Caso Vinicius

26/05/2023

Josep M. Orta.

Escribo estas líneas en vísperas de la jornada electoral. Soy consciente que el voto de muchos ciudadanos será pervertido por posteriores pactos electorales en que los votantes no tendrán nada que decir. Si que es verdad que el escándalo de la compra de votos que tanto ha escandalizado en el tramo final de la campaña es algo que no es nuevo, desde el “carretear votos” durante la jornada electoral en Galicia hasta las amenazas de perder el trabajo caso de no salir un determinado candidato, o los sobres cerrados que la superiora da a sus monjas hasta el voto de los ancianos en determinadas residencias, apare de otros episodios no menos escandalosos que todos coincidieron en querer ignorar.

Vamos con el episodio racista del gran jugador del Madrid. Evidentemente es condenable y sería bueno que fuera la punta de lanza para iniciar una verdadera campaña contra el racismo en España. Primero, en el Madrid juegan, si no me he descontado, hasta nueve jugadores de color. Sólo se meten con el brasileño y es que a este jugador muchos le tienen ganas por sus constantes provocaciones. Pero estos detestables insultos lo han sufrido otros jugadores de otros equipos y curiosamente nadie ha tomado medida alguna. A Alves le tiraron un plátano que, con sentido del humor, se lo comió. A Samuiel Eto’o estuvo a punto de abandonar el partido e Zaragoza por los insultos por el color de la piel. Son sólo dos ejemplos de la doble vara de medir según quien es el protagonista.

Si verdaderamente se quiere combatir el racismo hay que extender el problema a un campo mucho más amplio que el deportivo. Hay muchos episodios racistas en las intervenciones de los diferentes cuerpos de seguridad con los emigrantes, los gitanos o las personas de color. Muchas de estas actuaciones no tienen más repercusión que una gacetilla en un periódico. Si hay denuncia es difícil de aportar pruebas y en este país la palabra de un policía tiene presunción de credibilidad, por lo que en caso de que el asunto llegue en el juzgado tiene pocas posibilidades de prosperar y si lo hace la condena es a una persona concreta. Sin embargo este tipo de actuaciones está mucho más extendido y, declaraciones aparte, son pocos los responsables que toman las medidas adecuadas. Ver por la calle pedir la documentación a una persona en el noventa por ciento de los casos el protagonista pertenece a uno de estos colectivos.

Ojalá el caso Vinicius no se quede en la condena por lo que pasa en los estadios y se abran las puertas para poner coto a todos estos actos racistas que con demasiada frecuencia suceden en nuestra sociedad.

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