Esta legislatura del Gobierno de coalición de Pedro Sánchez le ha venido bien a los trabajadores. La evolución económica, pese a pandemias, crisis, guerra e inflación, le ha venido bien a las empresas. Siempre he oído que el dinero es de derechas. Se pretende conservar y ampliar. Y a eso se dedican las empresas, a sacar el máximo de beneficios con los menores gastos. Los empresarios arriesgan, los trabajadores, trabajan.
Así las cosas, entramos en el último Primer de Mayo en el que Pedro Sánchez estará como presidente del Gobierno de esta legislatura. Haciendo un repaso rápido de lo realizado en el terreno laboral, se puede decir que han sido muchos los palos que se han tocado: los ERTE que salvaron tantos empleos (a lo largo de los momentos más álgidos de la pandemia el 65% de los trabajadores estuvo acogido a un ERTE, según el Banco de España); la subida del salario mínimo (desde 2019 ha pasado de 900 euros a 1.080 mensuales), la reforma laboral, que ha reducido significativamente la temporalidad; la reforma de las pensiones, que ya veremos si logra la sostenibilidad financiera del sistema; la mejora de las empleadas de hogar, de los riders, autónomos… En fin, en los departamentos de Trabajo y de la Seguridad Social no han parado y, en la mayoría de los cambios tras haber alcanzado acuerdos con la CEOE y CCOO y UGT.
Sin embargo, hace poco más de un año el diálogo social se ha torcido. La reforma de las pensiones que se hizo en “dos partes”, sólo consiguió el acuerdo de la CEOE en la primera parte. Y poco antes se habían extendido las discrepancias de su presidente, Antonio Garamendi, con algunas medidas del Gobierno como los impuestos a la banca y a las energéticas… hasta llegar a la marcha voluntaria de Ferrovial a los Países Bajos. Ninguna norma laboral, fiscal o económica ha sido del agrado de la patronal en los últimos doce meses. No me gusta ser mal pensada, pero esta oposición a ultranza coincide con la llegada de Alberto Núñez-Feijóo a la presidencia del PP y a que cada vez todos los partidos políticos están más nerviosos por las elecciones autonómicas y locales del 28M y que Pedro Sánchez deberá convocar elecciones generales a finales de este mismo año.
Con estos mimbres, la buena relación entre la CEOE y los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, también se ha visto resentida. De la máxima colaboración -en un ejercicio de responsabilidad casi si precedentes por los avatares de la pandemia, la economía y la guerra- se ha pasado a ver a una patronal que dilata y dilata y dilata el acuerdo de convenios, que debe recoger la subida salarial.
No es de extrañar el enfado de los sindicatos cuando ven las cuentas trimestrales y anuales de las empresas con beneficios a espuertas, mientras la subida salarial se retiene con el argumento peregrino que las cosas pueden empeorar y más vale prevenir que curar. Vamos que las empresas ganan como nunca y los trabajadores, con la inflación disparada, pierden como nunca poder adquisitivo.
Algunos estudios, como el de Michael Page, reconocen una pérdida de poder adquisitivo en el último año: la media de subida salarial fue de un 2,78% y la inflación del 8%. El descontento ha llegado a los puestos de trabajo porque los empleados no entiende que la buena marcha de la empresa no se traduzca en mejoras salariales. En algunos sectores han empezado a corregir la situación con subidas históricas como la de Airbús España (más del 10%) o Telefónica (7,8%), como ejemplo, aunque ha habido muchos más.
Los sindicatos han puesto sobre la mesa de negociación con la CEOE una subida salarial del 13,84% entre 2022 y 2024 (del 5%, 4,5% y 3,75%). La patronal sólo ha dicho que está dispuesta a negociar, aunque no hay fecha para una reunión.
Con estos precedentes los sindicatos encaran el Primero de Mayo, fecha emblemática para realizar todas las reivindicaciones. Y para este año, como no podía ser de otra manera, la subida salarial es el objetivo. “Subir salarios, bajar precios y repartir beneficios” es el lema y el objetivo marcado. Si no se consigue, ya han avisado, “habrá bronca”. Y es que en esta ocasión y ante tanto beneficio frente a la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, los sindicatos quieren además de subir los salarios, teniendo en cuenta cómo evoluciona la inflación y la productividad, que también los trabajadores participen en el pastel de los beneficios.
La época electoral no es buena cuando que se tienen que adoptar medidas esenciales para los ciudadanos. Hay demasiados intereses partidistas para poder ver el monte.
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