronteras por el mayor espacio de libertad del mundo, es que esa misma libertad abarque todos los órdenes, incluida, por supuesto, la defensa de ese espacio de libertad.

La Unión Europea ha sido un ideal para muchas generaciones, a sabiendas de que nunca será perfecta, completa. Tampoco lo son los estados que la forman y no por ello renunciamos a vivir en ellos. La virtualidad de la Unión Europea es su capacidad demostrada de perfeccionamiento, que atrae continuamente a otros países a llamar a sus puertas. Hemos tenido la suerte de asistir como ciudadanos de la Unión al periodo de mayores transformaciones institucionales desde aquella CEE en la que ingresamos por méritos propios y por voluntades solidarias ajenas.

Maldecir a quienes actúan en el ámbito europeo, aprovechando en cada caso las oportunidades que les ofrece, desde un universitario Erasmus a un trabajador de los países de menor nivel de vida, es tan torpe como ridículo; tan estúpido como incomprensible.

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