Los analistas alertan del elevado coste de la deuda de EEUU

29/05/2023

Miguel Ángel Valero. La Fed "debe aceptar una inflación permanentemente más alta y recuperar pronto un nivel de tipos más bajo y sostenible", según Julius Baer.

Yves Bonzon, Chief Investment Officer de Julius Baer, cree que «no deberíamos olvidar que el Tesoro de EEUU ha sido uno de los grandes beneficiarios de la política monetaria acomodaticia de la Fed. Las tasas de interés cero permitieron al Gobierno refinanciarse de forma casi gratuita. Desde la crisis financiera mundial iniciada en 2007, el Tesoro de EEUU pudo subastar sus letras a tasas de descuento cercanas al 0%».
Pero avisa: «Esto se ha acabado. Ahora, con tasas de refinanciamiento del 5% a corto plazo y cercanas al 4% a largo plazo, el gasto del Tesoro en intereses ha aumentado un 41%, pasando de USD 367 mil millones en 2021 a USD 518 mil millones el año pasado. Para el 2023, la Oficina Presupuestaria del Congreso prevé una nueva alza del 28%, hasta alcanzar USD 663 mil millones.
«La situación es aún más dramática si tomamos en consideración las transferencias de la Fed. Ben Bernanke (expresidente de la Fed) y sus sucesores han acumulado grandes tenencias en títulos del Tesoro y títulos de agencias estadounidenses. En la medida en que estas posiciones podían financiarse con reservas bancarias al 0,05%, generaban cuantiosos superávits que eran transferidos al Tesoro de EE. UU. En los últimos diez años, estas transferencias sumaron un total de USD 835 mil millones. En otras palabras, el Tesoro recuperó entre el 15% y el 43% de sus pagos de cupones a la Fed. Tras más de un año de agresivas alzas de tasas, en la actualidad la Fed paga más por sus reservas de lo que recibe por sus activos. El déficit de ingresos resultante se registra como activo diferido, con un volumen que ya había alcanzado USD 18 mil millones en el último trimestre de 2022 y asciende actualmente a USD 57 mil millones. Los pagos netos de intereses, es decir, intereses menos transferencias, han registrado un incremento astronómico: un 71% el año pasado y un 50% este año. En total, de persistir esta tendencia, el Tesoro pronto estará dedicando hasta un tercio de sus ingresos a pagar el servicio de la deuda», argumenta.
«El enfrentamiento por el techo de la deuda es un elemento cada vez más simbólico, en un escenario donde los costos del servicio de la deuda no cesan de aumentar. Un Gobierno grande —es decir, con un elevado gasto público— es simplemente inviable en un contexto de tasas de interés altas y con tendencia al alza. También significa que la postura agresiva de la Fed tiene límites políticos. Insistimos en la opinión que mantenemos desde hace tiempo: el banco central de EE. UU. debe aceptar una tasa de inflación permanentemente más alta y recuperar pronto un nivel de tasas de interés más bajo y sostenible», añade.
Jaime Raga, senior CRM de UBS AM Iberia, considera que las reducciones del gasto pactadas entre demócratas y republicanos para elevar el techo de la deuda «supondrán un lastre para el crecimiento, pero superable para una economía que sigue mostrando fortaleza». «Conscientes de que un impago de las obligaciones del Tesoro podría provocar una calamidad financiera, esperamos que el Tesoro dé prioridad al pago del principal y de los intereses de la deuda frente a otras obligaciones», señala.
Al mismo tiempo, avisa que «la consiguiente caída del gasto y el sustancial golpe a la confianza del consumidor serían un lastre cada vez más negativo para la actividad económica cuanto más dure el estancamiento».
«Las empresas han conservado su poder de fijación de precios en medio de una ralentización del crecimiento económico, y la actividad nominal sigue siendo elevada y tiene margen para desacelerarse aún más sin desencadenar temores de recesión. Las empresas estadounidenses superaron las expectativas tanto en las líneas superiores como en las inferiores de las cuentas de resultados. La resistencia de la actividad nominal y de los márgenes sugiere que la caída de los beneficios es limitada si no se produce una recesión, que no creemos inminente. Las presiones inflacionistas subyacentes también están a punto de desacelerarse, y pueden dar margen a la Reserva Federal no sólo para no subir los tipos en su reunión de junio, sino para hacer una pausa más prolongada», resalta.

Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM, aporta datos: el dólar estadounidense se depreció moderadamente en las semanas previas a la resolución de las cuatro últimas negociaciones sobre el techo de la deuda estadounidense. Recomienda el yen como activo refugio, vaticina que el oro debería volver a superar la cota de los 2.000$. «También creemos que el franco suizo debería beneficiarse, dado que ha tendido a comportarse bien durante las pasadas conversaciones sobre el techo de deuda estadounidense. Sin embargo, observamos que, dentro del espacio de divisas del G10, el franco es actualmente la divisa menos infravalorada frente al dólar estadounidense, lo que debería limitar en cierta medida sus ganancias», matiza.

Paolo Zanghieri, economista senior en Generali Investments, pone el foco en las «sorpresas positivas»: «Los hogares pueden mostrarse más capaces y dispuestos a gastar. La evolución del mercado laboral es en este sentido crucial. La rigidez del mercado laboral se ha desvanecido en los últimos meses – con una rápida caída de la proporción entre ofertas de empleo y parados de dos a 1,6 -, pero la tasa de desempleo no se ha movido de cerca de su mínimo histórico. Esto puede significar que, ante los mayores costes de búsqueda, las empresas se muestren más reacias a despedir trabajadores en una recesión, permitiendo a su vez que el consumo amortigüe de algún modo la contracción del PIB».

«Éste es el escenario bastante optimista que el presidente Powell pintó para motivar su
propia previsión de una desaceleración en lugar de una recesión. A más corto plazo,
como la inflación se ha desacelerado más que el crecimiento de los salarios, el poder
adquisitivo de los trabajadores se ha recuperado, y esto puede dar lugar a un
crecimiento del consumo mayor de lo esperado. Además, como señala un
estudio de la Reserva Federal de San Francisco, el exceso de ahorro invertido en
activos muy líquidos (como cuentas bancarias) puede durar más de lo previsto,
apoyando el consumo hasta finales de año. Sin embargo, esto no concuerda con el
aumento de la utilización de las tarjetas de crédito, a pesar de la fuerte subida de los
costes del crédito», argumenta.

Gilles Moëc, economista jefe en AXA Investment Managers, considera que “la cantidad de recorte fiscal directamente atribuible al acuerdo va a ser mínima, y es probable que sólo cause una pequeña mella en la trayectoria de crecimiento de EE. UU. para el próximo año”. “Podría haber sido mucho, mucho peor”, ya que “la posición inicial de partida de los republicanos en esta negociación era muy dura. El proyecto de ley que aprobaron en la Cámara de Representantes a finales de abril fue estimado por la CBO en una reducción del gasto federal de un arrollador 1,6% del PIB ya en 2023. Esto habría desencadenado con toda probabilidad una recesión muy importante en Estados Unidos”.

Además, ve “muy positivo” que “la Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés) se ha mantenido fuera del ámbito del debate. La que probablemente sea la pieza legislativa más alentadora en EE.UU. en décadas por su potencial crecimiento es objeto de consenso”.

Pero avisa: “una cuestión crucial es que todas estas discusiones se están centrando en una fracción muy pequeña del presupuesto estadounidense, que no puede hacer frente a los retos –de enormes proporciones– a los que se enfrentan las finanzas públicas. La deriva a largo plazo de las finanzas públicas estadounidenses sigue sin abordarse”.

El techo de la deuda estadounidense -la cantidad máxima de dinero que el Gobierno de Estados Unidos está autorizado a pedir prestado, y que fija el Congreso- se acerca rápidamente a la fecha en la que el Tesoro estadounidense no podrá financiar su gasto deficitario si no lo aumentan. Independientemente de que el Congreso apruebe o no un acuerdo esta semana, creemos que es importante observar el panorama general para comprender la tendencia de la deuda estadounidense y los costes de los intereses y cómo puede afectar a la economía en el futuro.

Alger, socio del Grupo La Française, insiste en que «el acelerado ritmo de crecimiento previsto de la deuda federal puede seguir siendo el centro de atención mucho después de este debate sobre el techo de la deuda, ya que la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) estima que la deuda federal de EE.UU. aumentará hasta los 52 billones$ en 2033. Esto supondría aproximadamente el 137% del PIB, una cifra considerablemente superior al máximo del 119% alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial. Además, según la CBO, se espera que los costes de los intereses federales aumenten de menos del 2% del PIB en 2022 al 3,6% en 2033 y al 6% a mediados de siglo».

«Creemos que la mayor carga de la deuda estadounidense podría lastrar el crecimiento económico en el futuro, a menos que la creciente deuda se gestione con una combinación de menor gasto o mayores impuestos. Sin embargo, creemos que los inversores deberían ver la deuda de EE.UU. en relación con el PIB en comparación con el resto del mundo, pues muchos países tienen niveles de deuda más altos (por ejemplo, Japón con >250% de deuda / PIB según el FMI). Además, creemos que EE.UU. sigue siendo fundamental para la economía mundial, ya que alberga algunas de las empresas más innovadoras del mundo y ha capeado con éxito muchas tormentas económicas a lo largo de su historia», añade.

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