Mientras el ámbito político intenta salvar los trastos del euro, con reforma de los tratados de la Unión incluida, sanciones a rajatabla y déficit por decreto, bajo una “gobernanza” creible de la eurozona, un recién llegado como es Mario Draghi, deberá asumir la responsabilidad de volver a bajar por segunda vez los tipos de interés como presidente del BCE. Dos meses de mandato, dos bajadas.
Tras la reunión de Angela Merkel y Nicolas Sarckozy de este lunes y contactos permanentes y diarios, este jueves habrá un nuevo encuentro de los partidos de derecha de la UE, donde Mariano Rajoy se estrenará ya como presidente español ofreciendo sus “recetas” para reducir el déficit público y que España cumpla como un país que quiere ser parte de la locomotora europea. El futuro presidente español aprovechará esta reunión para entrevistarse con Merkel y Sarkozy, en el ejercicio de un cargo que ocupará el próximo 21 de diciembre.
Pero también este jueves Draghi deberá hablar por segunda vez desde que ocupa la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). Nada más llegar, autorizó el primer recorte de tipos, dejándolos en el 1,25%. Para este jueves se espera que los tipos alcanzar su nivel más bajo, el 1%. Además dejará buena imagen al secretario del Tesoro norteamericano, Tim Geithener, quien también a lo largo de esta semana se ha desplazado nuevamente a Europa para entrevistarse con sus principales mandatarios a fin de conocer in situ las medidas que se están a punto de adoptar en la Cumbre Europea de Marsella de este viernes y sábado.
Draghi tendrá a toda economía mundial pendiente de su decisión ante las presiones a que se está sometiendo en las últimas semanas al BCE. Ahora por mucho que pida Merkel, lo que menos importa en Europa es qué ocurre con la inflación. Pero las economías europeas necesitan que los tipos de interés estén aún más bajos, como ocurre en Estados Unidos o Japón, economías en las que los tipos se encuentran en el entorno del cero.
En los cónclaves europeos se habla mucho del déficit público y se deja de lado el déficit del sector privado, que es mucho más elevado. Por lo menos, esta nueva bajada –de producirse, ya que los mercados lo dan por descontado- aliviará la economía de muchas familias hipotecadas en tiempos de la burbuja inmobiliaria, puesto que al resto de los indicadores económicos (concesión de créditos, inversión o nuevas compras) prácticamente no afectará la decisión.
Pero el otro efecto si se dejará notar en la propia credibilidad de la institución y del futuro del euro. Muchos expertos recuerdan el error de su antecesor Jean Claude Trichet, cuando la crisis económica comenzaba a crecer en la antesala del verano de 2008. Mientras Estados Unidos había empezado a bajar sus tipos, Trichet decidió subirlos. Un error que aceleró la crisis en Europa.
Ahora con la crisis de la deuda soberana, la poca confianza en el sistema financiero y con los anuncios nada halagüeños de encontrarnos en la antesala de una nueva recesión, la bajada de tipos del BCE tendrá un efecto simbólico de que es capaz de tomar las riendas en cuestiones que afectan más allá de la evolución de los precios y la inflación.
Incluso hay analistas que no descartan que junto a la bajada de los tipos, el presidente del BCE anuncie nuevas medidas para que haya más liquidez en la eurozona, como la emisión de subastas a plazos más largos a las que puedan acudir los bancos europeos que cada vez tienen más dificultades para acceder al dinero del mercado interbancario.
Eurobonos
Pese a que Merkel y Sarkozy se han puesto de acuerdo para que el BCE no emita eurobonos, que para la mayoría de los países y de los analistas sería la solución (sobre todo para los países con más dificultades y su prima de riesgo tocando todas las alarmas), la otra opción que le queda entonces sería la compra masiva de deuda de países de la zona euro. Draghi deberá dar a conocer lo que piensa al respecto para que los mercados tomen nota de su capacidad y autonomía.
De momento, Draghi ha empezado a “dejar caer” opiniones como que es partidario de un mayor intervencionismo en el mercado de bonos. Es más, en el Parlamento europeo reclamó una “fiscalidad común”, que este mismo viernes y sábado, en la cumbre europea de Marsella, con toda probabilidad se acordará por los Veintisiete.
Todos son conscientes de que la política económica europea tiene que cambiar su rumbo. No vale solo con una política monetaria común que corta las alas a todos y hasta ahora sucumbía a la presión de la canciller alemana que, por la puerta de atrás reclamaba unos tipos antiinflacionistas, pero que de cara a la opinión pública proclama la independencia de la institución.
Errores pasados
Prueba de los “errores” del BCE inducidos por Alemania es la evolución de los tipos de interés desde que estalló la crisis. Estados Unidos, que antes del estallido de las hipotecas subprime tenía los tipos en el 5,25%, cuando empezó a ver mal las cosas, tras el verano de 2007 comenzó una bajada imparable mes a mes hasta que en enero de 2008 el precio del dinero estadounidense se situó en el 3%. Durante todo este tiempo, el BCE mantuvo el precio del dinero en la zona euro en el 4%.
En 2008, la diferencia y los errores aún fueron mayores. La Fed estadounidense continuó con tu política de bajada de tipos. En marzo ya estaban en el 2% y en septiembre decició una rebaja hasta el 1%, para acabar el año en el 0,25%, decisión tomada en noviembre y que se mantiene hata hoy en día. Pero el BCE lejos de empezar a bajar los tipos, su primera decisión desde abril de 2007 hasta julio de 2008 fue mantenerlos en el 4%, y en julio de 2008 lejos de empezar a bajarlos, decidió subirlos al 4,25%, cuando la crisis había estallado en la cara europea.
El BCE no se dio cuenta de su error hasta noviembre de 2008, en que por fin recortó medio punto los tipos (3,75%), y ya entonces –demasiado tarde- aprobó nuevas bajadas mes a mes, hasta que en mayo de 2009 los estabilizó en el 1%, aún lejos del casi 0% en que estaban los tipos estadounidenses y japoneses.
Ese 1% se mantuvo hasta abril de 2011 en que un nuevo “error” de cálculo del BCE decidió elevarlos al 1,25%, dado que la economía alemana crecía a niveles del 3% y empezaba a preocupar la evolución de la inflación, e incluso otro “cuartillo” más en julio, hasta el 1,50%, pese a que las señales de alarma de un estancamiento empezaban a ser evidentes.
Así se mantuvieron durante todo el verano y hasta que Draghi relevó a Trichet en octubre y decidió situarlos en el actual 1,25%, cuando las alarmas de estar en la antesala de una nueva recesión eran «tocadas» desde todas las instituciones internaciones. El nuevo presidente del BCE deberá tener en cuenta las previsiones de la propia Comisión Europea, FMI y OCDE que vaticinan la llegada de una nueva recesión en Europa para 2012. Se hace, por tanto, más que necesario bajar los tipos. Los mercados ya lo dan por descontado.
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