Estar solo duele

26/03/2023

Miguel Ángel Valero. "Los seres humanos necesitan nutrición, ejercicio, un propósito y los unos a los otros", según los directores de una investigación con 95 años de historia.

En 1938, cuando EEUU se esforzaba por salir de la Gran Depresión iniciada con el crack de la Bolsa en 1929, la Universidad de Harvard puso en marcha un ambicioso proyecto: el Estudio sobre el Desarrollo en Adultos. Sus responsables eligieron a 724 ciudadanos, a los que estuvieron durante años estudiando, entrevistando, haciendo análisis y siguiendo su desarrollo profesional y personal. De la magnitud del proyecto da idea un dato: los 724 participantes iniciales han cedido el paso a más de 1.300 descendientes.

Este seguimiento durante casi un siglo es el origen de «Una buena vida», del psiquiatra Robert Waldinger y del psicólogo Marc Schulz (Planeta, 403 páginas, traducción de Gema Moraleda), actuales directores de la investigación iniciada hace 95 años, y presentada como «el mayor estudio mundial para responder a la pregunta más importante de todas: qué nos hace felices?

La obra, una combinación de divulgación científica, historias personales y consejos prácticos, densa y atiborrada de citas que invitan a la reflexión, muestra la disparidad de opiniones. Por ejemplo, uno de los participantes confiesa que su principal temor es no ser el primero en morir: «quedarme aquí sin ti», le dice a su esposa.

También evidencia que la memoria humana es imprecisa, incluso inventiva. Y que «a las personas se nos da fatal saber qué nos conviene», subrayan los autores.

Pero sobre todo pone de manifiesto que las buenas relaciones nos mantienen más sanos y felices. «Una vida con buenas relaciones destaca por su potencia y consistencia», subrayan Waldinger y Schulz.

Como dice Lao-Tse, «cuanto más das a los demás, mayor es tu abundancia». Aunque los autores precisan que «somos especialmente malos a la hora de pronosticar los beneficios de las relaciones».

«Los seres humanos nunca son más felices que a edades avanzadas. Se nos da mejor maximizar lo bueno y minimizar lo malo. Nos molestan menos las cosas pequeñas que salen mal y se nos da mejor distinguir entre lo que es importante y lo que no», argumentan.

Estar solo duele, porque los seres humanos «son criaturas sociales, cada uno de nosotros como individuos no podemos proporcionarnos todo lo que necesitamos», porque «somos quienes somos por el lugar que ocupamos en relación con el mundo y con los demás».

«La mente siempre está llena de pensamientos sobre nosotros mismos, el futuro y el pasado», insisten los autores.

«Los seres humanos necesitamos nutrición, ejercicio, un propósito y los unos a los otros», recalcan  Waldinger y Schulz. «Las personas más conectadas con la familia, los amigos y la comunidad son más felices y están físicamente más sanas que las personas que están peor conectadas. La salud de las personas que están más aisladas de lo que desean se deteriora antes que la de quienes se sienten conectados con los demás. La vida de quienes se sienten solos también son más cortas», explican.

«la vida es caótica y cultivar buenas relaciones incrementa la positividad de ese caos e incrementa la probabilidad de que sucedan encuentros beneficiosos», remarcan. «Cuanto más nutramos las relaciones positivas más probabilidad tendremos de sobrevivir e incluso florecer en este camino lleno de baches», añaden.

Porque «existe el peligro de que la vida se deslice entre nuestros dedos sin que nos percatemos de ello», avisan. «Es crucial apoyase en las relaciones que pueden sostenernos cuando las cosas se tuercen», concluyen.

 

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